Las patas en el barro: conspiraciones y prácticas anarkoperonistas, por Juan Manuel Ciucci

– ¡Sí!, el peronismo… el monstruo maldito en el país burgués que dijera Cooke…  y él intentando explicarles nuestro minotauro a ortodoxos marxistas-leninistas del mundo entero… ¡Bravo mi querido Dr. Cooke…  mi querido y admirado amigo!…  (y agrega con sorna)  …pero antes darán aceite las piedras…  antes de que alguna vez nos lleguen a entender…

Perón en Caracas, Leónidas Lamborghini

 

Cenizas a las Cenizas

Teoría. Peronista. Teoría. Anarquista. Teorías. Anarkoperonistas. Entre los muchos peronismos/anarquismos posibles. Un encuentro en la acción, más que en las palabras. De una importancia trascendente cuando surge en las calles, entre espontánea y organizada. En la tensión existente entre el Estado y la resistencia, peronistas.   

Movimiento de Liberación Nacional. Ni el partido de la clase, ni el partido del sistema. Expresión en la colonia de los intereses y voluntades libertarias. Amalgama identitaria, Patria de la felicidad sublevada. “El movimiento Nacional Peronista tiene una ideología que sus contradicciones de clase no anulan, aunque sí traban en sus objetivos revolucionarios. Es una ideología, pese a todo, que rebalsa los programas de los partidos tradicionales. Pero las contradicciones del peronismo, sus diversos y contrapuestos intereses de clase, facilitan la crítica” (Peronismo y Socialismo, Juan José Hernández Arregui).

Citas de citas, de ésta mitad de la biblioteca. Palabras que construyen al movimiento. Expresión popular de la lucha revolucionaria. Voces sosegadas durante el poder estatal, que reviven victoriosas en las desgarradas horas del movimiento opositor. “Por sobre todo, el peronismo existe, está vivo y no será suplantado porque le disguste a los soñadores de la revolución perfecta, con escuadra y tiralíneas; el peronismo será parte de cualquier revolución real: el ejército revolucionario está nucleado tras sus banderas, y el peronismo no desaparecerá por sustitución sino mediante superación dialéctica, es decir, no negándoselo sino integrándolo en una nueva síntesis. Por el momento, la revolución argentina es impensable sin el peronismo, que es la forma política que adquieren las fuerzas sociales de la transformación” (La revolución y el peronismo, John William Cooke).

Revolución. Revuelta. Rebelión. Descamisados en la Plaza de Mayo. Sudorosas patas en las fuentes. Burocratizados en el Estado o el sindicato. Dueños de tarjetas en los pasillos del poder. Resistentes ante la proscripción fusiladora. Inmortales ante el genocidio cívico eclesiástico militar. “A partir de 1945 dicho nacionalismo se encarnó políticamente en el movimiento peronista y la evolución de este va explicitando, precisamente, los avances y retrocesos de la conciencia nacional de los argentinos, hasta el momento en que, depurada de lastres burgueses, culmine en el despliegue creciente de su identidad latinoamericana, socialista y revolucionaria” (Nacionalismo burgués y nacionalismo revolucionario, Ricardo Carpani).

Anarkoperonistas

Una dualidad manifiesta, explicitada. La del Movimiento de Liberación Nacional, en las diversas etapas que debe asumir. No un camino por recorrer, sino más bien una yuxtaposición en su andar.

En su poder de Estado, de gobierno transitorio, encausa detrás de la Patria los deseos, valores y designios de un Pueblo. Alejado del poder estatal, de la formalidad legal que le permite conquistar los arsenales enemigos, se torna conspirativo y resistente, ante la persecución que se vuelve asfixiante. Las herencias anarcas fluyen por sus venas, casi como reacción del que comprueba el final que suponía inevitable ante la derrota.

Existe siempre una duda acechante, una tensión escondida aun cuando se manejan los resortes del Estado, ante los representantes de poderes varios, que se sienten legitimados en su accionar. Parecen dóciles, y hasta colaborativos, pero apenas pueden se vuelcan a la cacería, explícita o difusa, que despierta en el Movimiento el espíritu libertario que el triunfo electoral había sofocado.  

Son esos aires los que impugnan la conciliación de clases, y enarbolan las estrofas del combate al capital como bandera a la victoria. Aparecen las formaciones especiales, el entrismo, las versiones proletarias. El espíritu errante de Eva, la Evita redimida tras el llanto popular, santificada en la lucha y el sacrificio, inmolada en el fuego sacro del espíritu revolucionario. Es la promesa del desborde arrasador, que sin embargo parece siempre en destino de contención.

