“Encontrar la realidad por los caminos de la fantasía” | Notas sobre José Carlos Mariátegui y el psicoanálisis

 

Por Pierina Ferretti

1.

En su estimulante libro titulado Marx y Freud en América latina. Política, psicoanálisis y religión en tiempos de terror [1], el filósofo y crítico literario Bruno Bosteels va recorriendo algunos momentos de la historia del marxismo y del psicoanálisis en el continente y, asumiendo lo que llama el “triple desencuentro” de Marx y Freud con América Latina, nos ofrece, en los distintos capítulos que componen el volumen, lecturas interpretativas que revisan críticamente ciertas recepciones de ambas tradiciones en el arte y literatura de la región.

El trabajo de Bosteels se aleja de las historias tradicionales del marxismo y del freudismo y no pretende ser un estudio lineal de cómo estas doctrinas arribaron al continente y se difundieron en distintos campos de la cultura. El autor opta, en cambio, por detenerse en ciertos momentos que le permiten mostrar las tensiones y elaboraciones provocadas por ambas tradiciones: José Martí, José Revueltas y León Rozitchner, son algunos de esos momentos. Sin embargo, en su original y productivo recorrido, no deja de extrañarse el nombre de quien podría ser fácilmente considerado como uno de los primeros marxistas locales en valorar favorablemente la obra de Freud y en plantear la complementariedad de psicoanálisis y marxismo; a saber, el socialista peruano, José Carlos Mariátegui.

La relación de Mariátegui con el psicoanálisis no ha sido atendida con suficiente profundidad [2], si bien para los estudiosos de su obra no pasa desapercibido su interés en las teorías del psiquiatra vienés [3]. En consideración de aquello, el propósito de este trabajo es revisitar la obra de Mariátegui fijando la atención en sus reflexiones sobre el psicoanálisis y, de esta manera, avanzar en la elaboración de un marco interpretativo que permita ubicarlas en el contexto de las relaciones entre psicoanálisis y marxismo en los años veinte del siglo pasado en América latina y, al mismo tiempo, destacar algunos puntos de la lectura que Mariátegui hace de las ideas de Sigmund Freud.

¿Cómo leyó Mariátegui el psicoanálisis y qué uso le dio?, ¿qué obras, revistas y autores lo informaron de las teorías psicoanalíticas?, ¿cómo vinculó psicoanálisis y marxismo?, ¿influyó de alguna manera el psicoanálisis en su propia escritura?, ¿en qué estaban por entonces las relaciones entre marxismo y psicoanálisis tanto en Europa, Estados Unidos y América Latina?, ¿qué particularidades tuvo la lectura de Mariátegui en ese cuadro histórico y teórico?

Una primera distinción se hace necesaria para abordar este tema y es la que Mariano Ben Plotkin en su Freud en las pampas…[4] realiza entre “movimiento psicoanalítico” y “cultura psiconalítica”. El primero, consistiría en la dimensión clínica del psicoanálisis, los profesionales (médicos, psiquiatras, criminólogos, psicólogos, etc.) y asociaciones psicoanalíticas oficiales que se constituyeron en su proceso de validación e institucionalización en el campo científico local. La “cultura psicoanalítica”, en cambio, sería mucho más amplia y estaría “definida como la manera en que metáforas y formas de pensar derivadas del psicoanálisis entran en la vida cotidiana” [5], y contendría “todos aquellos discursos y prácticas que derivan su legitimidad de una inspiración freudiana” [6].

Estudiar la relación de Mariátegui con el psicoanálisis es, ciertamente, entrar en este universo de la difusión del pensamiento freudiano y psicoanalítico más allá de las fronteras de la psiquiatría, que es el espacio en el que se sitúa no solo el marxista peruano, sino un conjunto de intelectuales que, como bien anota Rubén Gallo en su estudio Freud en México…, desde la década del veinte del siglo pasado recurren al psicoanálisis para interpretar la realidad latinoamericana [7].

2.

En septiembre de 1926 José Carlos Mariátegui concretaba un proyecto largamente esperado: la publicación de una revista de cultura y política que congregara a la nueva generación de intelectuales críticos peruanos, que funcionara como centro de organización de la cultura de las clases subalternas y que sirviera como instrumento de confrontación y “asedio” a los intelectuales y medios de cultura de la oligarquía [8]. Amauta nacía entonces como órgano de modernización cultural y concentración de voluntades de renovación social en el contexto de la crisis del pacto de la llamada “República aristocrática” [9] y de la emergencia de proyectos de nación en disputa, orientados por marcos ideológicos diversos, que iban desde socialismo revolucionario al nacionalismo conservador, pasando por el antimperialismo y el populismo [10].

Pues bien, en esta acta de nacimiento que es el primer número de Amauta, Mariátegui publica una traducción, realizada especialmente para la revista, del texto “Resistencias al psicoanálisis” de Sigmund Freud [11]. ¿Cómo puede leerse esa inclusión? ¿qué hacía Freud en número inaugural del órgano de la nueva generación peruana dirigido por un marxista “convicto y confeso”?

Un elemento que nos puede ayudar a comprender el significado de este gesto de Mariátegui al incluir a Freud en el primer número de su revista, es indagar en el estado de la relación entre marxismo y psicoanálisis tanto en Europa como en América latina por esos años.

En esta materia, documentados estudios coinciden en la recepción favorable y entusiasta que tuvo el psicoanálisis en los primeros años de la Revolución Rusa, así como en la temprana caída en desgracia del freudismo en el país de los soviets [12]. Es probable que Mariátegui haya conocido los vaivenes de la relación entre psicoanálisis y Estado soviético no solo por la información que pudo haberle aportado Honorio Delgado, psicoanalista peruano del que hablaremos a continuación, quien estudió con Freud en Viena y conoció a algunos de los principales freudomarxistas de ese periodo, sino porque, de acuerdo a lo relatado por Estuardo Núñez [13], cercano colaborador de Mariátegui en los años de Amauta, este recibía regularmente en su casa, entre muchas otras publicaciones internacionales, la revista Unter dem Banner des Marxismus (Bajo la bandera del marxismo), en la cual se desarrolló desde 1925 hasta los años treinta una dura polémica contra el psicoanálisis por parte de intelectuales soviéticos y alemanes. Por dar un ejemplo, la psicología de Freud era sindicada como “una caótica mescolanza de diversas orientaciones de la filosofía burguesa” [14] y el propio psiquiatra vienés era tildado de profeta de la decadencia capitalista [15], como muestra el estudio de Guillermo Delahanty, Psicoanálisis y marxismo, en el que analiza esta polémica [16].

