El az mapu como programa revolucionario, por Adrián Moyano

Era evidente que las deliberaciones llegaban a su fin, no sólo por el avance del reloj y el agotamiento del temario, sino también porque a cada instante se producía el arribo de más palife (jugadores de palin). En efecto, el Congreso de Estudiantes Mapuche de la Universidad de Chile tenía previsto culminar con un encuentro de palikantun, deporte ancestral mapuche que los españoles llamaron chueca. No hay que confundirse: aquí la competencia no es el rasgo central… La disputa entre destrezas se utiliza como excusa para propiciar encuentros entre comunidades, para recrear lazos de sociabilidad e inclusive, como manera de superar diferencias o restablecer equilibrios, si fuera necesario.
El trawün (encuentro) que vivía sus últimas alternativas, se desarrollaba en una población de Santiago (Chile). La ruka (casa) tradicional que había cobijado los intercambios se levanta en un lugar fuera de contexto: un gran espacio verde donde además de aquella sede, conviven otras cuatro ruka. Muy cortito el pasto, quizá por la presencia de unas cuantas ovejas. Sobre el este del recinto, un rewe (lugar central del espacio ceremonial) contrasta de forma tajante con el exterior urbano, ruidoso y popular. El Centro Ceremonial Mawidache llama la atención por su pulcritud y cuidado. Según pude averiguar, años atrás funcionó allí un basural y que en la actualidad sea territorio mapuche en la antigua capital del Reino de Chile, es consecuencia de una recuperación. No sólo en los ambientes rurales se pelea palmo a palmo…
Transcurría agosto de 2016 pero sin embargo, hacía calor. Como suele suceder en los acontecimientos de esta índole, los horarios estaban desfasados en relación a la programación y era visible la ansiedad de los palife. Pero entre los mapuche, el tiempo tiene otro sentido. Concepción Hueche, una de las organizadoras, propuso que las últimas palabras antes de la clausura corrieran por cuenta de José Painequeo, un peñi (hermano) que anudaba las largas canas que caían sobre su espalda. Calculé que sería setentón aunque con los viejos mapuche nunca se sabe. Pequeño su cuerpo, saludable su expresión, estaba de pie, con sus dos manos apoyadas sobre el wiño (el palo que se utiliza para el palin). No había participado en las alternativas del congreso – trawün pero los jóvenes organizadores estaban al tanto de su sapiencia y le concedieron esa distinción.
Painequeo habló en mapuzungun (idioma mapuche) y exhortó a plantearse seriamente su recuperación como objetivo político. Para que se entendiera la importancia de expresarse en la lengua que las invasiones chilena y argentina pusieron contra las cuerdas, compartió una anécdota, un hecho que tuvo lugar durante la última dictadura.

