Las almas repudian todo encierro

Obedecemos

En estado de excepción nos dicen que no queda otra. Obedecer

Pero ¿quién establece la norma?

Después de una primera oleada de optimismo, luego de seis semanas de distanciamiento social es hora de despegar del sillón. Como ya lo vienen haciendo desde antes muchas y muchos compañeros.

Las situaciones son variadas y trágicas, no tanto por las personas contagiadas de Coronavirus sino más bien por las consecuencias de las medidas, que dicen, preservan la vida

¿De qué vida hablamos? ¿qué modo de vida preserva?

Lo primero que se necesitó para lograr un grado alto de acatamiento es el miedo. Directo al hueso: la posibilidad de morir. Como segundo anclaje: el/la otra es un riesgo.

Alto combo miedo a morir más el de vecino o la vecina son el peligro.

La medida se torna como la única vía posible para frenar el virus, nos frenamos todxs…pero ¿todxs podemos hacerlo?

Parece que la movida preventiva es corta: desinfectar bien todo, no intercambiar fluidos y respetar las distancias…podemos cuestionar también las prescripciones médicas, pero acá quedaría ya sin tantos argumentos…vamos a dar una válida y pensar que estas son las únicas medidas posibles hasta ahora.

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De base para poder cumplirlas tenés que tener techo y, en el caso de tener familia, vivir en un espacio amplio, también entraría acá otro debate sobre los modos y lugares que habitamos, en su mayoría parecidos a cajas de zapatos. Por otro lado, contar con el dinero para solventar gastos de lavandina, alcohol y derivados. Y lo principal, trabajo en blanco para quedarte en casa y poder llenar la heladera.

¿Cuánta población cumple esos requisitos? Para el 2019, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) hizo público el índice oficial de pobreza: 35,4%.

El freno económico y de circulación hace que millones de personas que laburan en la economía popular y autogestionada se vean arrojados a una situación de extrema desesperación.

La respuesta: priorizar la vida a la economía ¿pero qué concepto de vida se nos plantea desde el Estado? ¿qué vidas se está resguardando?

Muchas organizaciones y personas NN salen a emparchar, invisibilizados, los baches que genera la medida del “Quedate en casa”. Paran la olla en esquinas y comedores donde vemos largas filas de personas que sostienen sus tuppers.

Y es agradable haber escuchado al presidente decir que ojalá esta pandemia nos haga repensar el modelo neoliberal que rige nuestras vidas, cuestionar al capitalismo y a los que más tienen…pero ¿qué estamos haciendo hoy para que eso suceda? ¿por qué no rediseñar una medida que contemple los cuidados necesarios pero que apunte a una visión comunitaria de contención?

Entonces los argumentos que aparecen es que las personas no cumplirían con los cuidados y aprovecharían para hacer cualquiera, como los primeros días vimos a los chetos queriendo refugiarse en Pinamar o moverse en sus coches de alta gama para sus mansiones. Habilita la represión y el buchoneo como única vía de control.

El virus viene a restregarnos en la cara, una vez más, que sufrirás la consecuencia según tu clase social ¿adivinen quiénes pierden? ¿adivinen quiénes acatan o a quién cagan a palos si lo encuentran en una moto haciendo entrega de comida porque se está muriendo de hambre?

La respuesta: las y los mismos de siempre.

Sumado a ello la condena de aislamiento. Vivís sola/o, pues ahora terminan los lazos sociales y se te circunscribe a la virtualidad. Pero acaso ¿las y los convivientes cómo hacen? Subyace también una manera de entender las relaciones humanas, la válida, la normativa ¿qué hay de quienes eligen o están en situación de vivir sin compañerx? ¿acaso es un delito querer tomar un mate (cada une con el suyo, no se asusten) con un amiga/o? ¿qué riesgo implica más que el ir a comprar al mercado?

El riesgo lo estamos corriendo, en múltiples sentidos. Hasta el de generar una conciencia crítica a lo que se nos presenta como única verdad. Es cómodo para quienes gozan de ciertos privilegios, solo basta preocuparse porque internet no se corte; para las barriadas es la única opción o el rati apostado en la manzana los descansará y hará saltar como ranas. Es nada para las y los ricos que gozan desde sus mansiones las comodidades que lograron a base de nuestras costillas y obediencia ciega.

La reflexión no puede dañar. No pretende ser una cómoda escritura de queja, sino una línea de pensamiento que nos permita mirar a las y los de al lado. Un llamado a organizar la vecindad, a compartir lo que se tiene, a tendernos la mano (perdón el codo) porque si nadie se salva sola/o pues es necesario crear lazos para sostenernos.

No quiero morir en el sillón, es una posibilidad de todos modos. Si corro riesgo al salir a comprar un arroz, prefiero correrlo participando de la olla de mi barrio y mirando a los ojos sin que intermedie una pantalla.

 

Texto por: América Cesarea 

Foto de portada: @pabloenruedas

Foto de texto: Patricio Murphy 

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