El pensamiento revolucionario: carta de Cooke a compañeres del Movimiento Peronista

Desde La Habana, a inicios de los ’60, quien fuera el primer delegado personal de Perón reflexiona respecto a las tareas pendientes para los/as revolucionarios/as. Un mensaje que repercute en el hoy, y muestra la vigencia del pensamiento político de John William Cooke. 

Esta Carta* a un grupo de compañeres del Movimiento Peronista enviada desde La Habana en 1962, es una suerte de balance del panorama, las tareas y alertas que propone Cooke desde Cuba tras las elecciones de aquel año donde el peronismo (proscripto desde 1955) participó de los comicios en los que se elegían legisladores nacionales y provinciales, gobernadores y vicegobernadores. Entonces el peronismo (llamado Unión Popular, Tres Banderas, Partido Populista, etc., según el distrito) gana las gobernaciones de Tucumán, Santiago del Estero, Chaco, Río Negro y la de la Provincia de Buenos Aires, cuyo candidato a gobernador era el dirigente sindical textil, referente de la resistencia peronista, Andrés Framini.

Luego de los comicios, la tensión entre las Fuerzas Armadas (netamente antiperonistas) y el gobierno de Frondizi aumenta. El presidente interviene las localidades donde el peronismo se había impuesto. Finalmente, el 29 de marzo de 1962, once días después de las elecciones nacionales, los  militares le exigen la renuncia, reclamo que Frondizi rechaza con su célebre frase: “No renunciaré, no me suicidaré ni me iré del país”. Ese mismo 29 de marzo a las siete y media de la mañana el presidente, “custodiado” por el jefe de la Casa Militar, es trasladado en condición de detenido a la Isla Martín García. Se inicia así el cuarto golpe de Estado de nuestra historia, desde el 6 de septiembre de 1930.

En ese contexto Cooke escribe apurado porque el compañero que lleva la carta desde La Habana se va antes de lo previsto. En el texto enfatiza y alerta sobre un modo de accionar de cierto sector del peronismo que, habiendo sido siempre parte del ala más conciliadora e institucional del movimiento, históricamente distante del “izquierdismo”, se presenta ahora, luego la anulación de las elecciones de 1962 y del golpe, como parte de la izquierda revolucionaria de la que era parte Cooke y que por un tiempo pareció ser también la alternativa que elegía/ mandaba Perón desde Madrid.

Dice Cooke sobre el accionar de este sector sobre el que enfoca su crítica: “Y después de ir a derramar lágrimas sobre las sotanas de los cardenales y las botas de los militares, vieron con terror que hasta sus “ideas” caían por el polvo y el Peronismo “se volcaba a la izquierda”, como suelen decir los diarios. No les quedó más remedio que tratar de atajar la herejía izquierdista declarándola “exótica” o dedicarse a mantener su reflotada influencia sumándose a la corriente y proclamándose izquierdistas. Estos últimos creen que la izquierda es una “táctica” o una postura, una moda de Christian Dior, que hay que usar porque es la línea de temporada”.

La diferencia, explica, es que aquellos entienden como algo meramente táctico la revolución y la lucha de clases “Ese pensamiento puede sintetizarse así: estábamos empeñados en una política conciliatoria, el gorilismo nos ha arrojado a la proscripción; no nos queda más remedio que tomar una línea revolucionaria” y agrega “todas sus declaraciones se ajustan a ese modo de pensar, que si podía explicarse cuando tenían la esperanza de que respetasen nuestros derechos cívicos, ahora no puede justificarse por razones tácticas y, lo que es gravísimo, desnaturaliza los motivos reales de la línea revolucionaria trazada, presentándola (tal como lo dicen los derechistas) como una táctica, como una reacción contra la agresión oligárquica”.

Para cuando Cooke escribe, ya se había armado el Programa de Huerta Grande (que compartimos al final) y que es uno de los documentos/propuestas más radicalizados de estos años de militancia de la resistencia peronista.

Sobre el final de su carta, Cooke no deja dudas sobre lo que la tarea revolucionaria demanda: “El bartoleo ideológico, la improvisación organizativa ya no son posibles. Son incompatibles con el programa trazado, que no es solo un conjunto de medidas solamente, sino ademas una definición  ideológica que exige profundizar la teoría revolucionaria y crear formas organizativas y plantear tácticas de lucha correctas. Cada dirigente de derecha que quede emboscado es un estorbo, que opondrá la fuerza de la inercia al avance del peronismo y estará a la espera del resquicio que le permita insistir en sus planteos reformistas”.

Señala una y mil veces la diferencia entre los burócratas disfrazados de izquierdistas y los/as revolucionarios/as: “está bien que un burócrata crea que el reformismo y la revolución son tácticas simplemente, lo mismo que el concepto de la conciliación y lucha de clases. Pero un dirigente revolucionario, que sabe que una política de izquierda tiene exigencias que son cualitativamente diferentes, no puede admitir que con cambiar los conceptos retóricamente y repetir algunas frases izquierdistas ha nacido un revolucionario y desaparecido un burgués”.

En uno de los pasajes más lindos de la extensa carta habla del pensamiento revolucionario y dice que este parte de una concepción dialéctica: “ningún acierto es definitivo: haber tenido razón ayer no significa tenerla hoy, ni la verdad descubierta ayer permanece invariable y, participando de su inmutabilidad, nuestro acierto en el pasado”.

Por todo esto, vale la pena leer o releer cada párrafo. Cooke sigue vigente para pensar el presente en clave revolucionaria, en un contexto de fuerte desafío ante una avanzada conservadora que muestra en la región su faceta más peligrosa: el fascismo.

EL PROGRAMA DE HUERTA GRANDE

  1. Nacionalizar todos los bancos y establecer un sistema bancario estatal y centralizado.
  2. Implantar el control estatal sobre el comercio exterior.
  3. Nacionalizar los sectores claves de la economía: siderurgia, electricidad, petróleo y frigoríficas.
  4. Prohibir toda exportación directa o indirecta de capitales.
  5. Desconocer los compromisos financieros del país, firmados a espaldas del pueblo.
  6. Prohibir toda importación competitiva con nuestra producción.
  7. Expropiar a la oligarquía terrateniente sin ningún tipo de compensación.
  8. Implantar el control obrero sobre la producción.
  9. Abolir el secreto comercial y fiscalizar rigurosamente las sociedades comerciales.
  10. Planificar el esfuerzo productivo en función de los intereses de la Nación y el Pueblo Argentino, fijando líneas de prioridades y estableciendo topes mínimos y máximos de producción.

* Forma parte del Tomo 3 de las obras completas de John William Cooke, compiladas por Eduardo Luis Duhalde y publicadas en 2009 en Argentina y se puede descargar completa acá.

Imagen de Ricardo Carpani

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