En América Latina, las relaciones entre psicoanálisis y marxismo no andaban mucho mejor. Si bien la Tercera Internacional no fue hegemónica en sus dictados hasta que se realizó la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana en 1929, la cultura socialista, muy dominante en países como Argentina, era de raíz fuertemente positivista y casi naturalmente opuesta al psicoanálisis. En ese marco, dos de las figuras más importantes tanto para el pensamiento socialista y marxista como para la psicología argentina —José Ingenieros y Aníbal Ponce— fueron reacios a las teorías de Freud.

Según nos informa Hugo Vezzetti en su libro Aventuras de Freud en el país de los argentinos, “Ingenieros se refiere muy pocas veces a Freud, y cuando lo hace deja expuesto el repertorio de argumentos que constituirán, durante muchos años, el núcleo de la resistencia al freudismo” [17]. El socialista argentino, agrega Vezzetti, acusaba al psicoanálisis de “pansexualismo y ‘mundanización’” [18], mientras que su discípulo Aníbal Ponce, quien por entonces daba clases de psicología en el Instituto Nacional de Profesorado, dedicaba varios artículos en la revista Hogar y en la Revista de filosofía a la crítica de Freud. [19] Ambas publicaciones eran recibidas regularmente por Mariátegui.

Ahora bien, más allá de esta crítica de intelectuales representativos de la izquierda socialista y comunista, de profunda raigambre positivista, el psicoanálisis comenzaba a ingresar en América Latina, y lo hacía, de acuerdo a lo que podemos leer en estudios como los de Rubén Gallo, Hugo Vezzetti y Mariano Ben Plotkin, mediante tres vías fundamentales, no excluyentes ni claramente delimitadas entre sí: por la vía de la psiquiatría y de la psicología, por la vía de los intelectuales y artistas de vanguardia y por la vía de medios de divulgación, diarios, revistas y libros, destinados a un público masivo.

Presumiblemente, los primeros lectores de Freud en países como Chile, Perú y Argentina fueron psiquiatras, criminólogos, psicólogos y jueces, y la historia de su recepción en esos espacios coincide con la historia de las asociaciones psicoanalíticas locales. Ahora bien, de acuerdo a los estudios citados, otra recepción temprana del psicoanálisis —que en algunos lugares incluso se adelantó a la ocurrida en el campo médico— se produjo en ambientes artísticos y culturales de vanguardia. Esta vía habría sido predominante en México y Brasil, países en los que, según Gallo y Plotkin, antes de que los psiquiatras se interesaran en la obra de Freud, lo hicieron ensayistas, escritores, pintores y poetas, incorporando un freudismo laxo que les servía como referencia cultural moderna y rupturista con el orden de la racionalidad positivista y oligárquica. También en esta línea se encontrarían los intelectuales que ejercitaban el ensayismo crítico y que se empeñaban en ofrecer interpretaciones psicosociales de esa jabonosa cuestión llamada “identidad latinoamericana”, al estilo de Ezequiel Martínez Estrada en Radiografía de la Pampa o de Samuel Ramos en Perfil del hombre y de la cultura en México. “En esos años —dice Gallo—, el psicoanálisis se ubicó como el modelo preferido para sondear en la cultura nacional, para diagnosticar sus patologías y proponer soluciones terapéuticas” [20].

Pero el psicoanálisis se integraba también —paralelamente a estos circuitos letrados, artísticos y científicos— a un tercer espacio vinculado a la vida cotidiana y a la cultura popular, mediante la divulgación de algo así como un “psicoanálisis para las masas”, que no era una exposición rigurosa del pensamiento de Freud, sino más un conjunto de publicaciones diversas destinadas a ofrecer orientación psicológica a los habitantes de las grandes ciudades latinoamericanas preocupados por cuestiones como las rupturas amorosas, la histeria femenina o el comportamiento sexual de los jóvenes. Las investigaciones de Plotkin y Vezzetti ofrecen ejemplos muy interesantes de este psicoanálisis folletinesco, entre los que destaca el de Alberto Hidalgo, poeta vanguardista peruano, apreciado por Mariátegui y colaborador de Amauta, que asumió en Buenos Aires la tarea de escribir para la editorial Tor la serie Freud al alcance de todos, colección de diez volúmenes aparecidos entre mediados de los años treinta y cuarenta, en la que, escribiendo bajo el mote de “doctor Gómez Nerea”, aconsejaba a miles de lectores sobre diversos tópicos de sexualidad [21]. Plotkin plantea la hipótesis de que el psicoanálisis se instala en la cultura popular argentina como un elemento modernizador, como una “respuesta moderna a problemas modernos” [22] y es, precisamente, este carácter modernizante el que puede ayudarnos a comprender el lugar que el psicoanálisis pudo haber tenido en el esquema de Mariátegui.

3.

Teniendo estos elementos en consideración, podemos regresar al número inaugural de Amauta y a la pregunta por el significado de la aparición allí de “Resistencias al psicoanálisis”. Pensamos que este gesto mariateguiano puede entenderse como una contribución a la modernización de la cultura peruana mediante la difusión de perspectivas críticas al conservadurismo oligárquico y a sus intelectuales. Aquellos que en nombre de una estrecha concepción de tradición —coincidente con sus intereses de clase—, se oponían a las ideologías de vanguardia y de renovación estética y política —entre ellas el marxismo—, tildándolas de “exóticas” [23].

En la disputa cultural que Mariátegui venía desarrollando en el Perú contra la intelectualidad civilista, estrategia dentro de la cual la revista Amauta era una pieza clave, el texto de Freud, y el psicoanálisis en general, servían como crítica al conservadurismo moral de la cultura de la “República aristocrática” y, también, como defensa de lo “exótico” que, en tanto sirve a los fines de la renovación cultural y política, puede ser reclamado como “tradición” por aquellos grupos y clases que pugnan por cambiar el orden social.