Reforma agraria y contrarreforma

Quizá haga falta recordar o poner en común que vastos sectores mapuche habían acompañado la experiencia de la Unidad Popular, en particular durante el proceso de reforma agraria. Ese trabajo de acuerdo con los frentes campesinos del Partido Comunista o del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), motivó que al instalarse el régimen cívico militar la represión se tornara despiadada en algunas zonas de la Araucanía, donde los propietarios se vieran afectados por las restituciones territoriales. La dictadura no sólo dejó sin efecto los avances sino que revirtió el proceso y fue por más, al impulsar una norma que permitiría la subdivisión de las tierras comunitarias indígenas, con posibilidades de venta. Ese golpe apuntaba al corazón de la idiosincrasia mapuche, que no concibe mercantilmente a los escasísimos territorios que quedaron para las comunidades después de la Pacificación de la Araucanía y la Campaña al Desierto. El hecho que compartió Painequeo con sus jóvenes anfitriones se produjo en aquella coyuntura, cuando La Moneda bajo control militar y empresarial, quiso profundizar el desmembramiento territorial del pueblo mapuche.
Como consecuencia de la migración sustantiva hacia Santiago y las formas que encontraron los mapuche para incorporarse al ámbito laboral, el sindicato de panaderos siempre contó con una presencia considerable de afiliados de origen o identidad mapuche. Inclusive en la actualidad, aunque residan en ciudades, los mapuche mantienen fuertes vínculos con sus comunidades porque allí tienen su tuwün (origen) y sus familias. Aun cuando se admitan warriache, es decir, gente de la ciudad… De ahí que en los 70, Painequeo y sus compañeros experimentaran considerable preocupación ante las intenciones de la dictadura. Lentamente y con una sonrisa, tan permanente como pedagógica, el palife revivió como de a poco, algunos de los mapuche que estaban en la capital empezaron a pergeñar la idea una asamblea para analizar el proyecto dictatorial y pronunciarse en consecuencia. Al igual que en la Argentina, el régimen no veía con buenos ojos las reuniones públicas pero el grupo quiso evitar inconvenientes y solicitó la autorización que las autoridades militares requerían. Llegó el día del trawün, que iría a deliberar en el local del sindicato de panaderos. Según su relato, se congregó mucha gente y cuando faltaban momentos para la hora de inicio, ingresó al recinto un nutrido contingente de carabineros que se desplegó sobre las cuatro paredes, armas largas en mano en actitud vigilante. Ante perímetro tan amenazador, los asistentes se preguntaron qué hacer. Si suspendían la asamblea, quedaría de manifiesto su oposición a la norma que quería Pinochet. Si continuaban con las declaraciones, terminarían presos (en el mejor de los casos). Después de momentos de incertidumbre y ante la mirada atenta del oficial a cargo del operativo, alguien sugirió que las discusiones se llevaran a cabo en mapuzungun porque todos o la mayoría de los asistentes conocían el “habla de la tierra”. Otro recomendó que se leyera punto por punto el proyecto de la dictadura para el análisis del trawün y que éste se expidiera. Que si el jefe de Carabineros preguntaba de qué estaban hablando, se la tradujera exactamente a la inversa… Feliz al revivir el episodio, Painequeo contó que así se hizo. A medida que se avanzaba con el articulado, el repudio se generalizaba pero al preguntar el uniformado “qué están diciendo”, se le informaba: “que es una ley muy buena”. Al retornar el clamor y renovarse el interrogante, se le mentía “que a esta ley hay que apoyarla”. Al cabo de una media hora y al suponer que estaba entre adeptos al régimen, el oficial dispuso la retirada de su destacamento y el trawün pudo seguir su rumbo sin interferencias, hacia una cerrada oposición a la partición de las tierras indígenas. Se trataba del Decreto 2.568, que la dictadura puso en vigencia a partir de 1978. Hay quienes afirman que esa intromisión neoliberal no hizo más que apurar la reemergencia de las demandas autonómicas mapuche [1]. Satisfecho, Painequeo sugirió a sus jóvenes interlocutores que asumieran la responsabilidad de recuperar el mapuzungun. Palabras más, palabras menos, admitió críticamente que en aquellos tiempos (los 70) había abrazado otras ideologías, pero que los mapuche tenían la propia. Momentos después, disfrutaba como un niño del palikantun y quien firma se dirigió a una de las terminales de la capital chilena para retornar a Bariloche.

Comunismo y libertad

La afirmación del veterano mapuche podría descorazonar a socialistas, comunistas, anarquistas y otras izquierdas, pero hay que entenderla en el largo plazo. En el verano de 1863, un expedicionario chileno pasó unas semanas en las tolderías del longko pewenche Winkawala, padre de Inakayal. Por entonces, se situaban a orillas del río Caleufu, en la jurisdicción de la actual provincia argentina de Neuquén. Después de observar varias alternativas de su vida cotidiana, anotó:

Los indios, con su vida errante y la falta de propiedades territoriales, no pueden sino tener riquezas transportables. Así, en la pampa se llama hombre rico al que tiene muchos animales, prendas de plata; éste tiene influencia porque puede mantener cerca de sí muchos mocetones, que se irán luego de que no tengan más de lo que necesitan cerca del jefe que han elegido voluntariamente. El comunismo, pero al mismo tiempo la libertad, existe de hecho en la pampa. En el Caleufu, si se mataba un animal, se repartía entre todos; si un indio traía un saco de manzanas de Huechuhuehuin (Huechulafquen), o alguna harina, su mujer hacía la repartición y la distribuía en los toldos… [2]

