Cooke, el mito y el hecho revolucionario que (aún) no fue

“Lo que más neta y claramente diferencia en esta época a la burguesía y al proletariado es el mito. La burguesía no tiene ya mito alguno. Se ha vuelto incrédula, escéptica, nihilista. El mito liberal renacentista, ha envejecido demasiado. El proletariado tiene un mito: la revolución social. Hacia ese mito se mueve con una fe vehemente y activa”

(El hombre y el mito, José Carlos Mariategui, 1925)

 

Por Antonella Álvarez

 

¿Qué implicó Cooke y su praxis política en el movimiento peronista? ¿Cómo releer los planteos que en su momento formuló y tomarlos como aprendizajes para el presente, atendiendo los contextos diferentes que signan cada coyuntura histórica?

30 años antes del golpe de Estado de 1955 que instaló la revolución fusiladora y persiguió a quienes eran parte del movimiento peronista, Mariátegui hablaba del Mito como elemento fundamental del proletariado, en contraposición a la burguesía: “El proletariado tiene un mito: la revolución social”. En 1957, en pleno auge de la Resistencia Peronista, Cooke, que tal vez haya leído al amauta, escribía: “una revolución requiere partido revolucionario, jefes revolucionarios y mito revolucionario por un lado, y la ocasión por el otro (…) Nosotros tenemos al Jefe revolucionario y el mito revolucionario: Perón. A través de la unificación y la labor organizativa estamos creando la fuerza revolucionaria. Después aprovecharemos la ocasión”. El máximo -sino único- referente de la izquierda peronista, dedicará toda su vida a traccionar al mito Perón hacia la revolución.

El golpe de Estado que inaugura la revolución fusiladora agudiza las contradicciones del movimiento peronista. Se establece entonces una visión compartida entre el líder del movimiento y quien será su emisario por los primeros años de exilio, de lo que sucedía y de la mejor manera de salir de la situación de represión extrema que sufría el pueblo en general y el pueblo peronista en particular. Hay en esta etapa de nacimiento de la Resistencia Peronista una coincidencia en las miradas del jefe y del emisario, o, al menos, un dejar hacer por parte del jefe, en lo que refiere a la lucha insurreccional y el protagonismo de los comandos de resistencia. Hay una valoración de que, como consecuencia de la proscripción y el ataque cruento por parte del régimen dictatorial a las bases peronistas “el peronismo se fortaleció durante dos años de persecuciones. El infortunio lo depuró, le permitió crear una mística de combate y una dinámica revolucionaria tendida hacia la terea insurreccional”, dirá Cooke.

A la luz de los sucesos posteriores, podemos pensar en que había una diferencia fundamental en el para qué de ese movimiento de resistencia que nacía. Nos arriesgamos a decir que para Cooke el movimiento de resistencia que se gestaba  representaba un fin en sí mismo, en el sentido que implicaba la base, la posibilidad, la condición necesaria para una liberación nacional y una revolución social en Argentina, que a partir de 1960 cuando Cooke se instala en Cuba, aparecen como hechos inescindibles. En este sentido se expresa Alicia Eguren en el primer prólogo a la publicación de la Correspondencia Perón-Cooke: “Cooke concebía el naciente movimiento de la resistencia, no como un espantadero para lograr la libertad de los jerarcas y el restablecimiento de la democracia burguesa, sino como inicio de la lucha revolucionaria de las mases bajo el signo mayoritariamente peronista del justicialismo, que acababa de fracasar en el poder y que avanzaba hacia el socialismo que, de manera intuitiva, asumían las masas”.

Ya no es posible, en el nuevo contexto, replicar el frente que en 1945 consiguió el triunfo del Partido Justicialista. La burguesía que lo había integrado e hizo posible en parte el triunfo electoral, ya no tenía lugar en él. La alianza de clases debía ser abandonada por un protagonismo del sujeto que le daba el potencial revolucionario y antagónico al movimiento: la clase obrera. Para Cooke, los líderes peronistas que aun pensaban en términos de la alianza original de 1945 eran “algo atrasaditos: algo así como 16 años”. Es más, aunque se pudiera recrear la alianza, Cooke sostenía que implicaba renunciar a la “razón de ser” del peronismo: “el antimperialismo y la revolución social”.

En cambio, y también mirando para atrás en la historia, para el jefe del movimiento, dicha resistencia puede pensarse como un medio para un fin, que llegó 18 años después con su regreso y que confirmó su destino el día en que echó a los Montoneros de la Plaza, como corolario y toma de posición ante una situación de enorme enfrentamiento entre la derecha y los sectores de la izquierda peronista que le reclamaban al general que estaba “lleno de gorilas el gobierno nacional”.

Es el contexto del golpe de Estado de 1955 el que radicaliza la visión de Cooke sobre el propio movimiento peronista y el que lo desplaza hacia un análisis cada vez más clasista de la realidad. Y va a ser la revolución cubana la que confirme el rumbo y cambie definitivamente su visión del proceso. Ya en 1964, cuando la correspondencia con Perón empezó a ser más esporádica y ya no era el único emisario indiscutible del general,  el Bebe afirma que la composición del movimiento puede ser policlasista, pero que nunca puede ser policlasista su posición ideológica: “Nosotros sabemos, claro está, que en el peronismo no todos son proletarios, que en parte está integrado por sectores de la burguesía. Pero, ¿quién ha dicho que porque el peronismo tenga una composición social policlasista su ideología es también policlasista  (…) La ideología revolucionaria es la única que dará soluciones”.