Por último, y no menos importante, la inclusión de “Resistencias al psicoanálisis” puede leerse también como una advertencia respecto a los escollos que el marxismo tendría que sortear en el Perú. La interpretación materialista de la historia como elemento modernizador de la cultura local, encontraría allí —como el psicoanálisis había encontrado en Europa— numerosas trabas y objeciones, no solo de parte de los intelectuales orgánicos de la oligarquía tradicional, como era esperable, sino también de sectores de la llamada “nueva generación”, como podrá observarse dos años después en su ruptura con Víctor Raúl Haya de la Torre, episodio en el cual Mariátegui fue sindicado por el líder del APRA como “europeísta”, producto sus posiciones socialistas, desajustadas respecto a nuestra realidad y posibilidades según Haya.

Modernizar la cultura peruana, defender el derecho de la vanguardia a hacer propios todos los elementos ideológicos útiles para la renovación cultural y política y advertir las dificultades de ese empeño pueden ser algunos de los objetivos perseguidos por Mariátegui al publicar “Resistencias al psicoanálisis” en el primer número de Amauta.

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4.

Si nos preguntamos ahora —para seguir otra hebra de la relación de Mariátegui con el psicoanálisis—, cómo fue que nuestro autor tomó contacto con la obra de Freud, es preciso detenernos en la figura del psiquiatra peruano Honorio Delgado. Este último, fue uno de los principales introductores del psicoanálisis tanto en el Perú como en América latina y su amistad con Mariátegui se remontaba, según Estuardo Núñez, a 1917, época en la que este se inicaba en el periodismo crítico con la fundación de los periódicos  Nuestra época y La razón, y en la que Delgado publicaba sus primeros textos sobre psicoanálisis, los que eran, a su vez, los primeros sobre el tema que aparecían en castellano. [24]

Delgado y Mariátegui, aunque por razones bien distintas, marcharon a Europa en el mismo periodo y se frecuentaron durante la estadía del segundo en Berlín en 1923. Delgado había ido a realizar estudios de posgrado con Freud en Viena y a partir de allí entabló con el fundador del psicoanálisis una relación personal y un intercambio epistolar que incluyó, por ejemplo, el envío de objetos de la cultura mocha para la colección personal de piezas precolombinas de Freud [25]. Delgado, vale la pena destacarlo como un indicador de la valoración que el psiquiatra vienés le tenía, es el único latinoamericano que incluye en su “Historia del movimiento psicoanalítico” [26].

En Amauta se publicarán dos artículos de Delgado: “Por qué nos gustan los ojos” [27] y “Rehabilitación de la interpretación de los sueños” [28], sin embargo, casi al mismo tiempo en que aparecían estos textos y en que ofrecía al público limeño una biografía de Freud [29], el psiquiatra peruano comienza su alejamiento del psicoanálisis, que se convertirá, años más tarde, en oposición directa [30].

Por otro lado, el conocimiento del psicoanálisis que tuvo Mariátegui, probablemente se alimentó de lo aparecido en la Revista de occidente de Ortega y, a pesar de la opinión adversa de Ingenieros y Ponce, de lo publicado en la Revista de filosofía y en Hogar. Tenemos asimismo evidencia de que conocía los escritos de Jacques Rivière sobre la relación entre el psicoanálisis y la literatura de Proust aparecidos en La Nouvelle Revue Française y de que estaba al tanto de las relaciones entre el grupo surrealista y el psicoanálisis, cuestión le interesó particularmente y que puede rastrearse en su escritura. Además, y como veremos a continuación, está enterado y va a discutir directamente con el revisionismo de Henri de Man y Max Eastman, quienes hacen apelación directa al psicoanálisis para atacar al marxismo.

Por último, la interrogante acerca de qué textos de Freud leyó o pudo haber leído Mariátegui, puede ser contestada de manera parcial estudiando los rastros que se conservaron en su biblioteca. Si bien no podemos asumir a priori que leyó todos los volúmenes que tenía en su poder, la presencia de Freud entre sus libros puede considerarse al menos un indicador del interés que el psicoanálisis le despertaba. El trabajo de Harry Vanden sobre las influencias en la formación ideológica del socialista peruano, muestra que contaba con nueve tomos de las obras completas de Freud traducidos y editados por la Biblioteca Nueva de Madrid a partir de 1922 [31].

5.

Revisando los textos en los que Mariátegui se refiere a Freud y al psicoanálisis, podemos determinar que sus preocupaciones se agrupan dos grandes campos: la relación entre freudismo y marxismo y la relación entre psicoanálisis y arte. Respecto del primero —la relación entre marxismo y psicoanálisis—, la reflexión de Mariátegui se concentra en un conjunto de ensayos escritos entre 1928 y 1929 y reunidos luego como libro bajo el rótulo de Defensa del marxismo. Polémica revolucionaria [32]; pieza clave en la producción mariateguiana, pues en ella desarrolla sus heterodoxos puntos de vista sobre el marxismo en un momento en que, tras la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana, el movimiento obrero y los partidos socialistas y comunistas de la región comenzaban a orientarse de acuerdo a los dictados de Moscú.

Como apunta el profesor Osvaldo Fernández [33], Defensa del marxismo es un texto particular, pues, buscando intervenir en el espacio peruano y continental, Mariátegui hace uso de una polémica europea acerca de la supuesta “crisis del marxismo” y discute con un grupo de intelectuales, como Henri de Man, Max Eastman y Emile Vandervelde, que difícilmente iban a enterarse de las críticas que estaban recibiendo desde este rincón de Sudamérica.[34] Lo interesante allí es cómo Mariátegui utiliza las discusiones instaladas por estos críticos del marxismo para plantear sus propias concepciones, apoyándose para su propósito en una batería muy heterogénea y heterodoxa de autores, los que van desde el propio Marx a Bendetto Croce, o de Georges Sorel a Piero Gobetti, pasando también por Sigmund Freud.

La relación psicoanálisis y marxismo adquiere relevancia en Defensa…, pues tanto Henri de Man, en su Mas allá del marxismo (1926) como Max Eastam en su Marx y Lenin. La ciencia de la revolución (1927), preconizan la muerte o liquidación del canon de Marx recurriendo al psicoanálisis para demostrar su obsolescencia en relación a los aportes de la nueva psicología. Ante esto, uno de los objetivos de Mariátegui será mostrar que el psicoanálisis no niega el marxismo, sino que constituye una perspectiva convergente y que enriquece el análisis materialista de la historia.

