Interpretando (una vez más) a Montoneros. Lecturas en clave de género

Ana Noguera se pregunta en este texto qué lugar ocuparon las mujeres en la lucha política de los años 70 y puntualmente en Montoneros, en qué espacios tenían mayor participación y qué pasaba con el frente político militar. También analiza cómo eran vistas por los sectores más reaccionarios: “En el discurso de los militares y del amplio sector conservador a quienes representaban, el ´deber ser´ social de las mujeres era la familia, y debían ser rescatados los valores católico-patriarcales alterados, desde su visión, por el enemigo subversivo. Lo que para las organizaciones armadas resultó un valor positivo, esto es, la participación política de las mujeres, para las FF.AA la joven mujer “guerrillera-subversiva” resultó un sujeto emergente inconcebible. ´Un  monstruo´, que generó todo un andamiaje discursivo, con ribetes de sorpresa e indignación, que establecía los límites de lo anormal.

                                                                                                       Por Ana Noguera[1]

 Ilustración por: Sofía Labriola

Argentina, fines de los años sesenta. Las tensiones y enfrentamientos entre distintos sectores de la sociedad argentina y la dictadura de la denominada Revolución Argentina (1966-1973) estallan en distintos puntos del país. Los hechos acontecidos en Córdoba en mayo de 1969, conocidos como Cordobazo, ejercieron una influencia decisiva y vertiginosa en el proceso de lucha política, generando un salto cuantitativo en la cantidad de militantes, la mayoría jóvenes. Para muchxs éste fue, según sus propias palabras, su “bautismo de fuego”. Exactamente un año después, al cumplirse el primer aniversario del Cordobazo, una organización hasta entonces desconocida secuestró y posteriormente ejecutó al Teniente General (RE) Pedro Eugenio Aramburu. Un mes más tarde, en la fría mañana del 1 de julio de 1970, cuatro comandos de la misma agrupación tomaron la serrana localidad cordobesa de La Calera. Aunque venían organizándose y actuando desde tiempo antes, con estos dos hechos hizo su aparición pública la organización político-militar peronista “Montoneros”.

En ocasión de la toma de La Calera el diario local La Voz del Interior titulaba “Un presunto comando “Montoneros” asaltó a la Municipalidad, la sucursal del Banco de Córdoba (…) Dos mujeres habrían sido de la partida[2]. De esta forma empezaban a aparecer recurrentemente en la prensa de la época imágenes femeninas. Pero, ¿qué lugar ocuparon las mujeres en la lucha política de los setenta? Su presencia en el espacio público y en la participación política reconoce una larga trayectoria en nuestro país, pero durante aquellos años tomó un impulso arrollador, masivo. En un contexto de alta conflictividad social y radicalización, las mujeres tuvieron una activa presencia en diversas organizaciones: políticas, sociales, sindicales, religiosas, armadas, barriales.

Tiempos de cambios culturales profundos que incluyeron, entre muchas otras cosas, renovaciones en las costumbres y las formas de la vida cotidiana. Los vínculos entre varones y mujeres se modificaron dando paso a nuevas formas de concebir la pareja, la familia, la maternidad, el cuerpo. Nuevas libertades atravesaban a las jóvenes, impensadas tan sólo para una generación anterior. Ellas fueron transgresoras en un amplio abanico de sentidos: salían solas, trabajaban, militaban, usaban anticonceptivos y decidían cuantos hijos querían tener, usaban minifalda o pantalón, se enamoraban, se casaban si querían pero también se separaban…y se volvían a enamorar.

¿Cómo llegaron las mujeres a la militancia en Montoneros? Aunque los espacios desde los cuales provenían fueron múltiples y heterogéneos, la universidad fue quizás el puente principal desde donde muchas se acercaron a la militancia revolucionaria. Si bien hubo presencia femenina desde los comienzos, eran una minoría en relación a los varones. Fueron creciendo en número, al igual que sus compañeros, sobre todo a partir de 1972, llegando según algunas estimaciones a un 35% del total de activistas.

