Voces desde la huelga en las cárceles

Desde el lunes 9 de Diciembre, quienes habitan la Cárcel de Devoto se sumaron a la huelga de hambre iniciada el 5 en las cárceles de la Provincia de Buenos Aires, pero que ya se extiende a  muchas unidades federales y provinciales del resto del País. El hacinamiento que padecen quienes están privados de libertad hace que la vida intramuros se vuelva un martirio. Los reclamos se sintetizan en que el Estado garantice los derechos que les corresponden: acceso a  la salud, al trabajo, a la educación, a recibir tratamientos individualizados (tal como establece la ley 24660) para acceder progresivamente al medio libre. Una psicóloga/o, denuncian quienes se encuentran privados de libertad, se supone que debe atender a 500 personas, al menos cada 15 días, cosa a todas luces imposible. Así es con todo, el acceso a la salud es algo impensado intramuros, cualquiera se puede morir de una gripe. Si no te mata el servicio, otro preso o una enfermedad, es pura cuestión de suerte, denuncian.

No se crean las condiciones para las tantas veces invocada “reinserción social”. El Estado, encarnado en los poderes ejecutivo, legislativo y judicial se rige más por la agenda mediática de la “inseguridad”,  por los pedidos de “fin a la puerta giratoria”, por más y más años de condena para que “se pudran en la cárcel”, que por Estado de derecho. De esta manera, no importa si adentro se acumulan cuerpos que no caben en el espacio carcelario y se violan sistemáticamente los derechos de los/as detenidos/as, lo que prima es que aquellos que son concebidos como monstruos de 5 cabezas no salgan. Es así como el Estado viola sistemáticamente  los derechos que debe garantizar.

El reclamo enfatiza el hacinamiento en que se vive en las cárceles federales  y provinciales, que exacerba la violencia que se desata intramuros y la violación sistemática de derechos. Esa superpoblación se vio agravada por la reforma que se realizó en 2017 de la Ley de Ejecución de la Pena (24660) en la que se restringen los beneficios para acceder al medio libre, lo que genera un uso abusivo de la prisión preventiva y atenta contra la morigeración de la pena de la que deben gozar quienes están privados/as de libertad.  También la sanción de la Ley de Flagrancia en 2016,  agravó la ya saturada capacidad de las cárceles.

En 2019, el Ministerio de Justicia de la Nación, a cargo de German Garavano, declaró la Emergencia Carcelaria, que el mismo Estado produjo al agravar la situación con la reforma de la 24660, pero nada hizo para solucionarla. Quienes están privados de libertad y forman parte del Centro Universitario de Devoto (CUD) demandan ser parte de la Comisión de Emergencia en Materia Penitenciaria que se creó con la declarada emergencia  carcelaria y se supone debe reunirse cada 15 días. “Además de ser parte del problema, somos parte de la solución” reclaman desde el CUD.

Lo más urgente es empezar a resolver el hacinamiento, haciendo uso de elementos que están previstos en la legislación, pero que no se cumplen: libertades o arrestos domiciliarios para los procesados sin condena (es decir, con prisión preventiva que en ningún caso puede superar los 2 años y debe ser la última opción, más en una situación de emergencia carcelaria), arrestos domiciliarios para los condenados sin sentencia firme, mejores condiciones de alojamiento carcelario y mayor celeridad en la tramitación de las causas penales.

El viernes, en el Centro Universitario de Devoto, no se realizó la tradicional fiesta de fin de cuatrimestre donde se entregan los diplomas a quienes estudian allí. En cambio, se socializó la situación de quienes están sosteniendo la huelga de hambre hace ya casi una semana. En ese marco, tomamos algunos testimonios que dan cuenta de la realidad que se vive, de la urgencia por abandonar la idea de que el castigo es la única salida. La existencia del CUD además corre peligro porque la legislatura porteña votó el año pasado el traslado de la Cárcel de Devoto a Marcos Paz. Quienes están privados/as de libertad son sujetos/as de derecho,  es urgente que la vida intramuros pueda acercarse un poquito a los estándares mínimos de dignidad.

 

Testimonio de Maximiliano, (29 años)

Me encuentro privado de libertad en la UNIDAD 2 de Devoto. En este momento declaramos huelga de hambre para poder reclamar por derechos que nos corresponden que se están vulnerando. Eso tiene que ver con las libertades que no se cumplen, con los beneficios que no se dan. Uno de los puntos es la Ley 24660, el artículo 140 que es el estímulo educativo, que se da cuando haces un curso, una capacitación laboral, te adelantan los beneficios, la libertad transitoria, la asistida, y no se está cumpliendo. Lo que hacemos es una huelga de hambre pacífica y una batucada por día. No queremos molestar a los vecinos ni nada por el estilo, queremos ser escuchados. A nadie le gusta no comer, yo llevo 5 días sin comer, no me siento bien, estoy engripado, estoy decaído, por momentos me desmayo, a nosotros no nos gusta hacer esto. Peor bueno, tiene que haber una forma de que repercuta y que podamos ser escuchados porque siempre lo que se escucha es la parte mala, lo que transmiten los medios de comunicación, no la voz de nosotros. A mí no me gusta estar preso, tampoco me gustó meterme en las drogas ni nada por el estilo, y sin embargo me encontré con todo esto. Fue una decisión mí todo lo que me pasó en la vida  también, pero bueno, qué clase de decisión tiene un nene de 11 años que empieza a drogarse, no sé qué tanta decisión tiene, o qué lo lleva a drogarse. Lo fui descubriendo en el transcurso de este tiempo. Eso tiene que ver con la educación también.

