Alicia Eguren: una carta para el General

Alicia Eguren escribe en la revista Nuevo Hombre de octubre de 1971 una carta en la que detalla no sólo lo que se está viviendo, sino especialmente lo que se puede venir. Un testimonio descarnado y lúcido, entre los anuncios del horror y una apuesta a un mundo que ya no podría ser.

Por Juan Manuel Ciucci

Hay textos que nos permiten comprender el itinerario de una vida, las profundas convicciones que la fueron construyendo, su modo de ser y estar en este mundo. Volver a ellos es recuperar esa historia, y partir de ese conjunto de palabras hacia una comprensión más cabal de quien las volcó al papel.

En su “Carta al General Perón”, Alicia Eguren deja un testimonio vital de una concepción política que no le pertenece a ella solamente, sino que es expresión del sentir de muches que han recorrido un camino similar, que estaban por recorrerlo o que podemos estarlo haciendo hoy mismo. La principal referencia será sin dudas John William Cooke, su compañero de amor y militancia. Pero es también un espíritu de época el que habita el texto, y será por eso mismo que sigue estando tan vivo, en tiempo presente.

Publicada originalmente en el Número 12 de la Revista Nuevo Hombre correspondiente a la semana del 6 al 12 de octubre de 1971 (quizás parezca extraño reproducir de un modo tan exacto la fecha, pero en aquellos años intensos todo podía cambiar en un segundo), probablemente sea el texto más conocido de Alicia. Seguramente lo sea por el interlocutor elegido, pero también lo es por el alto desconocimiento que sobre su obra impera. Aún no se han recuperado sus trabajos como es debido, que transitan tanto el ensayo político, como el material periodístico o la poesía.

La carta será uno de los tantos artículos que Eguren publicará en el Año I de esta revista que buscaba representar las posiciones y los intereses de una izquierda revolucionaria que pudiera interpelar a un amplio sector de la sociedad. Sería la máxima expresión gráfica del Frente Antiimperialista por el Socialismo (FAS), experiencia comandada por el Partido Revolucionario de los Trabajadores – Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP) que intentó aunar esfuerzos con sectores del peronismo revolucionario. Alicia cumpliría allí un rol preponderante, que se vería plasmado también es su participación en los Congresos del FAS, donde sin embargo en la publicación subsiguiente se la presentaría como “Alicia Cooke”, parte del ocultamiento que sufrió detrás de otro ocultado.

 

Una carta para el General

La utilización de una misiva a Perón por parte de Eguren recupera sin dudas el accionar de Cooke, cuyo intercambio epistolar con el General se ha convertido con el paso de los años en uno de los materiales fundamentales para comprender al peronismo revolucionario. Esta publicación en una revista de circulación nacional sin embargo plasma la dificultad del dialogo con Perón por aquellos años, que el mismo Cooke sufrió en vida cuando el diálogo que habían establecido comenzó a convertirse lentamente en un monólogo.

Estas reflexiones de tinte personal Alicia elige hacerlas públicas, quizás como una manera de llegar a Perón de un modo más efectivo, o quizás para hacer visible para todes el debate que intenta imponerle. Mucho en común tienen estas cartas: ni Alicia ni John tratan a Perón con la impostada deferencia con que lo hacía la mayoría. Ambos se posicionan como interlocutores en un pie de igualdad, reconociendo su conducción, pero exigiéndole sus obligaciones en consecuencia.

El momento es sumamente complejo en nuestro país, ya que la avanzada de Lanusse con el “Gran Acuerdo Nacional” comienza a encontrar adeptos dentro del peronismo, que ven en esta salida “democrática” la oportunidad de recuperar poder al mismo tiempo que quitarle protagonismo a los sectores revolucionarios. “Abandonemos los confusos pasadizos, los interminables vericuetos en que todas las cartas se entrecruzan, todas las líneas, todas las respuestas, y finalmente solo el enemigo sale ganancioso de nuestras supuestas genialidades tácticas o estratégicas”, escribe Alicia. Es un golpe directo a la proverbial muñeca de Perón, que mantiene contento a todo el Movimiento, con una palabra distinta según cuadre en la ocasión.

Eguren cree que es tiempo de acción, y que el dilatismo beneficiará tan sólo al enemigo, como ha ocurrido desde 1955. No es fácil decirlo, ni mucho menos gratuito: gran parte del silencio de Perón a las misivas de Cooke se debe a este mismo reclamo. Exige una valentía y deber militante afrontar las consecuencias de decirle al conductor lo que debe ser dicho. Alicia recurre a una vieja y conocida historia para graficar lo que sucede, y cuál cree debe ser su accionar. “Aquí pasa como en el cuento del rey que se paseaba desnudo. Todos lo veían pero nadie se animaba a decirlo. Bien por el contrario, multiplicaban las adulaciones sobre la belleza de sus vestiduras. Hasta que un muchacho dijo: el rey está desnudo. Él sólo constató un hecho objetivo que los cortesanos, cada cual por intereses diversos o respectivos, callaban”. Será cuestión, pues, de dejar aquellos intereses y pasar a analizar objetivamente lo que está pasando y por pasar. Podría decir junto a Perón: “La única verdad es la realidad”.

 

Lo que vendrá: el valor de una profecía

La tensión existente en el Peronismo entre el aparato del Partido y la fuerza revolucionaria del Movimiento es permanente. En los documentos de la Acción Revolucionaria Peronista siempre estuvo presente este análisis, como así también en los escritos de Cooke. En esta carta, Alicia vuelve sobre este punto: “No es verdad que haya un solo peronismo. Hay un peronismo integrado, burgués, proimperialista, minoritario pero con la fuerza de los aparatos integrados al sistema. Hay un peronismo revolucionario, en desarrollo, al cual se suman nuevas generaciones de muchachos y muchachas que se acercan al movimiento por su identificación fundamental con la lucha del movimiento obrero, contra el sistema y contra sus burocracias”.

