30.000 revoluciones en el país de los abrazos Conversando con Nora Cortiñas, por Antonella Alvarez

Para quienes militamos por el socialismo, Nora Cortiñas es un amor en lucha. Una madre, una compañera de luchas, de todas las luchas. Nos encontramos con ella exactamente en todos los territorios donde intentamos construir ese mundo donde quepan muchos mundos, que llamamos socialista. Poner el cuerpo y el corazón en cada resistencia es para ella seguir apostando por la revolución. Levantar las banderas de las y los 30.000 deviene, lejos de eslóganes, práctica cotidiana para esta mujer de 87 años que era en 1977 -como cuenta le decía Gustavo, su hijo detenido desaparecido desde entonces- “un ama de casa entre cuatro paredes”. Transitar, sin más, de lo que en los años ‘70 parecía el inicio de una revolución, hacia la oscura noche signada por el terrorismo estatal. Y desde allí, salir a la lucha frenética, con otras, madres, muchas de ellas amas de casa también seguramente. Hoy, 40 años más tarde, Norita afirma que vamos a cumplir con los sueños de las y los 30.000 en éste, el país de los abrazos. Sí, ella, a sus 87.

¿Qué implica y como te atraviesa la idea de revolución?

En algunas épocas se llamó revolución a un alzamiento militar, que desvirtuó a veces la palabra revolución. Una revolución quiere decir que algo tiene que cambiar. Como cuando dicen el pueblo esta revolucionado; si está revolucionado es porque las cosas andan mal, y se quieren cambios, se quieren modificar situaciones.

¿En qué medida era revolucionario el proyecto de las y los 30.000?

Antes de que empezara el terrorismo de Estado y lo que pasó con el golpe de Estado cívico militar, eclesiástico y económico, había un estado de movimientos populares que podían dar un ejemplo de lo que sería el comienzo de una revolución. Pero no llegó a eso, no fue una revolución. Fue un cambio de cosas que estaban mal sobre el avance del neoliberalismo y unas capas de jóvenes que tenían inquietudes, para que no se llegara a lo que se llegó. Por eso acá intervino desde afuera  EE.UU., tratando de orientar a las fuerzas armadas en el sur de América Latina, empezando con el operativo Cóndor y otros operativos, tratando de incursionar en estos movimientos. Fue una época en la que no sé si estaban dadas las condiciones para una revolución. El pueblo nuestro es joven y hubo un intento que fue atacado por las fuerzas militares y civiles para aplacar ese énfasis, ese sector de la juventud que quería frenar lo que tuvimos y, más aún, lo que tenemos ahora.

¿Cómo vivías aquellos años y cómo era el vínculo con Gustavo?

Nuestra relación era muy buena, pero con mucha discreción, como la mayoría de los jóvenes, no queriendo involucrar a los padres en lo que ellos vivían, que efectivamente después fue tan peligroso y justamente por eso ellos nos cuidaban. En la mayoría de los hogares no éramos politizados, teníamos sí una idea de la política, pero no familias politizadas donde todos participaban. En mi casa Gustavo era el involucrado en la política y en la lucha que se estaba llevando a cabo. Compartíamos ese ideal, pero muy discretamente él, en el sentido de exteriorizar todo lo que vivían, inclusive los peligros que pasaban. Desde luego cuando se llevan a Gustavo y desaparece, el mundo cambió totalmente. No dudé en salir a la calle, en salir a buscarlo, y nos fuimos encontrando las madres. Salimos en esa búsqueda frenética, que no para, porque hasta el día de hoy sigue teniendo ese tono, ya que no es posible quedarse en casa con los brazos cruzados ante lo que está pasando. Y también decidimos recoger sus banderas de lucha inmediatamente, para entender más todavía cómo soñaban ellos y qué es lo que querían para su patria, su país, su pueblo: Soñaban con el socialismo. El socialismo evidentemente fracasó en el mundo, eso sí tiene que ver con la revolución rusa, porque se tergiversó también, por eso es que a veces la palabra revolución no significa todo. Los jóvenes soñaban con los ideales del Che, el mensaje del Che, de cambiar el mundo y transformarlo en un mundo para todos y todas. En muchos países esos ideales se ven muy difíciles de cumplir.

Para la juventud el Che es una de las referencias ineludibles al pensar en la revolución ¿Qué significa para vos?

Yo no lo conocí, en esa época estaba en otra cosa, era un ama de casa criando hijos. Y no estaba para nada en el ambiente político, pero el sentimiento lo recibí de mi hijo, esa admiración por el Che, los sueños de revolución, del cambio, de socialismo. Con el paso de los años no llegamos al socialismo, vimos que fracasó en muchos países ese camino que se había emprendido en esas luchas de antaño. Al Che lo sigo viendo como una figura admirada por una etapa de la juventud muy hermosa, que tenía esos ideales. Los ideales los sigo viendo en muchos jóvenes de esta generación, pero está lejano todavía lo que sería el sueño de la igualdad y lo que sería repartir el mundo para todos iguales.

Santiago Maldonado era parte de esta juventud con ideales ¿Cómo viviste su desaparición y muerte?