Luego de 1960 Cooke pierde cada vez más su centralidad política y la venia del General, al tiempo que, como afirma Miguel Mazzeo en El Hereje. Apuntes sobre John William Cooke, deja de considerarlo su jefe político. Hasta aquí, todos los esfuerzos del Bebe se basaban en la esperanza de que Perón abrazara una estrategia revolucionaria, o, al menos, de crearle el hecho revolucionario del que no pudiera abdicar.

En el tramo final de la correspondencia entre ambos, Cooke deja de escribir “mi querido jefe” y lo reemplaza por “mi querido general” al tiempo que Perón reformula el “mi querido amigo” por “mi querido Bebe”. Mazzeo relata que fue Horacio González el que leyó en la forma de llamarlo “Bebe”, en plena desavenencia política, una forma de decirle que infantilizaba el análisis político.

Parafraseando a Paulo Freire, decimos que la cabeza y el cuerpo sienten donde los pies pisan. Pisar y sentir, hacer parte de la revolución cubana, confirmar que era posible y que la revolución no podía ser en un solo país, fueron elementos decisivos para la radicalización del pensamiento de Cooke. Uno de sus últimos intentos por traccionar al general fue pedirle que se traslade desde la España franquista a la isla caribeña. Varias veces le escribió porque Perón ya no respondía con la misma asiduidad de los primeros años de la Resistencia.

La última vez que le pidió se traslade a la isla fue el 18 de octubre de 1962, desde París: “Traigo a Europa la misión de transmitirle, en nombre de la revolución cubana, una invitación fraternal y amplia. El comandante Fidel Castro lo invita a que visite Cuba, por el tiempo y las condiciones que Ud. Desee. Además, lo invita a que se vaya a vivir a Cuba, donde Ud. Será acogido como corresponde a su jerarquía de líder del pueblo argentina”. Cooke sabía de la potencia de vivir el proceso de la revolución; tal vez, si el general hubiera aceptado, la historia hubiese sido otra. Pero no, a pesar de apoyar discursivamente la revolución cubana, Perón permaneció en Puerta de Hierro durante toda la década del 60. Aunque el Perón de carne y hueso  se alejaba cada vez más del mito que pudiese encarnar un proceso revolucionario, aun habiendo sido de ser el artífice de la “única época en que el obrero fue feliz”, Cooke seguía insistiendo con Eva en que el peronismo debía ser revolucionario o no ser.

José Pablo Feinman en su novela La crítica de las armas reconstruye un intercambio imaginario que habrían tenido Rene Salamanca y Cooke. Aunque el autor se encargó de aclarar que los diálogos son ficcionales, bien podría haber sucedido si Cooke no hubiera muerto temprana y desgraciadamente en 1968. El pasaje de la novela resulta verosímil y permite leer/analizar ese momento a la luz de la historia. Cooke le habría dicho a Salamanca “me cagó en Perón, no sé qué piensa Perón ni me importa, hay que crearle una realidad revolucionaria que él no pueda rechazar, que advierta que sólo montándose sobre ella va a poder seguir siendo Perón”. La evidencia de que no se crearía el hecho revolucionario se agudiza con la muerte temprana de Cooke, en 1968, producto de un cáncer.

¿Qué planteos de Cooke nos iluminan el presente, siendo cuidadosos/as de no caer en calco ni copia del pensamiento revolucionario? Tal vez su crítica a la burocratización creciente, su claridad para entender el carácter antagonista de los sectores que se aliaron en 1945 para lograr el triunfo del Peronismo. Su convicción en la necesidad de protagonismo y perspectiva hegemónica de la propia clase trabajadora. La revolución socialista como horizonte que rija la práctica aquí y ahora. Su claridad de que no es posible un antimperialismo que no vaya de la mano con un anticapitalismo y la falacia de la función social del capital. Su relectura del marxismo desde y a partir de las tradiciones culturales e identitarias del pueblo argentino y latinoamericano. Su “de lo que se trata es de cambiar el sistema de estructuras y no las estructuras del sistema”. Su intransigencia, su rebeldía hasta el último minuto. Su atención puesta no sólo en la explotación, sino también en el “subdesarrollo cultural” y en la categoría de alienación, como bases fundamentales del capitalismo, a las que propone combatir desde una política revolucionaria asentada en el humanismo y la praxis desenajenadora.

El 21 de agosto de 1968, en su testamento escrito un mes antes de morir Cooke, le confesaba a Alicia Eguren: “yo viviré, como recuerdo, durante el tiempo que me tengan en su memoria las personas que de veras me han querido; y en la medida en que he dedicado mi vida a los ideales revolucionarios de la libertad humana, me perpetuaré en la obra de quienes continúen esa militancia”.

Recuperarlo no sólo como efeméride de una memoria estática sino como ejercicio militante cotidiano, es urgente porque como expresó Walter Benjamín en los tiempos sombríos del fascismo, si el enemigo triunfa, ni siquiera nuestros muertos estarán a salvo. Y el enemigo no ha cesado de vencer.

 

Libros consultados/ textos citados

-Correspondencia Perón-Cooke, Editorial Garnica, 1972

-Duhalde, Eduardo L (compilador), John William Cooke Obras Completas, Editorial Colihue, 2009, Buenos Aires)

-Gillespie, Richard, J. W. Cooke, El Peronismo alternativo, Editorial Cántaro, 1989, Buenos Aires

-Mazzeo Miguel, El Hereje. Apuntes sobre John William Cooke, Editorial El Colectivo, 2016, Buenos Aires

-Mazzeo Miguel, John William Cooke. Textos traspapelados (1957-1961), Editorial La Rosa Blindada, 2000, Buenos Aires)

 

 

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