Ciudad Futura: el desafío de hacer revolución, esta vez, haciendo ciudad

“Comenzamos el siglo XXI dejando atrás los manuales, con la misma convicción militante de lxs que dejaron su vida en la lucha por un mundo más justo pero comprendiendo la importancia de recoger su legado no como receta sino como clave de aprendizaje. Comprendiendo que la transformación que buscamos es un proceso

y, que por lo tanto, lejos de estar movilizados por la épica de un día donde ocurre la Revolución, de un momento donde el futuro llega, encaramos la militancia como un proceso de transformación constante que ocurre aquí y ahora”.  Futuras Ciudades Feministas (2019)[1]

 

Por Ciudad Futura 

Estamos en un momento histórico de gran complejidad. Podemos ver cómo el rearme del patriarcado, la regresión democrática y la profundización del neoliberalismo en tanto proyecto económico, político y cultural dejan de ser una abstracción y estallan con dolorosa realidad en nuestros barrios y ciudades. Pero sabemos que este no es el fin de la historia. También podemos ver cómo la calle gana protagonismo y se tiñe de violeta. De rojo. De verde. De miles de colores disidentes. De luchas por la tierra; por la verdad, la memoria y la justicia; por la vivienda digna; por la libertad y por el orgullo. Y, entonces, sabemos que no todo es desesperanza. El futuro está en disputa y, por ello, la necesidad de abrirnos a preguntas que nos conecten con nuevas prácticas políticas se torna vital. 

En este contexto, problematizar el devenir de una organización política como lo es Ciudad Futura, un partido de movimiento que nace en Rosario pero que crece en red por Santa Fe, en parte nos convida la posibilidad de hilvanar un conjunto de prácticas situadas con algunos de aquellos interrogantes que emergen inexorablemente de la incertidumbre alumbrada por el siglo XXI. La primera puntada. Si tuviéramos que decir cuál es la pregunta que singulariza nuestro tiempo, ¿qué diríamos? Para un proyecto como Ciudad Futura, esa pregunta no pasa tanto por el ¿cuándo? sino por el ¿cómo? (y por el ¿dónde?). Fue el esfuerzo por caminar estas preguntas colectivamente desde la autonomía y con los pies en el territorio, lo que nos permitió encontrarnos con dos procesos profundamente transformadores y que atraviesan en gran medida estas reflexiones: la revolución feminista y el movimiento municipalista. Para Ciudad Futura, ambos procesos son, hoy, las mejores expresiones de un futuro deseable, desde las cuales podemos extraer algunas claves para pensar qué significa construir una alternativa política de nuevo tipo. Por eso convidamos estas breves líneas sobre la potencia de resignificar lo local como espacio de construcción de un poder feminista y popular.

La pregunta por el ¿cómo?

Múltiples dimensiones aparecen atravesando esta pregunta. Tal vez, la primera de ellas tenga que ver con la genealogía de luchas que fueron componiendo nuestro repertorio de prácticas afectivas en territorio. Decimos esto porque, como organización, entendemos que antes de preguntarnos qué hay de nuevo en la “nueva política” debemos interrogarnos por las historicidades que atraviesan a esa nuevas formas. En tanto proyecto político nacido en democracia, la búsqueda por justicia de las madres, abuelas, hijos, organismos de derechos humanos, sobrevivientes y familiares de las víctimas, nos enseñó las enormes posibilidades que residen en la gente común organizada. También nos hermanó a la generación que la dictadura quiso exterminar, porque sabemos que lo que perseguían eran sus prácticas, su modos particulares de ser y de hacer, de tejer una forma de vida distinta a la del modelo capitalista. Movilizados por los emergentes que nacen de experiencias como los Caracoles y las Comunas, nos asumimos hijxs del 2001, reconociéndonos en el deseo de construir otras -inacabadas- prácticas políticas autónomas, desde el territorio.