Revista El Descamisado N39 _1 Congreso Nacional de la Agrupación Evita
Revista El Descamisado N° 39 1° Congreso Nacional de la Agrupación Evita

Dentro de los denominados frentes legales, el frente estudiantil -la Juventud Universitaria Peronista (JUP) o la Unión de Estudiantes Secundarios (UES)- las convocó para participar en multitudinarias asambleas, marchas y acciones callejeras donde se debatía la dicotomía “reforma o revolución”, los contenidos educativos, el cambio de sistema y la necesidad de “salir de la isla universitaria” para comprometerse con los sectores populares.

A través de la Juventud Trabajadora Peronista (JTP), numerosos espacios gremiales y sindicales las vieron abrirse paso en asambleas y marchas donde muchas veces eran una minoría. Algunas se convirtieron en jóvenes delegadas gremiales. Al igual que los varones, propusieron la defensa de los intereses de las y los trabajadores en contra de la patronal y las dirigencias sindicales burocráticas.

Llegaron a barrios y villas de la ciudad bajo el amparo de la Juventud Peronista (JP), entusiasmadas por “ayudar a sus habitantes” o simplemente porque querían “conocer cómo vivían”; colaboraban con la pintura de las casas, la fabricación de ladrillos, la construcción de viviendas y canaletas para el agua, erigieron centros de salud, alfabetizaron, participaron de campañas de vacunación, entre muchas otras actividades comunitarias.

En 1973 la organización creó la Agrupación Evita, un espacio específicamente pensado “para las mujeres peronistas”. Con él se buscaba no sólo incorporar más activistas, sino también politizar a las mujeres de los sectores populares. El trabajo concreto estuvo centrado, principalmente (aunque no exclusivamente), en actividades vinculadas a cuestiones relativas a la economía doméstica, el sostenimiento del hogar, los problemas de la vida cotidiana o los hijos. Este aspecto es central para comprender la impronta “femenina” que adquirió el trabajo barrial. Allí, se profundizó un trabajo de politización y acompañamiento de unas mujeres hacia otras, en problemáticas vinculadas principalmente a la salud, educación y vivienda; todos ellos fenómenos muy ligados a las expectativas de cuidados y asistencia y, por tanto, reproductores de ciertos “patrones de cotidianeidad” femenina. Así, sin que existiera una línea política explicita, en la práctica política de los frentes legales se produjo de hecho una suerte de división sexual del trabajo militante.

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Revista El Descamisado N° 39 12-02-1974 Congreso Nacional de la Agrupación EvIta.

¿Qué ocurría en el frente militar? La estrecha relación entre lo político y lo militar dentro de Montoneros hizo que muchas mujeres participaran en algún momento de escuadras militares y células armadas. El frente militar era un espacio que gozaba de gran prestigio debido a la legitimidad que la lucha armada tenía en el proyecto político de las organizaciones revolucionarias. Allí, alcanzaron, en algunos casos, cargos de jerarquía intermedia, como teniente o sargento. Algunas participaron en él desde sus inicios. Otras, se involucraron en el proceso de creciente militarización y clandestinidad en la que ingresó Montoneros después de 1974. Desde allí actuaron tanto en operaciones de envergadura como en el “fogueo” cotidiano: actos relámpago, autos, desarmes a policías, repartos, inteligencia (relevamientos de viviendas de futuros “objetivos”, seguimientos), entre otras. Los testimonios y la prensa gráfica de la época señalan que ambos –varones y mujeres– participaron indistintamente en acciones de propaganda armada. Los relatos coinciden en que no hubo distinción entre los sexos respecto de las acciones a realizar dentro de algún operativo. Sin embargo, sí se apeló a la feminidad como herramienta para lograr el éxito de alguna de ellas.