Por ejemplo, frente las críticas de Henri de Man acerca del carácter economicista del marxismo, a su supuesto descubrimiento de que la lucha de clases está motivada más que por razones económicas por un “sentimiento de inferioridad” del proletariado y a su reclamo por la poca atención que el marxismo ha prestado a la dimensión psicológica del trabajo en las sociedades industriales, Mariátegui contesta que el canon de Marx “busca la causa económica “en último análisis”” [35] y que no puede reducirse arbitrariamente a “una explicación puramente econó­mica de los fenómenos” [36]. Tampoco acepta que el marxismo haya descuidado la dimensión psicológica del proletariado, y opone a De Man la figura de Georges Sorel, quien tempranamente prestó consideración a elementos psicológicos y sexuales de la lucha de clases en completa concordancia con el psicoanálisis [37]. Autores como Sorel, sostiene Mariátegui, son los que renuevan y recrean productivamente la teoría marxista, al contrario de quienes, como De Man, se adjudican con grandilocuencia su liquidación [38].

Mucho más atendibles le parecen los planteamientos de Max Eastman, intelectual norteamericano, quien luego de realizar una estadía en la Unión Soviética entre 1922 y 1924, se desencanta de la revolución y asume temporalmente posiciones trotskistas. “Eastman, —dice Mariátegui— que resentido con los bolcheviques, no está exento de móviles revisionistas, parte de puntos de vista distintos de los del escritor belga y, bajo varios aspectos, aporta a la crítica del marxis­mo una contribución más original. Henri de Man es un hereje del reformismo o la social-democracia; Max Eastman es un hereje de la Revolución” [39].

Bien miradas las cosas, se comprueba que Mariátegui asume varios puntos de la interpretación que Eastman hace de la relación entre freudismo y marxismo en su libro Marx, Lenin y la Ciencia de la revolución, volumen que el peruano cita largamente y sin mucha preocupación por cuestiones formales (al punto que unas comillas mal puestas han provocado que buenos conocedores de su obra le atribuyan con entusiasmo frases que no son suyas sino de Eastman [40]). Sin embargo, y más allá de esta anécdota, es justo reconocer que, leyendo al norteamericano, Mariátegui encuentra una manera de plantear las convergencias entre marxismo y psicoanálisis que, en buena parte, hace suya.

Freudismo y marxismo —sostiene el peruano—, aunque los discípulos de Freud y de Marx no sean todavía los más propensos a entenderlo y advertirlo, se emparentan, en sus distintos dominios, no sólo por lo que en sus teorías había de “humillación”, como dice Freud, para las concepciones idealistas de la humanidad, sino por su método frente a los problemas que abordan. [41]

Para describir ese método común entre freudismo y marxismo, copia una larga cita de Eastman que dice así:

Para curar los trastornos individuales —observa Max Eastman— el psicoanalista presta una atención particular a las deformaciones de la conciencia producidas por los móviles sexuales comprimidos. El marxista, que trata de curar los trastornos de la sociedad, presta una atención particular a las deformaciones engendradas por el hambre y el egoísmo. El vocablo “ideología” de Marx es simplemente un nombre que sirve para designar las deformaciones del pensamiento social y político producidas por los móviles comprimidos. Este vocablo traduce la idea de los freudianos, cuando hablan de racionalización, de substitución, de traspaso, de desplazamiento, de sublimación. La interpretación económica de la historia no es más que un psicoanálisis generalizado del espíritu social y político. [42]

Pareciera que la idea que mejor representa la lectura mariateguiana de la relación entre marxismo y psicoanálisis es la de la traducibilidad. En primer lugar, ambas teorías tienen como finalidad la cura. Una, la del individuo y, la otra, la de la sociedad. Luego, los conceptos centrales del psicoanálisis y del marxismo son traducibles de una a otra doctrina: deformaciones causadas por fuerzas reprimidas (individuales o colectivas), ideología y sublimación, la libido y la economía como sustratos profundos del comportamiento humano y social, son algunas de las claves de lectura que Mariátegui elabora utilizando las reflexiones de Eastman en las que muestra la convergencia, la complementariedad y, en particular, la traducibilidad entre psicoanálisis y marxismo.

La argumentación del socialista peruano culmina con una idea que discute directamente con las acusaciones de pansexualismo realizadas al psicoanálisis –y que perfectamente podía asociar con las críticas que Ingenieros y Ponce habían instalado en la cultura local—, las que a su vez equipara con las de paneconomicismo achacadas al canon de Marx. No solo son traducibles los conceptos centrales de ambas teorías, sino que también las críticas recibidas por una y otra son equivalentes:

La acusación de pan-sexualismo que encuentra la teoría de Freud, tiene un exacto equivalente en la acusación de pan-economicismo que haya todavía la doctrina de Marx. Aparte de que el concepto de economía en Marx es tan amplio y profundo como en Freud el de libido, el principio dialéctico en que se basa toda la concepción marxista excluía la reducción del proceso histórico a una pura mecánica económica. Y los marxistas pueden refutar y destruir la acusación de pan-economicismo, con la misma lógica con que Freud defendiendo el Psicoanálisis dice que “se le reprochó su pan-sexualismo, aunque el estudio psicoanalítico de los instintos hubiese sido siempre rigurosamente dualista y no hubiese jamás dejado de reconocer, al lado de los apetitos sexuales, otros móviles bastante potentes para producir el rechazo del instinto sexual”. [43]

El marxismo y el psicoanálisis, alega Mariátegui, son irreductibles a una sola dimensión de la vida psíquica o de la vida social, como quieren hacer creer sus detractores. La defensa del psicoanálisis emprendida por Freud es, por ello, un modelo de defensa para el propio marxismo.

6.