Es en parte por ello, que la composición de nuestro hacer militante no se circunscribe a un único “cómo” sino que intentamos construir tantos como la singularidad de cada territorio nos exija. Si nos remontamos a los inicios de esta experiencia política (2005-2012) y observamos los procesos desarrollados por los movimientos sociales que más tarde darían vida a Ciudad Futura (Giros y Movimiento 26 de Junio) nos encontramos con dos recorridos diferentes en sus modos pero atravesados por un horizonte en común: hacerle frente al avance neoliberal en la ciudad y construir otros modos de vida más justos y deseables. La violencia urbana, ligada al emplazamiento del narcotráfico en barrios de la ciudad, junto con la aceleración de la especulación inmobiliaria, los desalojos silenciosos y la mercantilización de la planificación urbana, pueden ser leídas como dos consecuencias directas de la profundización de un modelo de ciudad excluyente, que no encontró otras resistencias en Rosario.

IMG-20190801-WA0013 (1)

Así, a lo largo de más de 10 años de construcción territorial, nos fuimos encontrando con muchos “cómo” prefigurar ese futuro que soñamos. Nos los encontramos a la hora de crear dos escuelas de gestión social (la Ética y el Bachi de Tablada) para jóvenes de barrios periféricos que no tenían la posibilidad de acceder a la educación; de luchar por justicia por los pibes que nos quitó violentamente el narcotráfico; de frenar desalojos y proponer modelos de integración de las periferias urbanas que articulen el derecho al trabajo, a la producción y a la vivienda digna (experiencia en zona rural de Nuevo Alberdi con el Tambo y la Fábrica de Lácteos, La Resistencia); de poner en marcha un centro cultural de artes urbanas y una productora audiovisual en el centro de la ciudad (Distrito Siete), entre otros.  Después de dotar de diversas materialidades a nuestras banderas de lucha, decidimos que era momento de salir a convidar y compartir nuestras formas de construcción con otrxs. No estábamos dando un salto de “lo social” a “lo político”. Desde un comienzo tuvimos en claro que lo que hacíamos en cada territorio era político. En todo caso, lo distintivo de este momento puede encontrarse en dos elementos que decidimos asumir en las dinámicas de los movimientos para transformarlas: la decisión de dar la batalla en otra trinchera más, la de la política institucional; y la necesidad de proyectar una escala de intervención a nivel ciudad. 

A partir de 2012, nuestro instrumento político (Ciudad Futura) busca ampliar la potencia de los movimientos (ahora en confluencia) disputando la esfera estatal. Y lo hacemos arriesgando por nuevas formas organizativas, convencidxs de que para ampliar el campo de lo posible no debíamos dejar de ser movimientos para pasar a ser partido, sino construir un partido de movimiento. A diferencia de los partidos tradicionales, el partido de movimiento no pretende representar a nadie sino que busca expresar un emergente de la sociedad. Dos cualidades específicas sobre la lógica de la expresión que se destacan en este punto: lo múltiple, que da lugar a la complejidad de diversas identidades y, a su vez, la ampliación de la potencia, que nos permite poner en cuestión el vínculo meramente delegativo que se constituye para con la democracia. El desafío se redobló en 2015, cuando batacazo mediante (obtuvimos 16% de los votos, 3era fuerza de la ciudad), ingresamos tres compañerxs al concejo municipal y dimos comienzo a la odisea institucional. Sin dudas, la pregunta sobre qué implica construir una alternativa de izquierda que contemple lo electoral y que no replique las formas hegemónicas de “hacer política” es una tensión siempre presente. El sistema está todo el tiempo invitándonos a arrepentirnos. Estas instituciones no funcionan en pos de garantizarles derechos a lxs que más necesitan, sino que gran parte del tiempo están dedicadas a garantizarle el negocios a unos pocos. Hay una dinámica muy poderosa para arrastrar a cualquier alternativa que se presente, con pequeñas derrotas diarias. Por eso, es un gran desafío ese “cómo hacer” dentro del Estado para que la dinámica de estos lugares no nos transforme en lo que criticamos. La dificultad reside en poder encontrar ese equilibrio de jugar con algunas reglas del sistema institucional para poder sacar adelante proyectos y transformar la vida de la ciudad, sin que ello nos domestique. No obstante, tampoco se trata de, por querer ser tan distintos, acomodarse en una posición marginal.

