Con el dedo en la llaga, por Agustín Tosco

El 1 de septiembre de 1953 nació Eléctrum, periódico del sindicato Luz y Fuerza. El año de surgimiento de esta herramienta coincide con la primera vez que Agustín Tosco fue elegido “pro-secretario general” del sindicato. Eléctrum fue el principal medio gráfico desde donde se expresó Tosco, muchas veces firmando con el seudónimo de “un compañero”. A continuación compartimos una editorial de la serie que se publicaron bajo el título “con el dedo en la llaga”, donde se refiere al paro el 28 de mayo de 1971, cuando se cumplían dos años del Cordobazo y rememora esta rebelión popular.

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REPRESIÓN PARA LOS QUE LUCHAN

PROTECCIÓN PARA LOS QUE CLAUDICAN

11 de junio de 1971

“Eléctrum” 30

No estuve pero sé:

No estuve, no pude participar de uno ni de otro, de los actos programados por la CGT de Córdoba para el 28 de mayo y por la CGT Central para el 4 de junio.

Pero los denominados medios de comunicación de masas, me permitieron enterarme con bastante fidelidad de todo lo acontecido. Una cierta experiencia de años y un adecuado conocimiento de los protagonistas y de la circunstancia política que se vive, dan lugar entonces a este comentario. 

El 29 de Mayo:

La Clase Trabajadora de Córdoba decidió conmemorar el Segundo Aniversario del Glorioso Cordobazo, ligándolo a la continuidad de la lucha por los grandes problemas que afectan a las masas laboriosas y al pueblo en general.

No para “celebrar una huelga con otra huelga”, como equivocadamente señalara Julio Guillán, de Telefónicos de Buenos Aires, durante las secciones del Plenario Nacional de Gremios Combativos.

La existencia de presos gremiales, políticos y estudiantiles. La permanencia de la legislación opresiva y represiva. El mantenimiento del Estado de Sitio. Las trabas arbitrarias para resolver convenios colectivos de trabajo. La falta de solución real a jubilados y pensionados. El crecimiento de la carestía de la vida y tantas otras cuestiones candentes, justificaban plenamente el paro general activo de 28 de Mayo. Asimismo un vibrante homenaje a todos los caídos durante las jornadas del Cordobazo, en especial su primera víctima, el compañero Máximo Mena, debía realizarse con el carácter que se programó.

No significaba un homenaje al caos y a la violencia, como lo proclamaban los comunicados castrenses.

Sí era un homenaje a la respuesta viril, civil y popular, de la gente desarmada enfrentando la violencia de un régimen neocorporativista que asesinó obreros y estudiantes, mujeres y hombres, que metió en la cárcel a miles de argentinos, que intervino sindicatos, que sancionó y persiguió a trabajadores, que congeló los salarios, que promovió el participacionismo vergonzante, que aplicó las quitas zonales, que pretendió anular la ley del sábado inglés, que desconoció la antigüedad de los trabajadores del transporte, que fue complaciente con la Brigada Fantasma, que protegió a Valinotto y quiso tapar su caso, que inventó el Consejo Asesor para burlarse de la ciudadanía, que pisoteó los más elementales derechos humanos. Todo el aparato oficial, todos los medios represivos, directos y psicológicos se avalanzaron sobre la CGT de Córdoba, sobre el movimiento obrero, sobre el estudiantado, sobre los demás sectores populares. Las marchas militares y los comunicados agraviantes retumbaban por todas las bocas que podía utilizar el régimen para hacer fracasar el paro y la concentración. Pero el pueblo cordobés hizo caso omiso a los tremebundos anuncios y a las descaradas amenazas aceitadas con el gastado pretexto de garantizar la libertad de trabajo. El Paro fue total. Absoluto.

Sólo el cacareo de los usurpadores del gremio de la construcción, uno de los más castigados por la política reaccionaria, buscaron justificativos para quedar bien, justificativos de cobardes y vendidos. Cobardes por no animarse a decir lo que verdaderamente pensaban.

Vendidos porque su triste actitud fue utilizada por la represión para ponerlo como ejemplo: Ejemplo de dirigentes gallináceos que su propio gremio repudió con un acatamiento masivo al paro.

El acto central no pudo realizarse “por falta de espacio”, todo había sido ocupado por las fuerzas de represión. Pero en el corazón de todos los cordobeses luchadores se hizo un acto de emocionado recuerdo y en la mente de todos los cordobeses luchadores se hizo un acto de conciencia y de protesta.

Y esos miles y miles de actos no los pudieron impedir. Ni los frustraron. Ocupan y llenan los hogares, las calles, las plazas, la tierra y el cielo. Tienen la fuerza y la vitalidad de las grandes aspiraciones humanas, de los indestructibles ideales de redención social, de la fe en el hombre nuevo que construirá una nueva sociedad.

  

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