Como señalábamos más arriba, el otro campo en el que el socialista peruano prestó atención al influjo del psicoanálisis fue el del arte y, en particular, a cierta literatura europea de la primera posguerra. Para nuestro autor, el psicoanálisis tiene un estatuto similar al surrealismo en tanto manifestación cultural que se opone al cientificismo ochocentista, que expresa la decadencia de la civilización burguesa y que muestra los gérmenes de una nueva cultura. Distingue, además, un concepto activo de psicoanálisis asociado a la teoría y la clínica, de otro pasivo, más extenso y laxo, que es producto de las transformaciones culturales que desestabilizaban al sujeto moderno y ponían en jaque el humanismo racionalista. En el texto “El freudismo en la literatura contemporánea”, sostiene lo siguiente:

[…]en efecto, el freudismo resulta incontestablemente una idea novecentista. El germen de la teoría de Freud estaba en la conciencia del mundo, desde antes del advenimiento oficial del Psicoanálisis. El freudismo teórico, conceptual, activo, se ha propagado rápidamente por haber coincidido con un freudismo potencial, latente, pasivo. Freud no ha sido sino el agente, el instrumento de una revelación que tenía que encontrar quien la expresara racional y científicamente, pero de la que en nuestra civilización existía ya el presentimiento. Esto no disminuye naturalmente el mérito del descubrimiento de Freud. Por el contrario lo engrandece. La función del genio parece ser, precisamente, la de formular el pensamiento, la de traducir la intuición de una época. [44]

De los espacios en los que ese freudismo potencial, latente y pasivo se expresó, Mariátegui pondrá atención en la literatura que fue freudista antes de que el psicoanálisis se elevara a teoría legitimada y los casos en los que se detiene con mayor provecho son los de Luigi Pirandello y Marcel Proust. El peruano siguió en su interpretación la hipótesis de Jaques Rivière sobre la existencia de un freudismo previo al conocimiento de Freud en la literatura del autor de El tiempo recobrado y que, para Mariátegui, era aplicable como criterio a toda una sección de la literatura europea del primer tercio de siglo, en la que los nombres de Pirandello y Proust despuntaban. “La actitud freudista de la literatura contemporánea aparece evidente, mucho antes de que los estudios de Freud se vulgarizaran entre los hombres de letras. En un tiempo en que la tesis de Freud era apenas notoria a un público de psiquiatras, Pirandello y Proust —por no citar sino dos nombres sumos— presentan en su obra, rasgos bien netos de freudismo” [45].

Para Mariátegui, esos “rasgos bien netos de freudismo” serían, en lo fundamental, elementos asociados a la capacidad de penetrar en las nuevas formas de subjetividad producidas por el estado de crisis de la civilización burguesa:

Pirandello —sostiene el peruano— ha hecho siempre psicología freudista en su literatura. No es por un mero deporte anti-racionalista que su obra constituye una sátira acérrima, un ataque sañudo a la antigua concepción de la personalidad o psiquis humana […] El teatro de Pirandello —agrega Mariátegui y esto será central— niega el carácter. Niega su continuidad. Niega su coherencia. Pirandello, al revés de los dramaturgos pasados, nos presenta en sus piezas al no-carácter. Ya no se dice que sus personajes son inverosímiles; pero sí que son personajes de excepción, sin humanidad. ¿De excepción? Bueno. Pero sin humanidad, no. En todo caso, explicando este aspecto de Pirandello con una paradoja, se podría decir que sus personajes son de una inhumanidad muy humanos.[46]

Mariátegui como lector de Pirandello destaca un punto que nos parece indicativo de sus preocupaciones psicoanalíticas: la cuestión del “no carácter”, de la negación de la coherencia de los personajes y, en definitiva, de la desestabilización, del descentramiento del sujeto en la modernidad [47]. Es interesante advertir que, a pesar de que se ha tendido a colocar al socialista peruano del lado del humanismo (crítico, radical, de izquierdas, pero humanismo al fin), mira con mucho interés, y en parte asume, esta crítica del humanismo. Ese “ataque sañudo a la antigua concepción de la personalidad”, la subjetividad fragmentada, quebrada, atravesada por los discursos del poder, va a preocupar a Mariátegui al punto de constituir el principal o uno de los principales móviles de su propio ejercicio de ficción.

7.

La novela y la vida. Sigfried y el profesor Canella [48], es el título del cuento largo o novela corta escrito por Mariátegui entre 1929 y 1930, en un tiempo muy intenso de su actividad política, marcado por la polémica con la Internacional, por la derrota de sus posiciones al interior del Partido Socialista del Perú —del cual era todavía Secretario General—, por la ruptura con Haya de la Torre y, también, por algunos avances en la organización de las clases subalternas peruanas en las que se involucró personalmente, como la fundación de la Central General de Trabajadores Peruanos, que firma su acta de nacimiento en 1929 [49].

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En este vertiginosos último año de su vida, Mariátegui publica La novela y la vida…, una interpretación ficcionada de un hecho que acontecía por entonces en Italia causando gran revuelo en la opinión pública: el caso del profesor Giulio Canella, quien habiendo sido dado por muerto erróneamente en la Primera Guerra Mundial, regresa a su país completamente amnésico y convertido en Mario Bruneri, obrero tipógrafo turinés quien sí había perdido la vida en combate. Canella pasa varios años bajo esta identidad hasta que en determinado momento sufre una crisis nerviosa, intenta suicidarse, queda nuevamente amnésico y es internado en un manicomio para ser posteriormente reclamado por dos mujeres como legítimo esposo, luego de que el periódico Il corriere della sera publicara una fotografía suya con el objetivo de que fuese reconocido por sus eventuales familiares.

El autor peruano se apoya en esta historia y escribe su pequeña novela; texto que es, desde varios puntos de vista, un ejercicio atípico en el conjunto de su obra, si consideramos que, una vez abandonados sus intentos de juventud, no había vuelto a la ficción; que el texto mismo es una “copia” o reescritura de una novela del escritor francés Jean Girardoux y, más importante aún, que su escritura muestra una marcada inclinación freudista, en el sentido que el propio Mariátegui asignaba a este adjetivo.

Interesante resulta conocer, gracias a una carta que envía a su amigo a Samuel Glusberg del 18 de febrero de 1930, a menos de dos meses de su prematura muerte, los planes que tenía Mariátegui respecto a la escritura de ficción.

No hago exclusivamente ensayos y artículos —cuenta a su amigo—. Tengo el proyecto de una novela peruana. Para realizarlo espero sólo un poco de tiempo y tranquilidad. He publicado, en fragmentos, en una de las revistas en que colaboro, un relato, mezcla de cuento y crónica, de ficción y realidad, que editaré si es posible en Santiago, como novela corta [50].