¿A cada uno según su necesidad en 1863? Si bien en las tolderías y en los malal mapuche se leía e inclusive se escribía en español, es poco probable que ejemplares del “Manifiesto Comunista” circularan masivamente en aquellos territorios, todavía ajenos a las soberanías chilena o argentina. Los diversos grupos mapuche llevaban tres siglos de lidiar con las formas económicas que habían llegado de Europa y a pesar de la permeabilidad de su cultura, nada de explotadores y explotados. Tampoco de sujeciones verticales…
Siete años más tarde, en el territorio de los rankülche, el gran longko Mariano Rosas le explicó al coronel Mansilla cómo se ejercía la política entre la gente de su pueblo: “En esta tierra el que gobierna no es como entre los cristianos. Allí manda el que manda y todos obedecen. Aquí, hay que arreglarse primero con los otros caciques, con los capitanejos, con los hombres antiguos. Todos son libres y todos son iguales[3]. Al año siguiente estallaría la insurrección que quedó en la historia como la Comuna de París. La autogestión que persiguió con ardor el pueblo parisino, era una realidad desde siempre en la sociedad mapuche libre.
La Comuna había seguido a la derrota francesa ante el ejército prusiano. Como consecuencia de la guerra perdida, Napoleón III había cedido el poder y los diputados proclamaron la Tercera República. La publicidad de los actos de gobierno que los republicanos reclamaron a las monarquías en Europa durante más de un siglo, es otra característica central del pueblo mapuche, como experimentara Francisco Moreno en 1876. El viajero argentino arribó a las tolderías del longko Valentín Sayweke con el cometido de llegar a través de los Andes a las posesiones cristianas en Chile. Su pedido no se trató en el rincón oscuro de algún toldo o entre bambalinas de cualquier índole.

… en aquella junta tomaron parte 453 indios de lanza y que en ellos debí explicar a los caciques principales convocados por Shaihueque, Nancucheo, Molfinqueupu, Naquipichun y Jankakirque, el objeto de mi visita. “Parlamento” aquél, que duró cinco horas a caballo y en el que los jefes asesorados por los ancianos de sus tribus, no sólo estuvieron de acuerdo con Shaihueque en su negativa a permitirme el paso a Chile, sino que se opusieron a que cruzara desde Caleufú hasta Mendoza, a lo que había consentido el primero. Debía regresar por donde había venido y considerarme feliz con hacerlo [4].

Entonces, aquella recomendación de Painequeo no tenía sentido solamente como táctica de contrainteligencia. El mapuzungun es la mejor manera de acceder al az mapu, la forma mapuche de entender el universo, el sentido de la vida humana, la relación con las demás energías o newen de la naturaleza, la explicación del devenir histórico… Cosmovisión, suelen utilizar como expresión equivalente los wingka. Si existe un programa de características revolucionarias en la pluralidad inasible de organizaciones y comunidades mapuche a 100 años de la Revolución de Octubre, es el retorno al az mapu y su desarrollo.

Toda la vida

Para la perspectiva dominante, el medio ambiente es el entorno que rodea a la persona humana y en consecuencia, aquello externo al individuo. Para el az mapu, el che (persona) está constituido por el medio ambiente. La relación territorio – medio ambiente – persona no se puede disolver. La noción de biodiversidad según el az mapu, no se agota en los aspectos físicos de determinado ecosistema, incluye a los culturales, los espirituales y los políticos. El concepto mapuche que suele traducirse como biodiversidad es itrofil mongen, que significa “toda la vida” y trasciende la dualidad o contradicción entre naturaleza y sociedad, vigente en las concepciones hegemónicas. Inclusive en las conservacionistas y ambientalistas.
Según el az mapu, la autonomía del che no es en primera instancia la del individuo ni se construye a partir de negar la naturaleza, como quiere Occidente hace siglos. El marxismo y el anarquismo fueron y son grandes expresiones de pensamiento crítico, pero nunca dejaron de ser occidentales. La autonomía de la persona es inconcebible sin la comunitaria o colectiva y se edifica al ser aquella parte de la naturaleza. El vocablo mapunche ya no significa “gente de la tierra” sino “gente que pertenece a la tierra”. O con más precisión, al territorio.
Por las dudas, recordemos que al Wallmapu el capitalismo llegó como consecuencia de una serie de hechos coloniales. No es creación propia del pueblo mapuche, arribó a sus espacios territoriales después de la ocupación militar por parte de los ejércitos argentino y chileno, a fines del siglo XIX. En forma simultánea a las instituciones del Estado y después de la reducción a la servidumbre, llegaron la proletarización, la plusvalía y demás lindezas del funcionamiento capitalista.
Adherir al az mapu es inconcebible sin combatir al capitalismo. En las III Jornadas de Educación Intercultural que se llevaron a cabo meses atrás en Villa Regina (Río Negro), Tomás Cañicul Quilaleo, un joven de origen comunitario y presente urbano en el Alto Valle, explicó que rakizuam significa pensamiento en su idioma. Pensar como mapuche, no cualquier pensamiento… En tanto, welu quiere decir “pero”. Entonces, weluzuam equivale a incoherencia. El joven fue tajante en su ejemplo: “un mapuche capitalista es weluzuam, una incoherencia”.
En los hechos, las más hermosas demandas mapuche de 2017 son anticoloniales y anticapitalistas, aunque para la mayoría de las organizaciones y comunidades, la Revolución de Octubre y tantas otras, suenen a episodios lejanos, tanto en el tiempo como el espacio. En los planteos del az mapu no hay clase revolucionaria porque los derechos que se demandan son los que corresponden a un pueblo. Y los pueblos tienen derecho a la libre determinación. No hablo de la proclama de algún grupo radicalizado, sino del Artículo 3 de la Declaración de las Naciones Unidas sobre Derechos de los Pueblos Indígenas. El que sigue establece que “tienen derecho a la autonomía o al autogobierno”, entre otros que visiblemente, causan escozor en la Casa Rosada o en La Moneda. Admitamos que el sexto también irrita a buena parte del sentido común argentino o chileno, cuando establece que “toda persona indígena tiene derecho a una nacionalidad”. Distinta a la que profesa el Estado, se entiende. Mapuche, en el caso que nos ocupa… Identidad siempre plural que en el contexto de la agudización neoliberal, quizá tienda a tornarse cada vez más profundamente revolucionaria.

Nawel Wapi lafken willi inaltu mew, longko Inakayal kuifi mapu mew, Furilofche warria mew, pewü antü. Octubre 2017 pi ta wingka. (En la margen sur del lago Nahuel Huapi, antiguo territorio del longko Inakayal, San Carlos de Bariloche. Tiempo de los brotes. Octubre de 2017).

 

[1] Espinoza Araya, Claudio y Mella Ábalos, Magali: “Dictadura militar y movimiento mapuche en Chile”, Pacarina del Sur [En línea], año 5, núm. 17, octubre-diciembre, 2013. Consultado el 14 de Octubre de 2017. Disponible en www.pacarinadelsur.com

[2] Cox, Guillermo. “Viaje en las rejiones septentrionales de la Patagonia (1862-1863). El Elefante Blanco. Buenos Aires 1999. Página 235. La negrita es mía.

[3] Mansilla, Lucio Victorio. “Una excursión a los indios ranqueles (volumen 1)”. Centro Editor de América Latina. Buenos Aires. 1987. Página 248. La negrita es mía.

[4] Moreno, Eduardo. “Reminiscencias de Francisco P. Moreno”. EUDEBA, Lucha de fronteras con el indio. Buenos Aires. 1979. Página 22.

 

*Dibujo Alan Dufau

(Texto publicado en Revolución. Escuela de un sueño eterno. Cuadernos Relámpagos. Negra Mala Testa)

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