En su análisis, no sólo determina las diferencias dentro del peronismo, sino que también presenta las posibilidades que se le abren al Movimiento al poder organizar a una nueva generación que comienza a acercarse. En el vaivén en que comienza a convertirse la conducción de Perón, la autorización de algunos en desmedro de otres tiene una carga funesta. La tensión del momento no deja lugar a eufemismos: ése peronismo integrado sella “junto con la entrega del país el exterminio de los combatientes a quienes por otro lado se incita al combate”. Parte de la tragedia por venir esta resumida en esa frase, de una crudeza inusual para las misivas que pudiera el General recibir. Alicia es testigo de época y se arroga el derecho de decirle lo que está sucediendo, y lo que puede llegar a suceder.

En su carta también destaca el papel trascendental que tiene para todo el hemisferio lo que pase en la Argentina. Es por esto que es tan grave el accionar de la dirección del peronismo “proimperialista”, ya que no solo traiciona “a la revolución argentina, traiciona también a la revolución latinoamericana”. Esa derrota por venir comienza cuando conviven y ocupan lugares de poder dentro del movimiento sectores retardatarios, pues “sin moral revolucionaria no hay revolución, y, en coyunturas como la actual no habrá sino la destrucción del movimiento de masas más importante de América Latina”.

Su texto se vuelve profético, pero tan sólo por tener la valentía de observar la realidad y decir de frente lo que no se ha dicho. Es interesante en el análisis del hoy porque muchas de las preguntas en torno al “tercer Perón” y su manejo dentro del movimiento, están aquí plasmadas de un modo claro. Alicia le dice todo aquello que muches pensaban, sufrían, intuían. Nos da una respuesta de lo que Perón supo que podía pasar, y cómo accionó en consecuencia. Tiene aquí un papel del que no puede desembarazarse, carga de la prueba que asume Eguren con valentía. “Los peronistas bien que querríamos que Ud perteneciera a la raza de los inmortales. Pero no siendo así es presumible el destino del movimiento a su muerte, con direcciones en manos del enemigo”.

 

Lealtad a la Revolución

La estrategia esgrimida por Alicia es similar a la que empelaba Cooke en sus misivas: no discuten la conducción, sino las decisiones que toma quien conduce. Ambos vivieron los gobiernos peronistas, y saben de la capacidad de liderazgo de Perón. También comprenden su rol en el período histórico que están transitando, y que desconocerlo significa marginarse. Ya bastante lo han sido, como para simplificarle la tarea a los enemigos de dentro y fuera, que quieren (y aún hoy lo siguen haciendo) borrarlos del Movimiento.

Es por esto que se lo dejan de manifiesto a su interlocutor, algo que al mismo tiempo puede parecer extraño, y más para Perón. ¿Por qué alguien le diría al General que no lo discute, si no es para discutirlo? En esa fina línea se mueve la crítica presentada, porque los mayores elogios y las mayores críticas deben caer justamente sobe quien conduce. “En sus manos está acelerar el proceso revolucionario en el país y en el Continente o trancarlo y desviarlo y multiplicar sus dificultades”, le dirá Alicia, al tiempo que le advierte: “es una responsabilidad y un privilegio muy grandes”.

¿Qué hacer con ese privilegio?¿Cuál es el deber que le impone la historia en ese momento exacto que transita nuestramérica? Se abre una chance, que Alicia juzga fundamental: “si el general Perón hace limpieza, el peronismo, ahora más que nunca lo seguirá, y al peronismo toda la juventud revolucionaria del país, todos los actores progresistas, antiimperialistas, prosocialistas”. Sigue siendo el Movimiento el lugar indicado para la acción revolucionaria, capaz de convertirse en el frente de Liberación Nacional que precisa nuestro país, y que produciría un quiebre en el continente.

Las palabras finales de la carta también son proféticas, pero de un modo más cercano a la advertencia. “Considere, General, que mi lealtad, que no ha sido jamás enturbiada, es la lealtad a la revolución. Por ella combatirá un pueblo. Todos nosotros tenemos un deber irrevocable que cumplir, y deseamos cumplirlo dentro del peronismo”. Ese deber que la impulsa, será el que la aleje de las expresiones políticas del peronismo, y el que la terminará acercando a las expresiones de una izquierda revolucionaria dispuesta a entablar un diálogo con el peronismo revolucionario. La experiencia del FAS será quien mejor la contenga, y aunque breve y fallida, le permitirá establecer los puentes necesarios con el PRT.

Alicia presenta sin rodeos un análisis profundo de su tiempo, militando hasta lo imposible por la unidad revolucionaria. Deja constancia en su carta de cuál sería el costo que podía pagar el Pueblo si aquella oportunidad se desperdiciaba. Su trágico final, una entre 30000 desaparecides, da cuenta de ello. Conocerla es recuperarla, es sumarla a nuestra historia, volverla presente. Es luchar contra una estructura patriarcal de ocultamiento. Es creer que otro peronismo existe, es posible, que aún puede recuperar su vía revolucionaria. Quizás guarde Eguren, en su existir, algunas claves que nos permitan volver todo esto cierto. Quizás su guía no sea sólo una comprensión cabal del pasado que hemos vivido, sino fundamentalmente una acción del futuro que queremos (y debemos) construir.

 

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