Nora Cortiñas: todas las luchas en una

“El miedo es perder la memoria”

Norita

Alguna vez fui testigo de su transformación. Caminaba por alguna calle de San Telmo rumbo a una conferencia de prensa en el CELS, y con una compañera nos la cruzamos por la calle. También iba para allá, claro, por lo que nos acompañamos por un rato, ella aún sin pañuelo. Así era una más de esa multitud callejera, en su versión de frágil anciana ante la cual diversos transeúntes quizás se preocupaban por dejarle el paso más cómodo por aquellas estrechas veredas. Pero de pronto comenzó a colocarse el pañuelo mientras caminaba, ya que estábamos llegando un poco tarde, y todo se transformó repentinamente. No sólo quienes la cruzaban la miraban distinto, sino que para mí ya no fue posible seguir charlando como si nada con ella. Esa viejita frágil era ahora una de las principales referentes éticas y políticas de todas/os/es, y cual heroína de una tragedia griega, Nora Cortiñas asumía con todo su ser ése destino.

En estos días Editorial Sudestada ha editado un libro que indaga en las distintas vidas que ha transitado esta personalidad fascinante de nuestra cultura política popular. En Norita La Madre de todas las batallas, Gerardo Szalkowicz nos presenta un retrato que parte su historia personal para mostrarla hoy en la plenitud de sus luchas, en su presencia permanente en todo lugar que la reclame. “Entonces, ¿por qué empecé a ir a todos lados? Porque recogí las banderas de Gustavo. Es una manera de ocupar su lugar, de hacer lo que él hubiera hecho, de seguir su lucha. Estoy en cualquier lado donde falte justicia”, explica Nora.

El libro nos permite recuperar la dimensión personal de su tragedia, que quizás debido a su solidaridad tan profunda, ha quedado un tanto alejada de lo que encarna hoy Nora Cortiñas. Ella es una Madre de Plaza de Mayo, pero a la vez es un grito contra toda injusticia que se cometa hoy mismo. Y un breve repaso por aquellas marchas donde la hayamos visto o algunos nombres de quienes suman su testimonio en el libro da cuenta de todas las luchas que ha sabido acompañar con su cuerpo y apoyo: Say Sacayán, hermano de Diana; Alberto Santillán, padre de Darío; Vanesa Orieta, hermana de Luciano Arruga; Analía de Jesús (Higui); Emilia Vassallo, mamá del Paly Alcorta, por nombrar solo algunas/os.

“Sin el apoyo de Norita hubiese sido todo mucho más difícil. Nos contuvo moralmente pero sobre todo poniendo el cuerpo”, dirá Sergio Maldonado, y quizás sea quien mejor explique lo que significa Nora. Ella, por su lado, sostiene que es el pañuelo el que la impulsa, el que debe estar en todas esas luchas, en todos esos lugares. “Cuando vamos a la sentencia de un juicio de lesa humanidad o sobre gatillo fácil o de violencia de género sabemos que nuestra presencia sirve, que cuando los jueces ven que hay algún pañuelo blanco se cuidan más en los fallos. Es como un antídoto contra la impunidad. Lo mismo pasa en las marchas con la policía, se cuidan un poco más de reprimir. Es el poder del pañuelo blanco…”.

Recuperando su historia, se permite momentos de intimidad, del recuerdo de aquella atrocidad sufrida. Es parte de las enseñanzas que aún nos brindan las Madres y Abuelas, un caso único a nivel mundial que muchas veces cuesta poder valorar en toda su importancia por ser sus contemporáneos. Sin caer en elegías, Szalkowicz logra enmarcar esto en su libro, y permitirnos un distanciamiento necesario para volver a ver con ella, a todas. “Te llevan a un hijo y es como que te amputan, te sacan una parte de tu cuerpo y te dejan sangrando por la herida. Y es algo que nunca se cura”, dirá Nora.

El pasaje del horror a la lucha es algo de lo que se ha escrito mucho, y son muy potentes algunos pasajes donde Norita reflexiona en voz alta para pensarse. “Desde que se llevaron a Gustavo mi vida cambió completamente, no soy la misma y nunca volveré a ser la misma que fui. Salí a la calle a buscarlo y es como que se me cayó un velo, desperté a una realidad que nunca había visto, tomé todas las fuerzas que pude para vencer todos los obstáculos que ese régimen fascista nos quería imponer”.

Estas lecturas no son desde un tiempo cualquiera, sino que se ven atravesadas por este presente de un fuerte feminismo popular, por el cual se ha sentido interpelada esta joven de 89 años. “Yo fui criada con esas matrices machistas, en un sistema donde ahora veo que tenía también mucho de hipocresía. Así que siempre fui una ama de casa que me esmeraba por ser la mejor. Me da un poco de vergüenza porque ahora soy feminista y ya no lo haría, hoy quiero ser la peor”. Es por esto que estas memorias presentes son sumamente interesantes por cómo nos permiten analizar el poder del feminismo para trastocar los sentidos comunes institucionalizados. “Lo pienso ahora y no lo puedo creer, mi marido decidía por mí…”, dice Nora. Su ser feminista reconstruye hoy una otra historia, la del sojuzgamiento que vivió la mujer en nuestro país durante tanto tiempo. Es ésa otra veta novedosa en esta luchadora incansable, que permite pensar a su vez las acciones fundamentales que desarrollaron diversos colectivos de mujeres, sin necesariamente pensarse en aquel momento desde una política feminista.

En la década pasada, de fuerte acción del Estado en torno al respeto por los derechos humanos y el juzgamiento de los responsables del genocidio perpetrado por la última dictadura cívico eclesiástico militar, se profundizaron ciertas desavenencias dentro de diversos organismos de DDHH. Ello tuvo como consecuencia distintos posicionamientos que generaron mayor referencialidad con Hebe y Estela para quienes apoyaban al kirchnerismo, y de Nora hacia la izquierda del campo popular. “En los gobiernos de Néstor y Cristina fui crítica, no opositora”, dirá, y fue difícil para muchos de quienes formamos parte del kirchnerismo poder apreciar y enmarcar correctamente su accionar en esos años. Hoy que la Alianza Cambiemos avanzó destructora contra todo el frente popular, las diversas unidades que transitamos han colocado a Nora en un lugar de centralidad que hace justicia a su enorme labor.

Valen los homenajes pues, como es también este libro, y todo lo que podamos hacer para acompañar, conocer y aprehender de estas mujeres. Que son una pieza fundamental de nuestra historia popular, no sólo por lo que han sabido luchar, sino por lo que luchan día a día. “Vamos quedando pocas Madres, pero vamos a joder hasta el final”, dice. “Algunas cosas de mi andar (quizás) puedan servir a los jóvenes para que luchen con más fuerza”, agrega. Y en cada marcha la vemos, y en cada calle la cruzamos, y en cada lucha nos asiste. Gloria y honor, honra sin par entonces, a esta grande entre las grandes, Norita inmortal.

 

Por Juan Manuel Ciucci / Imagen: Antonella Álvarez

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