La huelga de hambre no es una obligación, por lo menos en este lugar se trata de hablar para tomar conciencia. Nosotros proponemos y el que dispone, dispone y el que no, no. Se trata de un bien colectivo porque es para todos, incluso hay pibes que están con condenas muy largas que no llegan a gozar ninguno de esos beneficios que se están pidiendo, son para otras personas, pero comprenden la situación de superpoblación que está viviendo y la realidad de la cárcel y deciden hacer algo por los compañeros. Cualquiera se puede adherir a la huelga o no. Incluso hay pabellones que no se adhirieron y son respetados de la misma forma. Hay compañerismo. Es una huelga líquida así que se puede tomar mate, sopa o jugo. Y hay mucho compañerismo porque todos sabemos que a los pares de días te podes empezar a desmayar, se ven las caras. Acá por ejemplo si vas a atenderte en enfermería es un trámite, porque vos te podes estar muriendo que no te sacan, hasta que no te morís no te sacan. Si hay un compañero que está mal y nos damos cuenta en seguida estamos reclamando para que lo saquen, porque pareciera que funcionara así, si no reclamas, si no protestas por lo que querés o lo que necesitas te ignoran totalmente, si lo pedís bien, si le sacas una audiencia para que te atiendan nunca llega. Si le haces una denuncia te atienden en seguida y encima te tratan mal porque los denunciaste. Hay mucho compañerismo, están todos atentos a como está el otro, qué le pasa, cómo se siente y esas cuestiones. También apoyándonos en la familia, hacerle tomar conciencia a la familia de lo que estamos haciendo y decirle mirá no estoy comiendo. A mi mamá yo ni le conté, se enteró por los medios y casi se muere, me quería traer pollo, carne, le tuve que explicar, tomar conciencia de lo que estamos haciendo y una vez que  transmitís es algo entendible. Estamos hablando desde el marco de la ley, de lo que esta impuesto, así como nos la aplican a nosotros cuando estamos detenidos queremos que la apliquen cuando tenemos que gozar de algún beneficio. Que nos den la posibilidad de poder conocernos como personas, de poder crecer, ya basta de vigilar y castigar, castigar, castigar y castigando no aprendes, tomando conciencia sí, enseñando, ayudando, acompañando. Yo le hablaría directamente a la sociedad que no es tanto reprimir y castigar y lo que los medios de comunicación dicen y le enferman la cabeza: mira lo que hizo el chorro, mira lo que hizo el chorro, mira lo que hizo el chorro. Sale a robar un pibe y lo linchan en la calle, pero en realidad ese pibe se está drogando, y la droga es un negocio de la gente que está mucho más allá arriba de todos nosotros, que está exterminando a todo un grupo de pibes de la clase baja, y no están pudiendo ver eso, porque le meten eso en la cabeza, que somos nosotros, pero en realidad es un problema de la sociedad también. Pero los que están arriba saben cómo solucionar esta clase de problemas, saben que la educación es lo más fundamental para poder mejorar, pero el que está arriba para qué va a querer mejorar las cosas, para que va a querer que haya igualdad, no les conviene que haya igualdad, por eso siempre sigue siendo el sistema el mismo, la represión  y se siguen vulnerando los derechos.

 

El CUD

Y el CUD significa eso, empezar a descubrirme, a conocerme, a través de libros, a través de la experiencia de otros, a abrir la mente, leyendo, escribiendo, estudiando, empezar a ver otra realidad. A ver una realidad que no conocía, yo pensé que ser ladrón iba a ser para toda la vida. Que era lo que era y nada más. Sin embargo hoy descubro que sí puedo ser alguien, que sí puedo alcanzar una carrera. Llegar a la universidad para mí era algo imposible, a los 13 años ya había dejado el secundario, así que ya era imposible. Me empecé a encontrar con todas estas cosas, empezar a descubrirme, a sentirme bien, a gusto, aprender, a querer a ayudar, a querer transmitir lo que vivo, el CUD significa un lugar, como dicen, para reinsertarte en la sociedad, yo no lo llamaría reinsertarte en la sociedad porque somos parte de la sociedad,  nunca dejamos de ser parte, yo soy una persona pese a todos los errores. Te da la oportunidad de descubrirte como persona, de madurar, de crecer, de alcanzar tus sueños, tus metas. También estuve preso en unidades afuera, en Rawson, en Neuquén, en Chaco, allá se siente mucho la ausencia, son penales jodidos, de máxima seguridad, tienen otro régimen, te verdeguean, la requisa, el viaje, el camión, la distancia, estas solo, sin la familia. Acá poder estar haciendo todo esto, en pleno capital, teniendo a la familia cerca que te acompaña, que te apoya. Te quieren arrebatar eso, lo que uno mismo está construyendo, lo que todos estamos consiguiendo, nos arrebatan los sueños.

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