Planos de las militancias, por María Pía López

Sombrillas en las esquinas. Volantes. Mesas.  Grupos de militantes. Afiches callejeros, pero no tantos. Spot radiales y televisivos. La campaña pasa también por otros lugares, menos visibles. Las estrategias en redes. La propaganda individualizada o focalizada. A cada quien, según su gusto. El gobierno despliega estrategias variadas: de la fake news a promesas de cuarteles para pibes estigmatizados como peligrosos. Demagogia electoralista punitivista. Subrayados. Movilizar las lógicas más hostiles y destructivas. La oposición hace campaña ostentando cercanía, la idea del rostro común en primer plano, el nombre individual antes que imágenes de multitudes. Endulzar a un electorado que se quiere menos masa popular que singularidad al que llamar de vos. La campaña es el terreno donde priman los esfuerzos publicitarios y las argucias militantes. Se juega menos la construcción de argumentos de fondo que las tácticas que pueden seducir a una porción mayor de votantes. Lo más nuevo de las tecnologías de la imagen y la publicidad se disponen, en muchos casos para recubrir con una pátina de novedad las prácticas más endurecidas y antiguas de consecución y gestión del poder, la representación, el quehacer político.

El tiempo de las elecciones es urgente, exigido, ansioso, pone entre paréntesis otras prácticas políticas, las desplaza, pretende declararlas irrelevantes o extemporáneas. La conflictividad social queda a la espera del resultado electoral, las calles se detienen en esa espera, pero a la vez no todo se juega en ese plano aunque se juegue mucho. Hoy escuché a una mujer muy joven decir: antes no me interesaba votar, ahora no veo la hora de que lleguen las elecciones para hacerlo. Esa ansiedad revelaba que está en juego algo muy profundo: las condiciones de la reproducción de la vida.

Las urnas hacen la pregunta abismal sobre la continuidad y profundización de  un programa que afirma la crueldad como lógica de tratar los asuntos colectivos y las vidas: ¿o no es cruel la condena a la muerte en la intemperie para los sin vivienda?, ¿no es cruel el abandono de las escuelas  y dentro de ellas a trabajadores y estudiantes?, ¿y el despojo de las tierras comunitarias y el asesinato de militantes?, ¿dejar las manos libres a las fuerzas de seguridad para salir de cacería no lo es?, ¿y la primacía de una lógica de ganancia inmediata y superlativa, para orientar los asuntos económicos, no lleva al trato cruel? Crueldad de desechar vidas y de bailotear sobre las muertes. El neoliberalismo llama meritocracia al preciso ejercicio de una crueldad que despoja, explota, priva, expulsa, mata. Y les dice a las víctimas que son culpables de ser despojadas, explotadas, privadas, expulsadas, muertas.

Frente a eso, se constituyen alianzas defensivas, una en particular que enlaza distintos sectores del peronismo y que tiene chances serias de ganar la elección. Alianza defensiva: una suspensión de las múltiples diferencias en nombre de la urgencia de evitar la profundización de la desigualdad social. Al situarse en ese punto debe interrogar las chances de reproducción de la vida en estas condiciones. Preguntarse por los medicamentos para viejes y las vacunas para niñes. Por los alimentos básicos y por cómo se producen. Por el agua y por el resguardo de los derechos humanos. Por el trabajo, sus condiciones y por la asociación entre ingresos y empleo. Muchos de esos temas han sido considerados por otras militancias: sindicales, feministas, ciudadanas. Las que se dieron para pelear por la salud, las que se derraman contra las violencias patriarcales, las que disputan territorios y recursos naturales, las que defienden las escuelas amenazadas, las que construyen seguridad en los barrios y ollas populares en las esquinas.

No siempre hay virtuosa confluencia o feliz afinidad, más bien hay desvíos, tensiones, conflictos, entre distintos tipos de militancias. Están las militancias de raigambre legislativa, que pelean por la representación parlamentaria; las que se despliegan como cuadros del funcionariado estatal; y las que se templan en la construcción de sujetos autónomos. Entre otras. En ciertos momentos, como cuando se discutió durante 2018 la legalización del aborto se produjeron articulaciones entre las representaciones parlamentarias y las militancias callejeras. Otras veces, los caminos se bifurcan porque los esfuerzos en construir o afianzar unas va en desmedro de las otras. Sin maniqueísmos, nuevas prácticas suponen apostar a nuevas articulaciones, a alianzas entre distintas militancias, una transversalidad que no sea sólo atravesamiento de identidades políticas sino de los diversos tipos de compromiso y acción.

La campaña se da en este contexto de urgencias, pero no debería velar que la reproducción de la vida no se dirime sólo en la definición de las urnas. También, y fundamentalmente,  se juega en la confrontación cotidiana y práctica con esa lógica de la crueldad, en las militancias y activismos que se enredan diariamente en procurar condiciones de vida vivibles para muchas personas. En las últimas semanas, las organizaciones que trabajan con personas en situación de calle presentaron un censo popular. Se hizo visible un trabajo minucioso y complejo de atención no solo caritativa de la gente sin vivienda. Hace unos meses, militantes del noroeste del conurbano -entre ellas, de la Red de mujeres- lograron sacar de la cárcel a Yanina Fariaz, acusada de no haber cuidado a su hija víctima de femicidio. Yanina hubiera seguido presa por años si esas militantes, en silencio, con infinita tenacidad y capacidad de organización, no hubieran tejido su solidaridad. En José C. Paz, la Mutual Primavera, que nació para hacer funcionar colectivos dentro del barrio, construyó un banco de financiamiento común para que sus integrantes no tengan que endeudarse en instituciones usurarias.

Como esas iniciativas, muchísimas florecen en las organizaciones sociales. Incluso en organizaciones que no reciben financiamientos públicos ni tienen caudalosos contingentes cuando movilizan. Pero en sus acciones se dirime la reproducción social, son políticas de arrebato de las vidas que un régimen cruento expolia y desecha, intervenciones resueltas en plena intemperie, como fueguitos, carpas, hospitalidad. O imágenes de otra sociedad por venir.

 

Foto: revoluciones.net

Texto que forma parte del Dossier Nuevas Prácticas Políticas 

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