Para muchas el uso de armas no fue algo conflictivo en tanto herramienta para, y no como un fin en sí mismo, producto de una lectura enmarcada en un particular contexto histórico de lucha global. No obstante, el modelo de militante que predominaba tenía características asociadas a la masculinidad. La fortaleza –física y emocional–, la dureza, el coraje, entre otras caracterizaciones ideales, supusieron para las mujeres una adecuación de sus comportamientos y sus cuerpos. Aquellos que, sociabilizados como femeninos, comenzaron progresivas transformaciones y resignificaciones –no sin conflictos y contradicciones– de las formas dominantes de feminidad.

Así, como he mencionado, las mujeres participaron indistintamente tanto en frentes legales como armados, actuando muchas veces como responsables de células o equipos de trabajo. Todas fueron compañeras, denominación que daba cuenta que ellas ya no eran solamente esposas, novias, amigas. En la búsqueda de un Hombre Nuevo, tal como lo proponía el Che Guevara, ellas eran pares en la lucha con los compañeros. Sin embargo, los varones fueron quienes ocuparon los cargos de mayor jerarquía desde los inicios. Esta hegemonía masculina se complementó con la persistencia de estereotipos y actitudes de género que podríamos denominar “tradicionales”. Las militantes femeninas, por su parte, nutridas por una suerte de empoderamiento y autonomía –al sentirse alejadas de lo que sería su rol social tradicional como mujeres- (sos)tuvieron actitudes y discusiones que generaron tensiones e intentos de modificar los vínculos entre varones y mujeres al interior de la organización.

Con distintas temporalidades todos estos procesos políticos, sociales y culturales fueron coartados por la represión. En el discurso de los militares y del amplio sector conservador a quienes representaban, el “deber ser” social de las mujeres era la familia, y debían ser rescatados los valores católico-patriarcales alterados, desde su visión, por el enemigo subversivo. Lo que para las organizaciones armadas resultó un valor positivo, esto es, la participación política de las mujeres, para las FF.AA la joven mujer “guerrillera-subversiva” resultó un sujeto emergente inconcebible. “Un  monstruo”, que generó todo un andamiaje discursivo, con ribetes de sorpresa e indignación, que establecía los límites de lo anormal. Así, el Terrorismo de Estado, aplicó una política de miedo, persecución, tortura y desaparición donde muchas mujeres, al igual que los varones, fueron encarceladas a disposición del Poder Ejecutivo o en centros clandestinos; otras pudieron salir del país o esconderse en otras provincias y pueblos. Muchas más fueron asesinadas.

En definitiva, Montoneros fue una organización compleja, heterogénea y diversa en todos los sentidos posibles: entre lo legal y lo clandestino, en lo territorial, en su composición de clase, en sus vínculos sexo-genéricos. La lucha armada fue solo un aspecto de la lucha política de las organizaciones de la época, también lo fue para Montoneros. Entonces, quizás, lo que interesa pensar no es tanto el vínculo entre las mujeres y las armas sino entre las mujeres y la política, en las posibilidades (o no) de modificar los condicionantes de género y los roles y espacios asignados socialmente para varones y mujeres. Para las militantes la participación en estos espacios de actuación particular posibilitó interpelaciones personales y públicas que condujeron a muchas a problematizar los vínculos de subordinación en los que estaban insertas. Esto, sin ser nominado aún como feminismo, constituyó en la práctica un específico encuentro entre militancia de izquierda y militancia femenina.

A 50 años de la aparición de Montoneros, desde un presente (pre)ocupado por la agenda feminista-disidente, será nuestra tarea continuar indagando y reflexionando críticamente acerca de los sexos y los géneros como construcciones sociales e históricas y no como hechos naturales. Esto nos proporcionará una herramienta más para mirarnos y quizás discernir lógicas excluyentes e incluyentes con respecto a la participación de las mujeres (y otrxs sujetxs subalternizados) en la sociedad actual.

*****

[1] Doctora en Historia. Autora del libro Revoltosas y Revolucionarias. Mujeres y militancia en la Córdoba setentista. Editorial UNC, 2019.

[2] La Voz del Interior. 02/07/1970

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