La metodología aberrante que es la desaparición forzada de personas viene de la década del ’50 de Argelia, quizás no se empezó propiamente ahí, pero se acentuó y vino a América Latina a apagar estas luchas que se fueron dando en nuestros países. Esta metodología, que creíamos que ya se había terminado, que el Nunca Más se iba a cumplir, aunque el gobierno niega y quiso tergiversar lo que fue la desaparición seguida de muerte de Santiago, es doblemente criminal, porque es un hecho muy grave la desaparición, cuando a una persona se la priva de todos sus derechos, cuando ni la familia ni el pueblo saben qué paso con ellos, en el caso de Santiago termina con muerte y es plantado el cuerpo en un lugar que quisieron simular que había estado, cuando eso no es verdad. Toda esa mentira, ese negacionismo, ese querer ocultar, es porque es un gran crimen. Eso nos muestra que no estamos libres de que se quiera acallar esos ideales que se renuevan en nuestro pueblo con cada generación.

Nora, ¿sos feminista?

Yo aprendí en la calle, de un ama de casa más cerrada en las 4 paredes, como me decía Gustavo, que las mujeres no solo tenemos deberes para cumplir en el hogar, sino que tenemos derechos, día a día esto va surgiendo. Dejamos de ser invisibles para pasar a tener el protagonismo que tiene que ser aceptado y que el mundo está hecho para los hombres y las mujeres.

Otras veces te escuchamos decir que la lucha tiene que ser con alegría

Así decía el Che también. Todo este caminar nuestro dentro del dolor y de la incertidumbre en esta lucha sobre qué pasó con nuestros hijos. Sabemos qué pasó, no están, pero el Estado todavía tiene que dar explicaciones y abrir los archivos. Este transitar lo hicimos primero con la familia, que nos acompañó. Casi todas las madres tenemos la suerte de tener familia: hijos, nietos, bisnietos y fuimos creciendo en eso. El dolor lo transformamos en una lucha muy fuerte y consciente. Levantando las banderas de nuestros hijos e hijas podíamos mantener esa ilusión, de ese cambio a ese estado de los pueblos, con igualdad, que no hubiera hambre, que hubiera trabajo para todos, con todas las necesidades básicas cumplidas. Lo hicimos con una alegría de compartir, con todo nuestro deseo de que todos los que vinieran al lado nuestro sintieran esa fuerza el día a día. Y así lo hacemos, tenemos esa luz que nos dejaron no solamente los que no están, nuestros hijos e hijas, sino los que tenemos alrededor. Este es un país que yo lo llamo el país de los abrazos, donde nos encontramos y nos brindamos una sonrisa, un abrazo, no es de amargura, el dolor es transformado en esta lucha diaria que tenemos.

¿Qué mensaje les darías a las y los militantes con los ideales de las y los 30.000?

Que hay que hacer política sin obsecuencia y sin el compromiso de aceptar lo que los líderes que elija cada joven para la lucha vayan marcando. Creo que los jóvenes tienen que pensar la política, pensar desde adentro, desde lo que palpan en la vida real. Si los jóvenes son obsecuentes de una política y después de años se dan cuenta que estuvieron equivocados y que esa política no es lo mejor, es bueno poder recapacitar y volver para atrás un poco, para pensar qué es lo mejor para que un pueblo se desarrolle y sea feliz. Creo que vivimos muchos años con una obsecuencia en política partidista, que no nos benefició, que hubo errores y que es bueno reconocerlos. Siempre se puede retomar el camino para volver otra vez a una realidad.

¿Cómo te imaginas esa sociedad por la que siempre gritas hasta la victoria siempre?

El éxito de la lucha nuestra, de las madres, el verdadero éxito, hubiera sido abrazarnos con nuestros hijos, con nuestras hijas, verlos crecer a su vez con sus hijos y sus nietos, en esa ilusión del país para todos y todas. Ese hubiera sido el éxito, pero tuvimos logros en este caminar, tuvimos logros, por lo pronto luchamos contra la impunidad, hasta que no lo logremos no pararemos, y dejamos a su vez la herencia para las nuevas generaciones. Que no haya hambre, que no veamos a los niños por la calle, que veamos que en los hogares se pueden sentar en la mesa, los padres que tengan trabajo digno y respeto de sus ideales también, de esa vida plena para todos y todas. Yo creo que es ese el ideal, cuesta mucho pensarlo porque hay factores y políticas que son negativas para este sueño. Pero hay que seguir luchando, no hay que bajar los brazos, y al menos yo creo que hay una voluntad de llegar a esa especie de ideal de esos sueños truncados. No estarán truncados si seguimos levantando todas las banderas de lucha que tuvieron, no solamente la generación de estos 30000, sino anteriormente las luchas que tuvimos en Argentina y en los pueblos. Tengo esperanzas, siempre que sigamos con esta lucha, se va a lograr cumplir con esos sueños.

 

(Texto publicado en Revolución. Escuela de un sueño eterno. Cuadernos Relámpagos. Negra Mala Testa)

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