Con el que se hace peronista, con la que siempre lo fue pero no se dio cuenta antes. Es por adentro, se dicen, la discusión se da donde está el poder. Peronismo, tras su conquista neoliberal  y por derecha parecía destinado a la extinción, nuevos bríos de predicas libertarias hoy lo muestran redivivo. Ave fénix de estas tierras del sur, su entonación agrupa a las fuerzas populares que buscan la liberación. Con sus propios límites, con sus promesas incumplidas.

Anarko/Peronismo. Tropezar con diversas dificultades al momento de su delineación, o de una posible teorización, que sin embargo parece ilusoria, superflua. Dos conceptos que contienen ya las potenciales prefiguraciones que una teoría pudiera referir, incluso su imposibilidad. Anarko/Peronismo, las/os parias de esta tierra en rebelión. Las/os vencidas/os que no son, o que siéndolo, se niegan a aceptarlo. Un destino trágico abjurado, trasmutado en un camino continuador de quienes liberaron la Patria.

La conducción. De las masas hacia sus líderes, varón o hembra de estas tierras que encarnan el sentir popular. Respingo, no es fácil conducir un movimiento. Basismo, basistas, sólo el Pueblo salvará al Pueblo. Vanguardia, en quien conduce o en quienes empujan a esa conducción. Retardatarios, claudicantes, traidores. Grises, tibios, que repugnan a la Eva, hada madrina de las/os jóvenes revolucionarias/os.

El tiempo vencido por la organización, que tiende a la estabilizadora burocracia. Que pierde en la normativa las tensiones existentes, que embota las discrepancias en la construcción de la doctrina. 20 verdades para ser dichas, como manifiesto de la única realidad. Apariencia de quien quiera clausurar las puertas del cielo, ropajes del dogmático que sobreactúa pertenencia. Pero aparecen las fisuras en esta teología viva, renacida, eternizada. El llamado a la unidad explicita la multiplicidad intrínseca al Movimiento.

Los riesgos del orden, de la estabilidad, de crecer al amparo del Estado, aquietan la vertiente revolucionaria del Movimiento. Su potencia es la de la montonera, malón que renace según pasen los Siglos, pero cuya indescifrable fragua incomoda a propios y ajenos. “Si para obtener un mejoramiento en la situación se renuncia al propio programa integral y se cesa de propagarlo y de combatir por él, y se induce a las masas a confiar en las leyes y en la buena voluntad de los gobernantes, más bien que en su acción directa, si se sofoca el espíritu revolucionario, si se cesa de provocar el descontento y la resistencia, entonces todas las ventajas resultarán engañosas y efímeras y en todos los casos cerrarán los caminos del porvenir” (Pensamiento y acción revolucionarios, Errico Malatesta).

Los pasos previos

Herencias, nombres, deudas. Panteones populares, raigambres desde donde reconstruir la segunda y definitiva independencia. “Lo cierto es que la revolución es, en todo caso, un tema para intelectuales y una realidad para el pueblo que deja atrás a los intelectuales permanentemente. Pero, además, lo cierto es que lo que genera conciencia no es solo la miseria, sino la comprensión de que esa miseria es una injusticia. Y esa es, quizás, la contribución más importante que la experiencia peronista ha dado a nuestro pueblo: la posibilidad de comparar, de cotejar, de desmentir. La posibilidad de hacer de la explotación una historia, un fenómeno histórico referido a intereses terráqueos y no celestiales y sobrehumanos y que, por lo tanto, es modificable. Allí está quizá la clave de la interpretación del fenómeno peronista” (Los de Garín, entrevista a Carlos Olmedo, por Francisco Urondo).    

Identidades que se buscan, se cruzan, se unifican. Que amparadas en la lucha del Pueblo, encuentran el común camino a recorrer. Voluntad de una unidad, en la acción. “Creo que uno de los máximos aportes que hace la fuga en cuanto a la unidad de las organizaciones armadas es que esa unidad se hace por hechos reales, y que además de que el hecho de tener diferencias políticas no significa que no haya que discutirlas, porque justamente una de las cosas que se veía en aquel momento, y que se ve también en el comunicado, es que en el campo del pueblo existen también contradicciones y que es obligación nuestra tratar de solucionar esas contradicciones y asumir un compromiso para superarlas” (María Antonia Berger en La Patria fusilada de Francisco Urondo).

