Evocar a Walsh

Un día como hoy, pero que cayó viernes,  sin pandemia y hace 43 años, secuestraron y asesinaron a Rodolfo Walsh. 25 de Marzo de 1977. El tiempo, que casi se vuelve en vacío por momentos estos días de aislamiento, sumado al 24 de Marzo que acaba de pasar de un modo extraño, habilita la búsqueda de algún modo de recordarlo/pensarlo/evocarlo. El regreso al libro ORACIÓN. Carta a Vicki y otras elegías políticas de María Moreno para elegir sólo un fragmento. Intentar seleccionar. Dudar en que sea solo una parte. Este libro, tal como la palabra que le da nombre, resiente su fuerza emotiva  y su aura si se fragmenta. Tomando el recaudo de esta aclaración, decidir  transcribir una de los primeros pasajes. A modo de evocación, de  homenaje y de invitación a adentrarse en él (en el libro y en Rodolfo como militante, escritor y padre lejos de héroes impolutos). Pero también En Vicki. En Patricia. En les 30.000. (Por Antonella Alvarez)

 

Poner la hija*

Quizás debido a los publicitarios ojos verdes de “Tania” en Sierra Maestra y la sospecha de que en cada Venus de facultad porteña había un cuadro capaz de manejar con soltura una Halcón, en los años setenta se había hecho de la guerrillera una figura mítica (en realidad, cuando se decía guerrillera se estaba hablando de militantes políticas con diverso grado de compromiso en la lucha armada). Daniel Viglietti le cantaba con cierta zoncera cuando aún el personaje, fuertemente cargado de erotismo aunque, en la imaginación popular, inseparable de la idea de riesgo, no había sido asociado a una dimensión trágica sino a las sagas de doncellas guerreras de romances viejos: “la muchacha de mirada clara/ cabello corto/ la que salió en los diarios/ no sé su nombre […]/ pero la nombro: primavera./ Estudiante que faltaba a clase/ yo la recuerdo/ la que dijo la radio/ dijo su sombra[…]/ pero la veo: compañera […]”. Podía ser Vicki Walsh por el largo del cabello, por haber salido en los diarios, ser la que dijo la radio, la que ha dejado una sombra, la compañera. Pero nada más alejado de esos versos acompañados por una módica guitarra que el retrato que Rodolfo Walsh hace de su hija Vicki, luego de su muerte durante un enfrentamiento: tiene una precisión abrumadora, como si intentara más el ademán científico que el impacto de la retórica para dar cuenta de una verdad en detalles. Lo fija a través de dos textos: uno, Carta a Vicki, escrito cuando ya la corresponsal estaba muerta, y otro, Carta a mis amigos, escrita para sus compañeros  de militancia, que él traduce a “amigos” tal vez en el sentido político-militar de que hay amigos y enemigos. Carta a Vicki  forma parte de los papeles secuestrados por el grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) que allanó su casa en San Vicente. Una sobreviviente, Lila Pastoriza, pudo verla durante su cautiverio y arrancó esas páginas, que luego entregó a la viuda del escritor, Lilia Ferreyra. Consta de tres partes donde se consigna el día en que fueron escritas, registro que marca las sucesivas distancias cronológicas del acontecimiento trágico. En esas pausas puede sospecharse el espacio ganado por el dolor donde la herramienta familiar  –la escritura- parece volverse impotente pero continua. Carta a Vicki, leída en pendant con Carta a mis amigos, se convierte, a pesar de haber quedado oculta dentro de los papeles privados, en una carta abierta, al igual que las más excelsas piezas del género como Yo, el intelectual, donde Drieu La Rochelle explica su próximo suicidio ante los miembros de la Resistencia francesa que habría de juzgarlo y en la que el ademán retórico equivale a decir “me mato para adelantarme a vuestros planes mientras me burlo sustrayéndome a vuestras injurias en mi dignidad y desprecio final”, y Viva la muerte, de Fernando Arrabal, que incrimina al caudillo Francisco Franco por una novela familiar desfigurada en miniatura política de una Espala sojuzgada.

Carta a mis amigos, que se difundió entre los exiliados tres meses después de la muerte de Vicki, tiene el tono de un adelantarse a los hechos; en este caso, los de la interpretación, y hasta puede decirse que es una orden de interpretación. El texto construye en su ascetismo un padre personaje que se recupera y se asume como autor y lo hace sin anotar las pausas ni el horario que escanden Carta a Vicki pero que, en aquello que parece haber escrito de un tirón, deja la huella de ese sobreponerse como un triunfo más sobre su enemigo –Walsh imaginaba la máquina de escribir como un arma-. Escribe, como siempre, para desbaratar los planes de silenciarlo, pero también con la necesidad perentoria –ahora tristemente fuera de la demanda de una hora de cierre como lo haría en una entrevista o un diario- por inscribir a la hija en un quién es quién de un sino radicalmente distinto al original que hace el catálogo de los privilegiados: “Fue a militar a una villa miseria. Era su primer contacto con la pobreza extrema en cuyo nombre combatía. Salió de esa experiencia convertida a un ascetismo que impresionaba. Su marido, Emiliano Costa, fue detenido  a principios de 1975 y no lo vio más. La hija de amos nació poco después. El último año fue muy duro. El sentido del deber la llevó a relegar toda gratificación individual, a empeñarse mucho más allá de sus fuerzas físicas. Como tantos muchachos que repentinamente se volvieron adultos, anduvo a los saltos, huyendo de casa en casa. No se quejaba. Sólo su sonrisa se volvía un poco más desvaída. En las últimas semanas varios de sus compañeros fueron muertos; no pudo detenerse a llorarlos […]”. Hay que leer en voz alta esa letanía biográfica, la enumeración que intenta una síntesis de imágenes capaz de descomponer en muchos otros el verbo “militar”, verbo taimado que define la acción ante un enemigo, que en su forma sustantiva es la misma palabra (militar): “pobreza extrema en cuyo nombre combatía”, “sentido del deber”, “relegar toda gratificación”, “no se quejaba”. Es el modo de decir que la vida que Vicki se había quitado ya no le pertenecía y que ahora que ella era una compañera muerta, no había tiempo para detenerse a llorarla. A escribir o morir.

 

*Tomado de Oración. Carta a Vicki y otras elegías políticas de María Moreno

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