Por ello, parte de la tarea que nos convocó en el inicio de este nuevo momento, fue generar los anticuerpos y mecanismos necesarios para afrontar los condicionamientos propios del sistema político. En el marco de esas discusiones, fuimos avanzando en la feminización de la política, con el objetivo de no terminar reproduciendo los privilegios que en gran medida caracterizan a la corporación política “tradicional”. Es así que buscamos romper la complicidad que sostienen los espacios de poder. “Nos urgía empezar a transparentar esta institución alejada de la gente, contando desde múltiples lenguajes qué pasa ahí dentro. La acción más disruptiva fue hacer público el origen y usos de los ingresos del instrumento político. Pero no paramos ahí. Definimos que lxs compañerxs que ocupen esos lugares de representación sigan viviendo como gente común, como vivíamos antes. En ese sentido, “pensar una política salarial diferente era necesario para evitar ser como todos los demás funcionarios que encuentran lugares de comodidad y se alejan cada vez más de la realidad del afuera de las instituciones. Fuimos armando y desarmando criterios, entrecruzamos indicadores y construimos una política salarial propia, que nos alcance para reproducir nuestras vidas, contemple la composición del grupo familiar y no se aleje de los salarios un trabajador/a promedio”. Asimismo, el poder concebir a los cargos institucionales como lugares ocupados transitoriamente por compañerxs, nos ayuda a pensar cómo generar los instrumentos para evitar que se conviertan en lugares de privilegio. De esa manera, estos espacios se constituyen como uno más dentro de los distintos roles que puede haber en la organización, con tareas y responsabilidades específicas (Futuras Ciudades Feministas, 2019). Probablemente, este haya sido uno de los aportes más significativos que pudimos generar para alimentar un cambio en la cultura política institucional[2].

Otras dos instancias de trabajo que fuimos desplegando (con las idas y venidas propias de un proceso de aprendizaje) como partido de movimiento consisten en, por un lado, poder entender a las campañas electorales como instancias que no se reducen a lo meramente electoral sino que también nos permiten generar efectos políticos: mostrar los proyectos de gestión social como una imagen tangible de futuro; visibilizar la violencia y desigualdad en la ciudad, la necesaria participación de mujeres en la política institucional; el poder anticipar el escenario de retroceso que la victoria del proyecto neoliberal de Cambiemos iba a producir en 2015 con el #NoMacriNo; la posibilidad de que la ciudad tenga un rol activo en el acceso a los alimentos a un precio justo, entre otras. Por el otro, desarrollar una acción legislativa propia, en diálogo con el despliegue territorial. Así, pudimos dar procesos de gran significado político como lo son la prohibición del glifosato en la ciudad y el apoyo a las Madres Que Se Plantan por el uso medicinal del cannabis para sus hijxs, por nombrar algunos.

Otra cuestión que es clave para nosotrxs, es que sin un punto de apoyo político, esto es, territorial, ninguna victoria electoral podrá trascender los límites de la gestión estatal. Por eso, como sostuvimos más arriba, este segundo momento, también implicó la necesidad de inaugurar otra escala de intervención territorial: la prefiguración a nivel ciudad, tanto dentro de Rosario[3] como en distintas localidades de Santa Fe[4]. Sin dudas, muchas otras iniciativas nos quedan fuera de esta breve sistematización. Lo que sí podemos ver es que la organización creció, a pulmón y corazón, desde la autonomía, a contrapelo del ciclo regresivo que se instaló en la política nacional a partir de diciembre de 2015, y haciéndole frente a los aprietes de las corporaciones (política, mediática, jurídica, inmobiliaria, agroquímica y láctea, por citar algunas). Los desafíos ya son otros. Y como no podía ser de otra forma, la pregunta por el cómo se reactualiza. La revolución feminista viene a cambiarlo todo. Y muchas de esas preguntas y prácticas sobre las que venimos construyendo en todos estos años, se abren para ser transformadas una vez más. El intenso proceso de crecimiento que vivimos en los últimos años, nos encuentra inmersos en procesos personales y colectivos muy distintos a los de algunos años atrás, con una gran de necesidad de colectivizar experiencias aprendidas en el tránsito de cada uno de estas trayectorias militantes y de renovar compromisos para lo que se viene. 

Después de todo el proceso que vivimos colectivamente hasta hoy, si algo nos queda claro, es que el Estado nunca puede ser nuestra única respuesta a la pregunta por el cómo. Estamos convencidas de que este contexto nos exige romper con la concepción hegemónica, binaria, que concibe sólo dos posibilidades de gestión de lo común: estatal o mercantil. Frente a esta matriz, que afirma que lo común sólo puede ser gestionado por el Mercado o por el Estado, asumimos desde la práctica militante el compromiso de imaginar y construir nuevos modos posibles. Adentrarnos en este camino implica expandir y complejizar la noción de lo público, en tanto ésta ya no coincide exclusivamente con lo estatal. Reconocemos en lo público, otra dimensión, no-estatal, que denominamos, gestión social. Entendemos que partir de un esquema ternario permite comprender la posibilidad que se nos presenta para alcanzar una mayor democratización y, por lo tanto, una mayor responsabilidad sobre el cuidado y gestión de los bienes comunes.

cf

(La pregunta por el ¿dónde?)

Retomando la búsqueda por las preguntas de nuestro tiempo, nos encontramos con que la potencia del cómo hacer que el futuro llegue antes, depende del dónde estamos paradxs. Para nosotrxs, es ahí, en los mismos espacios donde se tensionan la vida y el capital, que la ciudad como hipótesis política se rev(b)ela: para nosotrxs la escala es una decisión política en tanto adoptamos como estrategia el municipalismo, de construcción de comunidad. Nos seduce el potencial feminizador de lo local en comparación con niveles más abstractos de la acción política, como el nacional-estatal. Es a partir de las claves que se desprenden de la proximidad, de la cercanía, que podemos encontrar una transferencia con gran potencial entre el feminismo y la reinvención del municipalismo que nos enamora. Ahora bien, este vínculo no es algo dado o natural. Es una búsqueda, es una posibilidad (que hicimos nuestra) de abrir procesos fuera y dentro del estado, alentadxs por el deseo de construir modos de vida poscapitalistas. Para empezar a desandar esta hipótesis se nos presenta como primer desafío revalorizar lo relacional, resginificando lo local. Esto es, dejar de ver a las ciudades y pueblos como un espacio doméstico, donde se concentran actividades históricamente ligadas a la reproducción de la vida social para pasar a pensarlas políticamente. Pero no como un ámbito subsumido al “armado electoral de lo nacional” o como el último eslabón burocrático del Estado. Politizar lo local es para nosotrxs politizar la cotidianeidad de una comunidad con el objetivo de hacer visible y desnaturalizar las desigualdades que vivimos a diario en nuestras ciudades, abrir la participación y el protagonismos de lxs ciudadanxs. Es poder jerarquizar los cuidados y las necesidades de las personas por sobre las agendas de los grandes intereses del mercado y de las corporaciones. Es poder interpelar a las grandes mayorías y apostar por un proyecto que las comprometa con la gestión de lo común. Esto es, reivindicar lo estratégico de la proximidad para que las decisiones vuelvan a la gente (Futuras Ciudades Feministas, 2019). Así, construimos, con avances y retrocesos, un poder distinto, que funciona como garantía, blindaje, de los avances y los derechos que vamos conquistando, para protegerlos -relativamente- de contextos políticos regresivos.

Es, en definitiva, apostar a la posibilidad de desarrollar capacidades emancipadoras dentro de una comunidad para que la democracia no se vea restringida al ámbito de lo institucional y para que las decisiones de cómo queremos y podemos vivir queden exclusivamente en manos del mercado. ¿Qué podemos hacer con la producción de alimentos? y ¿con el acceso al consumo?. ¿Qué podemos hacer con la educación en los barrios donde no hay escuelas? y ¿con la salud?, ¿con la cultura?, ¿con el medio ambiente? Desde Ciudad Futura apostamos al desarrollo de prácticas prefigurativas a través de diversos proyectos estratégicos, desde cuales -como un laboratorio de gestión social de lo común- priorizamos un hacer concreto y en torno a ello, ordenamos discusiones, encontramos límites y, a veces, nos hacemos de algunas herramientas. La vía prefigurativa, en tanto nueva temporalidad que se materializa adelantando el futuro, nos permite obtener aquellas victorias necesarias en pos de alumbrar otros modos posibles de vida. Es decir, generar efectos concretos en la cotidianidad, impactar en otros actores, producir un desplazamiento en la forma en que analizamos coyunturas o leemos conflictos. Nos habilita a situarnos en otro lado de la experiencia política, resistiendo a dos fenómenos muy propios de la “política tradicional”: la lucha del poder por el poder mismo y la reivindicación de un purismo paralizante. Nos permite encontrarnos en tanto seres vulnerables, no autosuficientes, y desde allí valorar los vínculos de cooperación y la interdependencia como intersticios donde entretejer revolución. Por lo cual, la estrategia revolucionaria pasa de la mera disputa por la conducción del Estado a la acción colectiva que surge en cada territorio, en cada práctica cotidiana. Aprendimos, también que para generar modos de vida más justos y solidarios, se necesita de nuestra parte no sólo la impugnación de los modelos de acumulación capitalista y la denuncia de un sistema basado en la explotación sino que, requiere principalmente de la puesta en marcha de iniciativas y proyectos concretos en territorio que materialicen otro modelo de sociedad, con las personas en el centro, y allí la escala municipal deviene central.