Tradiciones que se construyen, retoman, resignifican. Asumir un nombre, un movimiento, pero con el atrevimiento para excederlo, profundizarlo. Desde un Octubre, nuestro y ruso, internacional. “Considere, General que mi lealtad, que ha sido jamás enturbiada, es la lealtad a la revolución. Por ella combatirá un pueblo. Todos nosotros tenemos un deber irrevocable que cumplir, y deseamos cumplirlo dentro del peronismo” (Carta abierta al General Perón, Alicia Eguren).                  

Resistentes 

Quienes consideramos al Kirchnerismo como una de las vertientes más interesantes del peronismo de los últimos 50 años, o lo que es casi decir lo mismo, como el peronismo en este Siglo XXI, atravesamos un momento de profundo malestar. Entre lo que fuimos y no terminamos de ser, entre los que nos quieren contar que hemos sido y no terminamos nosotros de definir. Ante la aplanadora revanchista de la derecha cambiaria, ante la pregunta desgarrada por lo en este presente/futuro que transitamos podremos ser.       

El desasosiego lleva a críticas ultristas a las oportunidades desechadas: para modificar de raíz la matriz productiva de la Patria, para romper el imperio del Partido Judicial, para ganarle la disputa a los medios hegemónicos de comunicación, para sostener y construir una comunicación popular, para crear poder popular y escuelas de formación que permitan un alto grado de participación en las decisiones políticas del Pueblo, para intentar acciones económicas que sostengan y construyan alternativas al lucro capitalista.

La lista de falencias crece, como la propia de los grandes aciertos que tuvo el período. Nacido del fulgurante y efímero 2001, no como única posibilidad pero sí como una de las mejores reales, atravesó al kirchnerismo la inestabilidad y la asociación dispar con variadas escuelas del pensamiento libertario. Fueron muchas veces los enemigos que se ganó en la lucha los que arrimaron voluntades al nuevo frente que se organizaba, demasiado ligado a un capitalismo serio como para plantar banderas de liberación nacional.

Fue quizás la recuperación de la Patria, que en los albores del comienzo de Siglo pareció a todas luces en peligro, lo que enfocó al movimiento en la reconstrucción, luego del saqueo. Derivo luego en un Estado de derecho que conquistó la idea de un consumo igualitario para todas y todos, construyendo así un ideal de consumidor, ante la basta oferta que nos brinda el mercado.

Si bien los modos de producción cooperativa tuvieron un alto grado de impulso, no fue ni el necesario ni el fundamental. Aunque este camino no abre necesariamente una alternativa victoriosa ante el Capital, son experiencias que fundan bloques resistentes ante su avance. Que nunca fue puesto en duda, sino más bien se intentó encontrarle los límites a su voracidad. El mero aumento de las retenciones a las patronales campestres demostró cuán lejos están de querer encontrarlo, y cuán débil puede ser un gobierno al intentarlo.

Sin embargo, ese conflicto permitió uno de los pasajes más interesantes del período: el arrinconamiento obligó a escapar hacia adelante, reaccionando enérgicamente contra los enemigos al ser por ellos jaqueado. La avanzada 2008-2011 demostró esa capacidad de acción, que el 54% de la reelección de Cristina podría haber profundizado. No obstante, eso no sucedió, ante nuevos conflictos internos y externos que desgastaron al movimiento.

La etapa de resistencia que se abre tras la elección presidencial ganada por la derecha cambiaria en 2015, es la que torna más punzantes estos planteos. En momentos donde la autocrítica parece un tanto fatal, con el enemigo intentando proscribir la memoria, el presente y el futuro del kirchnerismo; las lecciones a tomar del tiempo histórico que hemos transitado son cruciales. Tanto de lo mucho avanzado, tanto más de lo mucho que no se avanzó. La frase “volver mejores” quizás condense algo de ese espíritu que hoy observamos, junto a los limitantes de una mejoría no enunciada. 

Como apuesta, como invitación, como necesidad ante el amargo presente que vivimos, actualicemos aquella frase icónica de Evita, como deseo y como potencialidad, como transfiguración épica de un movimiento que debe ofrecernos la oportunidad de una liberación nacional. Digamos juntas/os, pues: el kirchnerismo será revolucionario, o no será nada.

 

(Texto publicado en Revolución. Escuela de un sueño eterno. Cuadernos Relámpagos. Negra Mala Testa) 

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