Sabemos que no tuvo ni el tiempo ni la tranquilidad para escribir su “novela peruana”, pero nos basta con La novela y la vida… para indagar con provecho en algunos elementos de la relación de Mariátegui con la ficción y con el psicoanálisis. Por ejemplo, en un artículo redactado por estas mismas fechas, nuestro autor da cuenta de uno de los móviles que lo llevaron a escribir sobre el caso Canella-Bruneri:

Yo buscaba entonces la explicación de este caso, tan indescifrable para la policía italiana, en la novela de Giraudoux, aunque no fuera sino para decepcionar a los que no creen que yo pueda entender sino marxistamente y, en todo caso, co­mo una ilustración de la teoría de la lucha de clases, L’apres-midi d’un faune de Debussy. [51]

Mariátegui quería mostrar con este ejercicio de ficción, que su sensibilidad literaria no se hallaba embrutecida por un chato materialismo, pero en este empeño, no deja de llamar la atención la estrategia elegida, pues su novela no solo se basa en un hecho “real” y mediático, sino que es, al mismo tiempo, una reescritura, una copia, o una “recreación heroica” como diría Alejandro Fielbaum [52], de Sigfried et le limousin de Jean Girardoux, pieza invocada por Mariátegui ya desde el subtítulo de su versión: Sigfried y el profesor Canella. El relato de Girardoux, publicado en 1923, era sorprendentemente similar al affaire Canella-Bruneri, y Mariátegui, al citar y recrear este caso, ocurrido primero en la imaginación del escritor francés y luego en la realidad histórica, buscaba reforzar su tesis de la supremacía de la ficción y de la imaginación frente al realismo positivista [53]. El caso del profesor Canella, contado antes por Girardoux, demuestra los límites del realismo., argüía Mariátegui. “La experiencia realista —apunta Mariátegui— no nos ha servido sino para demostrarnos que sólo podemos encontrar la realidad por los caminos de la fantasía” [54]. La fantasía tendría así un poder cognitivo superior al realismo naturalista literario o al positivismo científico. “La muerte del viejo realismo —insiste el crítico peruano— no ha perjudicado absolutamente el conocimiento de la realidad. Por el contrario, lo ha facilitado. Nos ha liberado de dogmas y de prejuicios que lo estrechaban. En lo inverosímil —remata—hay a veces más verdad, más humanidad que en lo verosímil” [55].

La tesis de la superioridad de la imaginación alcanza también el plano de la política, porque “ser revolucionario o renovador —señalaba en otro texto— es, desde este punto de vista, una consecuencia de ser más o menos imaginativo” [56]. Ficción y política, o, mejor, ficción y revolución, se aúnan para constituir una fórmula indisoluble cuyas consecuencias habría que seguir explorando [57].

En su reescritura de este caso, y para regresar a la cuestión del psicoanálisis, Mariátegui, además de defender su tesis sobre la dimensión cognitiva y política de la ficción, construye un personaje que, según sus propios criterios, podría calificarse perfectamente como pirandelliano. El profesor Guilio Canella, recreado por el socialista peruano, es un ser quebrado, fragmentado, sin memoria, carente de puntos de referencia e incapaz de rebelarse contra la personalidad le ha sido impuesta y de recuperar algo así como su “verdadera identidad”. Canella no tiene ya, luego de la experiencia de la guerra, un “yo” al cual apelar o al cual regresar, y aunque una fuerza inconsiente le impide acomodarse al personaje que le han asignado, con el que vive en permanente malestar al punto de intentar suicidarse, no le es dado tampoco recobrar algo de la memoria del profesor secundario, humanista y racional que era antes de ir al frente de batalla.

La novela y la vida…, se nos presenta entonces como una experimentación mariateguiana con la literatura freudista, en tanto su relato recoge los elementos que él mismo había señalado como centrales de esta corriente, como el problema del no-carácter y de la falta de coherencia de la personalidad. La novela y la vida… constituye, por ello, una de las mejores expresiones del freudismo mariateguiano, un freudismo laxo y de límites imprecisos, que le permitió llegar, por la vía de la imaginación y de la ficción, a escribir —desde su rincón en el Perú y en medio de las más duras batallas políticas que le tocó enfrentar—, su versión del drama de la identidad perdida, propia de las grandes y anónimas ciudades modernas que ya comenzaban a dibujarse en nuestro continente.

Mariátegui se muestra así, luego de este breve recorrido por algunos momentos específicos de su producción, como un eslabón temprano y original de la accidentada historia del freudomarxismo en América latina que vale la pena volver a visitar.

***

Pierina Ferretti: socióloga formada en la Universidad de Valparaíso, Magíster y Doctora (c) en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Chile. Su campo de investigación es la teoría crítica latinoamericana, particularmente las corrientes marxistas y feministas. Se especializa en el estudio de la relación entre neoliberalismo y procesos de producción de subjetividad.

*Una versión de este texto apareció con el título de “Mariátegui y el psicoanálisis” en escrituras americanas, vol. 2, núm. 2, primavera de 2017, pp. 34-57.

[1] Bosteels, Bruno. Marx y Freud en América Latina: Política, psicoanálisis y religión en los tiempos del Terror. Madrid: Akal, 2016.

[2] Entre los estudios existentes contamos: Mariátegui, Javier. “La presencia del psicoanálisis en Mariátegui”. Anuario Mariateguiano, no 7, 1996, pp. 163-166. Peña, Saúl. “Mariátegui y el psicoanálisis”. Anuario Mariateguiano, no 7, 1996, pp. 167-171. Rey de Castro, Álvaro. “Una identidad en busca de un personaje: el desmemoriado de Collengo en la versión de Mariátegui. Anuario Mariateguiano, no 7, 1996, pp. 172-178. Peña, Saúl. “Mariátegui, la revista Amauta y el psicoanálisis”. Utopía y praxis latinoamericana, no 77, 2017, pp. 67-76.

[3] Por ejemplo: Paris, Robert. La formación ideológica de José Carlos Mariátegui, México, Cuadernos Pasado y Presente, 1981. Núñez, Estuardo. La experiencia europea de José Carlos Mariátegui. Lima: Amauta, 1994. Vanden, Harry. Mariátegui. Influencias en su formación ideológica. Lima: Amauta, 1975.

[4] Plotkin, Mariano. Freud en las pampas. Orígenes y desarrollo de una cultura psicoanalítica en la Argentina (1910-1983). Buenos Aires: Sudamericana, 2003.

[5] Ibid., p. 14.

[6] Ibid., p. 13.

[7] Gallo, Rubén. Freud en México. Historia de un delirio. México: Fondo de Cultura Económica, 2013.

[8] Cfr. Mariátegui, José Carlos. “Presentación de Amauta”. En Mariátegui, José Carlos. Mariátegui total. Lima: Amauta, 1994, Tomo I, pp. 257-258. El sociólogo chileno Felipe Lagos habla de las empresas culturales de Mariátegui como “asedios al civilismo”. Lagos, Felipe. Las heterodoxias de la tradición en José Carlos Mariátegui. Marxismo y vanguardismo cultural en el Perú de los años veinte. Tesis para optar al grado de magíster en Estudios Latinoamericanos. Santiago: Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, 2009.

[9] Cfr. Burga, Manuel; Flores Galindo, Alberto. Apogeo y crisis de la República Aristocrática. Lima: Rickchay-Perú 1980.

[10] Cfr. Funes, Patricia. Salvar la nación. Intelectuales, cultura y política en los años veinte latinoamericanos, Buenos Aires: Prometeo, 2006.

[11] Freud, Sigmund. “Resistencias al psicoanálisis”. Amauta, no 1, 1926, pp. 11-13.

[12] Entre estos estudios se cuentan: Etkind, Alexander. Eros of the impossible: the history of psychoanalysis in Russia. Boulder: Westview Press, 1997; Delahanty, Guillerno. Psicoanálisis y marxismo. México: Plaza y Valdés, 1987; Roudinesco, Elisabeth. La batalla de los cien años: historia del psicoanálisis en Francia, 3 vols., Madrid: Fundamentos, 1988; Campusano, Felipe. Izquierda freudiana y marxismo, México: Grijalbo, 1979.

[13] Núñez, Estuardo. La experiencia europea… cit.

[14] Vladimir Jurinetz citado en Delahanty, Guillerno. Psicoanálisis y marxismo… p. 93.

[15] Ibid.

[16] August Thalheimer citado en Delahanty, Guillerno. Psicoanálisis y marxismo, p. 95

[17] Vezzetti, Hugo. Aventuras de Freud en el país de los argentinos. De José Ingenieros a Enrique Pichón Riviere. Buenos Aires: Paidós, 1996, p. 15.

[18] Ibid., p. 16.

[19] Ibid,. 164.

[20] Gallo, Rubén. Freud en México…, p. 120.

[21] De acuerdo a lo señalado por Sergio Piacentini “bajo el nombre del Dr. Gomez Nerea aparecen diez volúmenes desde mediados de los años 30 y a mediados de los años 40: Freud y el chiste equívoco, Freud y el misterio del sueño, Freud y el problema sexual, Freud y la higiene sexual, Freud y la histeria femenina, Freud y la perversión de las masas, Freud y las degeneraciones, Freud y los actos maníacos, Freud y los orígenes del sexo y Freud y su manera de curar”. Piacentini, Sergio. “El dr. Gomez Nerea y la apropiación literaria de los historiales de Freud” en https://www.aacademica.org/000-072/147.pdf [Agosto de 2017]Todos los títulos aparecen bajo el sello editorial Tor.

[22] Plotkin, Mariano. Freud en las pampas… p. 64.

[23] Mariátegui da estas discusiones en textos como “Lo nacional y lo exótico”. En Mariátegui, José Carlos. Mariátegui total. Lima: Amauta, 1994, Tomo I, pp. 289-291; “Nacionalismo y vanguardismo”. Ibid. pp. 307-310. “Heterodoxia de la tradición”. Ibid., 324-326; “La tradición nacional”. Ibid., p. 326-327, por nombrar algunos.

[24] De acuerdo al estudioso del psicoanálisis en Perú, Álvaro Rey de Castro, el primer libro sobre psicoanálisis escrito en español fue El psicoanálisis de Honorio Delgado publicado en 1919. Rey de Castro, Álvaro. “El psicoanálisis en el Perú: notas marginales”. Debates en sociología no 11, 1986, pp. 229-240.

[25] Cfr. Gallo, Rubén. Freud’s México. Into the wilds of psychoanalysis, Cambridge: MIT Press, 2010, pp. 245-246. La relación entre Delgado y Freud ha sido estudiada en Rey de Castro, Álvaro. “Freud y Honorio Delgado: Crónica de un desencuentro”. Hueso húmero nos 15-16, pp. 5-76.

[26] Gallo, Rubén. Freud’s México. Into the wilds of psychoanalysis…, p. 245.

[27] Delgado, Honorio. “Por qué nos gustan los ojos”. Amauta, no 2, 1926, pp. 27-28.

[28] Delgado, Honorio. “Rehabilitación de la interpretación de los sueños”. Amauta, no 7, 1927, pp. 7-12.

[29] Delgado, Honorio. Sigmund Freud. Lima: Southwell, 1926.

[30] Rey de Castro, Álvaro. “Freud y Honorio Delgado: Crónica de un desencuentro”. Cit.

[31] Vanden, Harry. Mariátegui. Influencias en su formación ideológica. Lima: Amauta, 1975. Los títulos que Vanden registra son: El chiste y su relación con el inconsciente, La histeria. Charcot. Un caso de curación hipnótica, Inhibición, síntoma y angustia, La interpretación de los sueños (Tomos I y II), Introducción al psicoanálisis, los actos fallidos y los sueños, Psicología de las masas y análisis del yo, Psicología de la vida erótica, Psicopatología de la vida cotidiana, Teoría general de la neurosis (Tomo 2).

[32] Mariátegui mismo preparó la edición e intentó, sin éxito, publicarla en Argentina, como se constata en las cartas que cruza con Samuel Glusberg el 10 y el 18 de enero de 1928. “Carta de José Carlos Mariátegui a Samuel Glusberg del 10 de enero de 1928”. En Mariátegui, José Carlos. Mariátegui total. Lima: Amauta, 1994, Tomo I, pp. 1874-1876; “Carta de Samuel Glusberg a José Carlos Mariátegui”. En Mariátegui, José Carlos. Mariátegui total. Lima: Amauta, 1994, Tomo I, pp. 1878-1879.

[33] Fernández, Osvaldo. Itinerario y Trayectos Heréticos de José Carlos Mariátegui. Santiago de Chile: Quimantú., 2010.

[34] Sobre esta cuestión, en un texto reciente, el investigador argentino Martín Bergel, interpreta este gesto de Mariátegui como una voluntad cosmopolita. “¿Pero en qué lectores pensaba el autor al intervenir contra el libro [Más allá del marxismo] que, traducido rápidamente a varios idiomas, se situaba a finales de la década de 1920 a la cabeza de la polémica mundial antimarxista –al menos la atendida por las izquierdas–? En contadas ocasiones Mariátegui brinda referencias incidentales relativas al público concreto que imaginaba para sus textos (sea la vanguardia del proletariado peruano, sea el más amplio y genérico campo que consumía semanarios de actualidad como Mundial o Variedades). Pero lo interesante de Defensa del marxismo es que allí se manifiesta ejemplarmente una actitud habitual de su escritura madura: la de suponerse de modo imaginario en diálogo con un público mundial”. Bergel, Martín. “Mariátegui y la Revolución Rusa”. Memoria, no 263, 2017, p. 28.

[35] Mariátegui, José Carlos. “La tentativa revisionista de Mas allá del marxismo”. En Mariátegui, José Carlos. Mariátegui total. Lima: Amauta, 1994, Tomo I, p. 1294.

[36] Ibid.

[37] Cfr. Mariátegui, José Carlos. “Henri de Man y la ‘crisis’ del marxismo”. En Mariátegui, José Carlos. Mariátegui total. Lima: Amauta, 1994, Tomo I, pp. 1291-1293; Mariátegui, José Carlos. “La tentativa revisionista de Mas allá del marxismo”. Ibid., pp. 1293-1295.

[38] Ibid.

[39] Mariátegui, José Carlos. “Freudismo y marxismo”. En Mariátegui, José Carlos. Mariátegui total. Lima: Amauta, 1994, Tomo I, p. 1310.

[40] Por ejemplo, Saúl Peña en “Mariátegui y el psicoanálisis” y en “Mariátegui, la revista Amauta y el psicoanálisis” le atribuye a Mariátegui la siguiente frase: “la interpretación económica de la historia no es más que un psicoanálisis generalizado del espíritu social y político”, que es de Eastman. Al no encontrar una edición en castellano que haya podido ser utilizada por Mariátegui, contrastamos las citas con la siguiente edición: Eastman, Max. Marx and Lenin. The science of revolution. New York: Albert and Charles Boni, 1927.

[41] Mariátegui, José Carlos. “Freudismo y marxismo”, p. 1311.

[42] Eastman, Max. Marx and Lenin. The science of revolution. Citado en Mariátegui, José Carlos. “Freudismo y marxismo”, p. 1311.

[43] Ibid.

[44] Mariátegui, José Carlos. “El freudismo en la literatura contemporánea”. En Mariátegui, José Carlos. Mariátegui total. Lima: Amauta, 1994, Tomo I, pp. 561.

[45] Ibid.

[46] Ibid., pp. 561-562.

[47] Estas anotaciones nos conectan con una reflexión que hace Bruno Bosteels sobre el psicoanálisis y que sería perfectamente aplicable a la reflexión mariateguiana. Para el crítico norteamericano, un aspecto medular de los planteamientos de Freud, en particular en los textos llamados “sociales” como El malestar en la cultura y Psicología de las masas y análisis del yo, es “una concepción radical de la falta estructural de adaptación de la especie humana y de la presencia de una semilla de no identidad al centro de cada identidad”. Bosteels, Bruno. Marx y Freud en América Latina… p. 18.

[48] Mariátegui, José Carlos. “La novela y la vida. Sigfried y el profesor Canella”. En Mariátegui, José Carlos. Mariátegui total. Lima: Amauta, 1994, Tomo I, pp. 1361-1374.

[49] Las polémicas con la Internacional y la ruptura con Haya son analizados en Flores Galindo, Alberto (1980). La agonía de Mariátegui. La Polémica con la Komitern. Lima: Editorial Desco; José Aricó, “Mariátegui y la Formación del Partido Socialista del Perú”. Socialismo y participación, no 11, 1980a, pp. 139–167 y Aricó, José (ed.). Mariátegui y los Orígenes del Marxismo Latinoamericano. México: Cuadernos Pasado y Presente, 1980b.

[50] Mariátegui, José Carlos. “Carta a Samuel Glusberg del 18 de febrero de 1930”. En Mariátegui, José Carlos. Mariátegui total. Lima: Amauta, 1994, Tomo I, p. 2076.

[51] Mariátegui, José Carlos. “Las novelas de Leonhard Frank”. En Mariátegui, José Carlos. Mariátegui total. Lima: Amauta, 1994, Tomo I, pp. 719-720.

[52] Fielbaum, Alejandro. Los bordes de la letra. Ensayos sobre teoría literaria latinoamericana en clave cosmopolita. Leiden: Almenara, 2017. En particular el capítulo titulado “Recreación heroica. Risa, originalidad y repetición en Mariátegui”, pp. 271-297.

[53] En el prólogo a la edición italiana de La novela y la vida, reproducido en Mariátegui total, Antonio Melis anota lo siguiente: “El tamiz de la novela francesa le sirve a Mariátegui no solo para una refinada operación inter-textual, ya aludida en la compleja operación entre el título y el subtítulo. Como se deduce ya de las primeras páginas, este exjercicio literario es el pretexto para volver a examinar una cuestión teórica que fascina al escritor peruano. En base a la célebre paradoja de Oscar Wilde, quien afirmó que es la naturaleza que imita al arte, y no lo contrario, Mariátegui enfoca su reflexión estética en el punto crucial de la relación entre realidad y ficción. Sensible a la revolución del lenguaje literario intentada por las vanguardias del novecientos, rechaza cualquier forma de naturalismo mimético y de populismo. Reivindica con fuerza, a contracorriente con respecto al campo marxista de su tiempo (al cual sin embargo pertenece) los derechos de la fantasía”. Melis, Antonio. “Elogio del conocimiento literario” en Mariátegui, José Carlos. Mariátegui total. Lima: Amauta, 1994, Tomo I, p. 1356.

[54] Mariátegui, José Carlos. “La realidad y la ficción”. En Mariátegui, José Carlos. Mariátegui total… p. 555.

[55] Ibid.

[56] Mariátegui, José Carlos. “La imaginación y el progreso”. En Mariátegui, José Carlos. Mariátegui total. Lima: Amauta, 1994, Tomo I, p. 505

[57] La tesis de Mariátegui nos recuerda la forma en la que un autor como Ricardo Piglia relaciona ficción, literatura, realidad y política. Cfr. Piglia, Ricardo. Crítica y ficción. Barcelona: Anagrama, 1986. El diálogo posible entre José Carlos Mariátegui y Ricardo Piglia a propósito de la relación entre política y ficción podría ser explorado con provecho.

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