Una huelga general

1 De Mayo

En este día internacional, que desde 1886 nos remite casi inmediatamente a los Mártires de Chicago, aprovechamos para reivindicar (también) a todas esas trabajadoras invisibilizadas que, hace cientos de años, realizan trabajo no pago, mal llamado amor. Como parte de esta reivindicación,  compartimos una intervención de la feminista italiana Mariarosa Dalla Costa, en ocasión del lanzamiento de la Campaña por un Salario para el Trabajo Doméstico en Italia, en 1974. Feminista del sur global, Dalla Costa aporta claves para preguntar si en la historia mundial existió alguna vez una huelga general.

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Intervención I

Una huelga general

Esta es la parte final de un discurso pronunciado el 10 de marzo de 1974, durante una semana de acción organizada por el Comité Triveneto por un Salario para el Trabajo Doméstico, en conmemoración del Día Internacional de las Mujeres y a modo de lanzamiento de la campaña por un Salario para el Trabajo Doméstico en Italia.

Hoy, el Movimiento Feminista inaugura en Italia la campaña por un Salario para el Trabajo Doméstico. Como habréis oído en las canciones como habréis visto en la exposición fotográfica, como habréis leído en las pancartas, las cuestiones que estamos planteando hoy son muchas: las brutales condiciones en las que tenemos que enfrentarnos al aborto, el sadismo al que estamos sometidas en las clínicas de obstetricia y ginecología, nuestras condiciones  laborales –en los puestos de trabajo fuera del hogar nuestras condiciones son siempre perores que las de los hombres y en casa trabajamos sin salario-, el hecho de que los servicios sociales o no existen o son tan malos que nos da miedo dejar que nuestros hijos los utilicen, etcétera.

Ahora bien, llegados a este punto, habrá gente que pueda preguntar cuál es la conexión entre la campaña que estamos inaugurando hoy, la campaña por un Salario para el Trabajo Doméstico, y todas estas cosas que hemos planteado hoy, que hemos sacado a la luz y contra las que estamos luchando. Todas esas cosas de las que hemos hablado, sobre las que hemos compuesto canciones, que hemos mostrado en nuestra exposición y en películas.

Creemos que la debilidad de todas las mujeres –esa debilidad que está detrás de que se nos haya borrado de la historia, que está detrás de que, cuando dejamos el hogar debamos enfrentarnos a los trabajos más repugnantes, infrapagados e inseguros-, esta debilidad se basa en que todas nosotras, las mujeres, hagamos lo que hagamos, estamos desde el principio agotadas y exhaustas por 13 horas de trabajo doméstico que nadie ha reconocido nunca y por el que nadie ha pagado nunca.

Y ésta es la condición básica que obliga a las mujeres a contentarse con guarderías como la “Pagliuca”, “Celestini” u “OMNI”. Esta debilidad nos obliga a pagar medio millón de liras por un aborto y esto, digámoslo alto y claro, sucede en todas las ciudades y en todos los países (y, para colmo, nos arriesgamos a la muerte en la cárcel).

Todas nosotras hacemos trabajo doméstico: es lo único que todas las mujeres tenemos en común, la única base en torno a la cual podemos reunir nuestro poder, el poder de millones de mujeres.

No es casual que los reformistas de todas las calañas se hayan cuidado mucho de soslayar siempre la idea de que nos organicemos a partir del trabajo doméstico. Siempre se han negado a reconocer el trabajo doméstico como trabajo, precisamente porque es el único trabajo que todas nosotras tenemos en común. Una cosa es enfrentarse a doscientas o trescientas trabajadoras en una fábrica de zapatos y otra muy distinta enfrentarse a millones de amas de casa.

Pero esto es lo que hoy, en esta plaza, estamos poniendo a la orden del día. Éste es el primer momento de organización. Hemos decidido organizarnos en torno al trabajo que todas nosotras hacemos, para tener el poder de millones de mujeres.

Para nosotras, por lo tanto, la demanda de un Salario para el Trabajo Doméstico es una demanda directa al poder, porque el trabajo doméstico es lo que millones de mujeres tienen en común.

María Rossa Dalla Costa
1 de Mayo de 1975. Manifestación convocada por el Comité Triveneto de la Red por el Salario al Lavoro Domestico (SLD) (Salario por el Trabajo Doméstico). En primer plano Mariarosa Dalla Costa sujetando una pancarta.

Si los millones que somos podemos organizarnos en torno a esta demanda –y ya hoy estamos bastantes de nosotras aquí, en esta plaza-, podremos conseguir tanto poder que ya no tendremos que estar en una posición de debilidad cuando salgamos de casa. Podemos introducir condiciones laborales nuevas en el propio trabajo doméstico: si tengo dinero en el bolsillo que es mío puedo comprarme hasta un lavavajillas, sin sentirme culpable y sin tener que suplicar a mi marido durante meses y meses porque él, que no lava los platos, considera que un lavavajillas es innecesario.

Así que si tengo dinero que es mío, dinero que me pagan a mí, que me dan en mano, puedo cambiar las condiciones del propio trabajo doméstico. Es más, podré elegir cuándo quiero salir a trabajar. Si cobro 120.000 liras por el trabajo doméstico que hago, no me volveré a vender por 60.000 liras en una fábrica textil o como secretaria de alguien o como cajera o acomodadora de cine. Asimismo, si tengo ya en mis manos cierta cantidad de dinero, si cuento ya con el poder de millones de mujeres podré imponer una calidad completamente nueva en los servicios, guarderías, comedores y todas esas prestaciones que son indispensables para reducir las horas de trabajo y permitir que tengamos vida social.

Hay algo más que queremos decir. Durante mucho tiempo –con particular fuerza en los últimos diez años, pero digamos que siempre- los trabajadores varones han salido a luchar contra sus jornadas de trabajo y por más dinero y se han reunido en esta plaza.

En las fábricas de Porto Marghera ha habido muchas huelgas, muchas luchas. Todos recordamos las marchas de trabajadores varones que empezaban en Porto Marghera, cruzaban el puente de Mestre y llegaban aquí, a esta plaza.

Pero dejemos algo claro. Ninguna huelga ha sido hasta ahora una huelga general. Cuando la mitad de la población trabajadora está en casa, en la cocina, mientras los demás están en huelga, no se trata de una huelga general.

Nunca hemos visto una huelga general. Solo hemos visto salir a la calle hombres, por lo general hombres de las grandes fábricas; mientras sus mujeres, hijas, hermanas y madres seguían guisando en la cocina.

Hoy en la plaza, con la inauguración de nuestra movilización por un Salario para el Trabajo Doméstico, ponemos a la orden del día nuestras jornadas laborales, nuestras vacaciones, nuestras huelgas y nuestro dinero.  

Cuando alcancemos cotas de poder que nos permitan reducir nuestra jornada laboral de 13 o más horas a 8 horas o incluso menos, cuando podamos a la vez poner a la orden del día nuestras vacaciones –porque no es un secreto para nadie que los domingos y los períodos de descanso las mujeres no tienen vacaciones- entonces, tal vez podamos hablar por primera vez de una huelga general de la clase obrera

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Texto incluido en el libro Dinero, perlas y flores en la reproducción feminista, de Mariarosa Dalla Costa, editado por Akal en 2009.

 

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