En la política, tenemos todo por decir y todo por hacer, por Daniela Poblete Ibañez

La irrupción del movimiento feminista es un fenómeno que nos removió estructuras a todes y en todos los ámbitos de la sociedad. Para nosotras ha sido un lugar en donde nos hemos construido como sujetas y en donde nos hemos reconocido unas a otras como parte de un colectivo más allá de nuestras visiones, debates o procesos emancipatorios individuales. Lo que nos une es la perspectiva feminista que nos ha empoderado a tal nivel que estamos convencidas que ¡va caer!

El reconocernos como sujetas nos pone en un lugar de disputa con todo aquello que represente opresión y que ponga en peligro nuestras vidas. Con ello hemos identificado distintos lugares donde dar la pelea y de esa forma poder modificar el patrón cultural que justifica la exclusión de mujeres, lesbianas, travas, trans, no binaries, etc. Se llama patriarcado y este es un factor constitutivo de todas las instituciones que ha creado esta sociedad supuestamente libre y la política no queda ajena a ello.

El movimiento feminista ha venido a irrumpir e impugnar todo, pues todo nos ha excluído. En el plano de la política la deuda es inconmensurable pues este es el ámbito en donde supuestamente se defiende y se construye una sociedad de iguales que no ha sido tal. Los principios de la democracia han llegado a cuentagotas para nosotras y es hora de romper con la ficción y de poner en acción el discurso de la equidad e igualdad y en la política, ya sea en los ámbitos de organizaciones, partidos, ámbitos legislativos, ejecutivos, etc, hay mucho por modificar.

Pero esta modificación no vendrá de ningún otro lado que no sea la subjetividad de cada une de nosotres y creannos; que se ve desde muy lejos la simulación de la deconstrucción, así que pongamos pilas y hagamos esto de verdad que en la política la mentira tiene patas bien cortas. Eso ya lo sabemos.

La irrupción del feminismo en la política pone sobre la mesa cuestiones estructurales como: a) intereses y demandas de sectores sociales que han sido ignorados históricamente b) propone una nueva identidad que pone en el centro principios fundamentales de nuestras democracias pero devela que estos principios sólo fueron creados por y para un género privilegiado; los varones c) si bien, sabe de la urgencia del cambio también sabe que el proceso muchas veces no es inmediato y ante los obstáculos se reinventa en tácticas y no decae d) el feminismo pone en cuestionamiento lo que conocemos hasta ahora, las formas y el fondo, y presenta una nueva ética militante, organizacional, de prácticas y enfoques poniendo en jaque, incluso, grandes conceptos del conocimiento.

En código de la política, el movimiento feminista ha llegado para cambiar el orden existente y busca erradicar de esta práctica de la humanidad los cimientos conservadores. Cambiar cimientos obviamente provoca una caída, para algunes esta caída es al vacío y temen enormemente no saber dónde va a parar. Por otro lado, nuestra respuesta, siempre es la de atreverse, planteamos que no se trata de cambiar todo por nada y que la caída puede ser dolorosa pero vale la pena si finalmente eso tan valorado que es la igualdad es lo que nos ilumina la practica política en todos sus ámbitos.

Pero en la política, como en todo orden de la vida de nuestras sociedades, la costumbre es un factor determinante y termina siendo, muchas veces, una explicación fácil a lo que sabemos que está mal y no se puede justificar ¿Esto siempre ha sido así? ¿Cómo vas a venir con cosas de feminismo a estos señores grandes, llevan años haciendo política así? ¿Les entendemos pero es muy difícil cambiar algo que se viene practicando desde que se fundó esta organización? ¿Siempre estuvieron las puertas abiertas pero son ustedes la que no venían a militar? ¿No se puede modificar la construcción de las políticas del Estado de un día para otro, siempre ha funcionado así? etc, etc, etc. Y por mientras a nosotras nos siguen pagando menos por el mismo trabajo, tenemos una sobrecarga de trabajo entre el remunerado y no remunerado, se nos siguen negando nuestros derechos sexuales y reproductivos, se nos sigue acosando, violando o matando, etc, etc, etc, y siempre ha sido así.

Pasa que la costumbre, fuente del derecho y de la política, es cómoda para algunos pero a nosotras nos da ¡por las tetas! disculpando la expresión. Porque pareciera ser que para nosotres es la costumbre y para ellos los privilegios y estos privilegios a lo largo de la historia de nuestras naciones se han convertido en leyes, en políticas públicas, en estatutos y reglamentos de organizaciones políticas, se han convertido en Estado y  nosotras no queremos más esta discriminación. Por esto es que hemos llegado a romper esquemas y trascender a lo que se está “acostumbrado”. Es imposible pensar que la política esta ajena al heteropatriarcado y en esto no hay pensamiento político que escape, todos están cruzados por este factor constitutivo de la cultura y de derecha a izquierda, a sus modos, han sido productores de exclusión y de discriminación de género.

Pero hoy no se trata de cobrar años de invisibilización sobre nosotres, aunque siempre es bueno poner el espejo para que se vea el reflejo patriarcal que muches de nuestros dirigentes y organizaciones no quieren ver. De lo que se trata es de militar día a día por una nueva forma de hacer política, de pensar esta práctica siempre con el objetivo de igualar en derechos a les que no somos iguales porque varones, mujeres, lesbianas, tavestis y trans no lo somos, lo sabemos, pero eso no es significado de menos acceso o de menos derechos. Pero la costumbre habla de una supuesta “objetividad” en el que la diferencia hay que borrarla para poder pensar la política, pero esta objetividad es profundamente masculina porque históricamente la política ha sido creada, pensada y ejercida por varones. Pensemos en las imágenes de actos públicos de las listas que van por la contienda electoral este año en Argentina, o en las imágenes de los actos sindicales, en pocas palabras ¡sobran varones!

No es un capricho plantear esto, porque una de las premisas de la democracia o de la política es realizarla escuchando y haciendo participar a los sectores vulnerados, como por ejemplo; un trabajador. Estamos de acuerdo, pero no es lo mismo un trabajador que una trabajadora, porque lo más probable es que todas esas cabezas no lleguen a pensar en las tareas de cuidado que recaen casi en un 100% sobre nosotras y por lo que tenemos en promedio 4 horas más de trabajo que los varones, trabajo que no es remunerado y con el que el Estado se ahorra mucho presupuesto.  Esto es profundamente político.

Integrar la perspectiva feminista y de género no es sólo decir y enumerar nuestros problemas, es también darle lugar y espacio a quienes han sido enmudecides e ignorades y darles un lugar en las dirigencias de las organizaciones, en los cargos de representación publica, en los lugares donde se definen políticas públicas, etc. y con esto no me refiero sólo a más mujeres, si no que también a compañeres travestis y trans, por ejemplo.

Somos incomodas, lo sabemos, pero venimos por todo. Por eso el feminismo es revolucionario porque propone cambios a la estructura hetero, patriarcal y capitalista que hoy tiene hegemonía y que se cuela escondida en costumbres en la política. Esta es nuestra revolución, queremos que estas nuevas formas sean inclusivas y no discriminatorias y queremos que sea la revolución de todes. Subamos al carro del feminismo y cambiemos el mundo de raíz, esto es la política y nosotres tenemos una propuesta de mundo, de sociedad y de vida.

 

Texto que forma parte del Dossier Nuevas Prácticas Políticas 

Ilustración por Matías Tejeda para revoluciones.net

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