Fotos: Ciudad Futura

Texto que forma parte del Dossier Nuevas Prácticas Políticas 

*****

 

[1] Gran parte de estas reflexiones se nutren del trabajo de reflexión política que llevamos adelante a principios de este año más de 52 compañeras de Ciudad Futura, quienes de la mano de la gran Nadia Fink, nos desafiamos a construimos el libro “Futuras Ciudades Feministas” (Ed. Ciudad Futura, La Libre).

[2] Las y los concejales de Ciudad Futura, así como el resto de integrantes del equipo de asesores, donamos una parte importante de nuestros salarios al instrumento político. En el caso de las y los concejales, donan el 70% de sus sueldos. Las y los demás integrantes del bloque donan un promedio

aproximado de entre el 40% y el 50%. El fondo generado a partir de esas donaciones es uno de los principales ingresos que nos permite mantener nuestra independencia económica, sumado a estrategias de autogestión de recursos, base fundamental de nuestra irrenunciable autonomía política (Futuras Ciudades Feministas, 2019).

[3] Casi de forma simultánea a nuestra llegada a las instituciones, en los últimos cuatro años, en Rosario, fuimos desarrollando: una red de consumo colaborativo, la Misión Anti Inflación, sustentada en el desarrollo de un entramado de círculos de consumidores (para sacudir el consumo individual), una base de productores locales y regionales, el desarrollo de una plataforma virtual y un circuito de logística que abarca, en la actualidad, a los seis distritos de la ciudad. Asimismo, se profundizó el trabajo en el área salud con el proyecto Territorios Saludables, surgieron las campañas de salud colectiva, el abordaje de las infancias a partir de una Colonia de vacaciones autogestionada y la Oficina de Empoderamiento para superar los escollos que se presentan en el acceso y ejercicio de derechos. También los espacios de arte, cocina y teatro; el trabajo con la juventud en la prevención inespecífica de consumos problemáticos” (Futuras Ciudades Feministas, 2019). Además, comenzamos a trabajar de lleno en el proyecto Impulsarlas que abarca un sistema de micro-créditos, capacitaciones y ferias autogestionadas para emprendedoras; llevar adelante un nuevo espacio de construcción colectiva del conocimiento con la Universidad del Hacer; una Librería feminista y asociativa, denominada La Libre, y la Estación Cultural del Norte, para profundizar en otras formas de gestión y acceso a la cultura y, la apertura de seis locales distritales, pensados para generar otras centralidades en el entramado político de la ciudad.

[4] Después de 2017, como hermoso corolario de la campaña electoral que asumimos hacia el legislativo nacional, nació la Red de Pueblos y Ciudades por el Buen Vivir, que reúne a diversos colectivos de localidades asentadas a lo largo de la provincia de Santa Fe. La particularidad de esta red radica en que nació como un interrogante al interior de nuestro instrumento: ¿Cómo puede crecer nuestro proyecto político sin generar estructuras que terminen homogeneizando múltiples experiencias de lo local? O, en su defecto: ¿Qué forma puede tomar nuestro proyecto para dar lugar a una política singular que refleje las diversas sensibilidades de los tejidos políticos locales? Lejos de querer imponer una lógica hegemónica desde la ciudad “más grande”, buscamos construir red entre comunidades heterogéneas, reconocer la diversidad y darle espacio. Es poder generar una plataforma común que permita mirarnos (mirar nuestras comunidades) desde otro lugar. Generar movimiento. Por ahí va la apuesta.

Fotos: Ciudad Futura

Texto que forma parte del Dossier Nuevas Prácticas Políticas 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: