Las herejías de Mariátegui: la sensibilidad vitalista y la noción de Mito

El vitalismo fue una atmósfera o sensibilidad antes que una determinada corriente de ideas. Ésta tuvo un lugar destacado en el período de entreguerras y dio cuenta de las grandes modificaciones que sufrió occidente a la salida de la I Guerra Mundial: no solo por la crisis terminal que sufre el positivismo, sino también por otros cambios como la aparición de la juventud como actor relevante (fe de ello dan los efectos extendidos por todo el continente de la Reforma Universitaria de 1918) o la profunda politización del mundo cultural e intelectual. El vitalismo se pregunta  qué es vivir la vida verdaderamente frente a la abulia y rutinización de la vida que produjo lo que Max Weber llamó “la jaula de hierro”. El objetivo de este trabajo es rastrear cómo a través de la noción de Mito, se hizo presente en la teoría revolucionaria de José Carlos Mariátegui.

 

Por Juan Martín Messiga Farizano

 

Con fuertes influencias de autores europeos como Henri Bergson, Friedrich Nietzsche, Georg Simmel o el herético George Sorel, el vitalismo fue una búsqueda estética y filosófica por lograr el reencantamiento con el mundo. Según María Pía López, en una obra fundamental para conocer la expresión nuestroamericana de esta sensibilidad, la misma fue heredera en su crítica “al momento racional de constitución de la subjetividad y de la cultura” (López, 2010:45) del romanticismo, corriente de la cual Michael Löwy asegura que se desprende una vertiente anticapitalista; el amauta peruano o Deodoro Roca, por citar dos nombres de fuste, pueden ser enmarcados en ambos lugares. Algo recurrente que sucede con el vitalismo es su asociación directa con el fascismo tal como lo hicieron Zeev Sternhell, Georg Lukács o incluso Juan José Sebreli. Pero es menester decir que ha sido transversal a las diferentes ideologías y movimientos políticos que han germinado en nuestra región en sus años de auge. Así nos encontramos con que los intelectuales antes mencionados (de raíz marxista y/o socialista antiimperialista), en veredas opuestas a un nacionalista oligárquico como es el devenir del otrora poeta libertario Leopoldo Lugones o un reformista admirador de la Revolución Rusa quien posteriormente fue uno de los filósofos estrella del primer peronismo como Carlos Astrada, convergen en esta sensibilidad deudora de las filosofías de la vida.

El vitalismo entonces debe ser considerado un llamado a la acción, a tomar a la vida como un fluir continuo y una creación incesante e indeterminada. Se opone a cualquier intento de subsumirla a una racionalidad que tras la confianza en el progreso, por demás previsible, y el férreo apego a la evolución técnica, eficiente y calculada, derivó en el horror de la I Guerra Mundial. Las consecuencias políticas de esta se vieron en la Revolución Rusa de 1917 y en el surgimiento del fascismo italiano en 1922 que dieron por tierra con el orden burgués liberal pergeñado a lo largo del S.XIX.

Nos encontramos así con una exploración en torno a la metafísica, donde adquieren relevancia la experiencia, los sentidos y una nueva postulación epistémica relacionada con la intuición. Ésta última se trata de “ir más acá del sentido común, a una percepción anterior, a efectos de ensancharla” y donde en palabras de Bergson “no tratamos de elevarnos por encima de la percepción de las cosas, sino que ahondamos en ella, para agrandarla en profundidad y altura” (López, 2010: 130). Allí el escritor tiene una tarea central que es trabajar en la creación de imágenes que medien entre éste y el lector para poder inyectarle la fuerza necesaria a las ideas con el objetivo de restituirle la vitalidad (valga la redundancia) y la unidad de movimiento-mutación a la vida. Así es cómo llegamos a la noción de mito, imagen fuerza a la cual recurre José Carlos Mariátegui.

 

El Mito en José Carlos Mariátegui

Podemos definir al mito como una construcción artificial que partiendo de una imagen anclada en fuerzas históricas es capaz de imprimirle vida y potencia creadora a todos aquellos a quienes se dirige; María Pía López lo sintetiza en la idea del mito como Imagen-Fuerza. Como la misma autora propone “el lenguaje de imágenes es el lenguaje del mito”, donde se da una coexistencia entre lo virtual y lo actual; lo virtual entendido en términos de la capacidad de despliegue que tienen esas fuerzas históricas sobre la realidad. También esto supone una articulación entre la memoria que se transforma en “recuerdos imágenes” y el presente. Debe decirse que dicha articulación tiene resultados imprevisibles, en contraposición con lo que puede esperarse de una elaboración similar, como es la idea de utopía que tiene componentes más prescriptivos y racionales. Si la utopía puede pensarse en términos de un programa con base en la razón y “pertenece a teóricos y dirigentes, no al pueblo trabajador” (García Salvatecci, 1979; 199) el mito es raíz e impulso producto del pueblo inmerso en la praxis, en la interrogación cotidiana de la experiencia; es imposible que pueda ser elaborado desde la contemplación.

Así, José Carlos Mariátegui, escritor peruano y nervadura fundamental en la historia del marxismo nuestroamericano, toma el concepto de mito en sus diferentes escritos para dar cuenta de ese período de decadencia del orden imperante en occidente donde los valores que la burguesía europea impuso desde la Revolución Francesa entran en una acelerada descomposición. El amauta incluso fue testigo de ello tras haber vivido cuatro años en Italia con la característica de haber visto al viejo continente recién salido de la cruenta Gran Guerra, esa que “No aparecía como una tragedia, como un cataclismo, sino más bien como un deporte, como un alcaloide o como un espectáculo” (Mariátegui, 1987:27) y haber presenciado el surgimiento del fascismo, una de las “dos concepciones de la vida” que se abren a partir de esa crisis; la otra es la revolución bolchevique. Huelga decir que la acepción de mito elaborada por el escritor peruano, es deudora directa del filósofo francés Georges Sorel. Este marxista heterodoxo  de finales del S.XIX e inicios del S.XX, desarrolló toda la producción teórica en torno al sindicalismo revolucionario donde, influenciado fuertemente por Bergson, postulaba que el mito de la clase obrera para hacer triunfar finalmente la revolución del proletariado era la Huelga General. Se entiende por esto, no tanto la consecución real de esta como acción empírica y verificable si no el desarrollo a partir de esa idea como acumulación de luchas parciales que ayudaría a lograr los objetivos dispuestos.

sorel

En el N°31 de la Revista Amauta, tras la muerte de su fundador, aparecen compilados bajo el título de “La Emoción de Nuestro Tiempo”, tres artículos que Mariátegui había publicado entre Enero y Marzo de 1925 en la Revista Mundial y que justamente versan con mucha fuerza en torno al mito: “El Hombre y el Mito”, “Dos concepciones de la vida” y “La Lucha Final”. Allí, el fundador del Partido Comunista Peruano (PCP), no solo se muestra como un fiel representante de la estética vitalista si no que traza un rápido recorrido de la civilización occidental que se inicia con los sucesos acaecidos en Francia en 1789 y el escenario abierto que se plantea ese mundo donde, reescribiendo la clásica frase de  Antonio Gramsci, lo viejo está terminando de morir y lo nuevo empieza a nacer, con los peligros que ello conlleva.

A la muerte de la Razón y la Libertad, verdades absolutas y trascendentes para el liberalismo decimonónico, Mariátegui le opone la urgencia de la restitución de una metafísica y las filosofías de la vida que son el futuro:

“Los filósofos nos aportan una verdad análoga a la de los poetas. La filosofía contemporánea ha barrido el mediocre edificio positivista. Ha esclarecido y demarcado los modestos confines de la razón. Y ha formulado las actuales teorías del Mito y de la Acción. Inútil es, según estas teorías, buscar una verdad absoluta. La verdad de hoy no será la verdad de mañana. Una verdad es válida sólo para una época. Contentémonos con una verdad relativa”

“Pero este lenguaje relativista no es asequible, no es inteligible para el vulgo. El vulgo no sutiliza tanto. El hombre se resiste a seguir una verdad mientras no la cree absoluta y suprema. Es en vano recomendarle la excelencia de la fe, del mito, de la acción. Hay que proponerle una fe, un mito, una acción. ¿Dónde encontrar el mito capaz de reanimar espiritualmente el orden que tramonta?”

(Mariátegui, El Alma Matinal, 1987: 26)

En esta cita de “El Hombre y El Mito” no sólo se trasluce a las claras la sensibilidad de la época, sino también la ponderación por el sujeto en la lucha y el barro que deja el estar en acción y concebir a la vida en estado de movimiento, uno de los objetivos centrales de los autores vitalistas. En consonancia con las características de dicha atmósfera, hay en la cita una reminiscencia al modo de conocer que mencionamos más arriba que es la intuición, esa profundización del sentido común plebeyo, de aquellas multitudes que encontrando el camino de la fé, “vive la realidad de una lucha final” (Mariátegui, 1987:30). Entonces, si los “profesionales de la Inteligencia”, como lo era él, pese a no considerarse en esos términos, pueden abstraerse y entender que las verdades son relativas, esto no es necesariamente así para el pueblo que sale a luchar, una urgencia propia de la etapa; no en vano y cita a Luis Bello tomando la frase “Conviene corregir a Descartes: combato, luego existo” (Mariátegui, 1987:21). Por eso dirá que “cada época quiere tener una intuición propia del mundo” (Mariátegui, 1987: 26), esto es, toda la historia está signada por la determinación material de las condiciones de existencia de los hombres y la constitución de su subjetividad.

En 1925, con la coyuntura antes descripta, Mariátegui considera que es la hora del proletariado, Así como Carlos Astrada escribe en “El Renacimiento del Mito” de 1921, Rusia “es el mito que ha fecundado la conciencia del mundo” (Astrada, 2007:129) y es inescindible del optimismo que reina en los revolucionarios. Por esto, el escritor peruano, ve una contraposición entre la clase obrera y la burguesía que no solo se traslada al campo de la lucha de clases, sino también en las fuerzas morales que posee cada una.

“Lo que más neta y claramente diferencia en esta época a la burguesía y al proletariado es el mito. La burguesía no tiene ya mito alguno. Se ha vuelto incrédula, escéptica, nihilista. El mito liberal renacentista, ha envejecido demasiado. El proletariado tiene un mito: la revolución social. Hacia ese mito se mueve con una fe vehemente y activa. La burguesía niega; el proletariado afirma. La inteligencia burguesa se entretiene en una crítica racionalista del método de la teoría, de la técnica de los revolucionarios. ¡Qué incomprensión! La fuerza de los revolucionarios no está en su ciencia; está en su fe, en su pasión, en su voluntad. Es una fuerza religiosa, mística, espiritual. Es la fuerza del Mito”. 

(Mariátegui, El Hombre y el Mito 1987:27)

Por supuesto que el mito tiene que ver no solo con la clase, si no con la particularidad de cada pueblo. Esta original interseccionalidad es por lo que el fundador de la Revista Amauta se ha caracterizado, entendiendo el cruce entre clase y nación más allá de los típicos esquemas marxistas de la época, lo que le valió varias polémicas mientras vivió y el haber sido desterrado durante tantísimos años del acervo histórico del socialismo nuestroamericano. Mariátegui condena el intento de resucitar épocas pasadas como pueden ser el Renacimiento y el ideal clásico o en el caso del fascismo, combinar el espíritu de la Contrarreforma y la idea liberal de Nación. Esos esfuerzos son estériles, ya que para el vitalismo “el pasado si ha muerto, no merece atención (…) el pasado está vivo cuando importa, cuando no puede declararse cerrado.” (López, 2010:127) es decir, su vitalidad depende de si cesa o no de producir efectos. Es por ello que así logramos comprender cuanto menos, el 6° punto de los “Principios Programáticos del Partido Socialista”[1] y cuando en su obra más conocida, los “7 Ensayos de la interpretación de la realidad peruana”, asegura que “dejando aparte las razones doctrinales, considero fundamentalmente este factor intestable y concreto que da un carácter peculiar a nuestro problema agrario: la supervivencia de la comunidad y de elementos de socialismo práctico en la agricultura y la vida indígenas” (Mariátegui, 2010:26). Es decir, cuando el amauta en su “Prólogo a la Tempestad en los Andes” de Luis Valcárcel, considera que el mito de la revolución socialista es lo que levanta el alma del indio, tiene que ver con una articulación de la memoria y los recuerdos imágenes con el presente y la certera posibilidad de concretarse en futuro.

En síntesis, el indio aún contiene elementos de un pasado que no está muerto y anida en su génesis el rol de sujeto revolucionario para subvertir la condición semicolonial y semifeudal del capitalismo en Perú y marchar hacia la Revolución Socialista, el Mito lleno de vitalidad que José Carlos Mariátegui considera que persiste en las multitudes de su país.

Retomando la caracterización que Carlos Beorlegui hace de él como parte fundante de un filosofar latinoamericano, considero que ésta guarda relación con la posibilidad de crear una original teoría revolucionaria. Sin escaparse del marxismo del cual se consideraba “convicto y confeso”, se permitía reforzarlo con lecturas y miradas pasibles de ser consideradas herejías pero que contribuyeron a crear una propuesta adecuada al país en el que le tocó desenvolver su praxis política. También hay que soslayar la crisis terminal del positivismo a la que hemos aludido anteriormente y que permite entender el contexto histórico en el que está escribiendo; es entonces cuando propuestas como la Intución para conocer y el Mito para actuar, se cuelan en la teoría del amauta, una verdadera provocación para el marxismo ortodoxo de la III Internacional.

***

Juan Martín Messiga Farizano:

Referencias Bibliográficas

  • Astrada, Carlos. Metafísica de La Pampa. Buenos Aires, Biblioteca Nacional,2007
  • García Salvatecci, Hugo, George Sorel y José Carlos Mariátegui, Lima, Editorial Universo, 1979
  • López, María Pía, Hacia la vida intensa: Una historia de la sensibilidad vitalista, Buenos Aires, EUDEBA, 2010
  • Mariátegui, José Carlos, El Alma Matinal y otras estaciones del hombre de hoy, Lima, Editorial Amauta, 1987
    • Ideología y Política, Lima, Editorial Amauta, 1984
    • 7 Ensayos de la Interpretación de la realidad peruana, Lima, Editorial Impacto Cultural, 2010

      

[1] 6º- El socialismo encuentra lo mismo en la subsistencia de las comunidades que en las grandes empresas agrícolas, los elementos de una solución socialista de la cuestión agraria, solución que tolerará en parte la explotación de la tierra por los pequeños agricultores ahí donde el yanaconazgo o la pequeña propiedad recomiendan dejar a la gestión individual, en tanto que se avanza en la gestión colectiva de la agricultura, las zonas donde ese género de explotación prevalece. Pero esto, lo mismo que el estímulo que se preste al libre resurgimiento del pueblo indígena, a la manifestación creadora de sus fuerzas y espíritus nativos, no significa en lo absoluto una romántica y anti-histórica tendencia de reconstrucción o resurrección del socialismo incaico, que correspondió a condiciones históricas completamente superadas, y del cual solo quedan, como factor aprovechable dentro de una técnica de producción perfectamente científica, los hábitos de cooperación y socialismo de los campesinos indígenas. El socialismo presupone la técnica, la ciencia, la etapa capitalistas, y no puede importar el menor retroceso en la adquisición de las conquistas de la civilización moderna, sino por el contrario la máxima y metódica aceleración de la incorporación de estas conquistas en la vida nacional.

(Mariátegui, Ideología y Política, 1984: 161)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: