“Lo que pasó esa noche fue un asesinato, el policía les tiró el patrullero encima”

Ulises Rial y Ezequiel Corbalan salieron la madrugada del 1° de Junio en moto, en la ciudad de San Nicolás de los Arroyos (Provincia de Buenos Aires). Un rato más tarde, un patrullero los chocó de frente y ocasionó la muerte en el acto de Ulises y más tarde la de Ezequiel. Dialogamos con Verónica, madre de Ulises, sobre el hecho y la responsabilidad policial. 

Por Revoluciones.net

Ulises Rial tenía 25 años. Vivía en San Nicolás de los Arroyos en la casa de su mamá. Tenía una hija de un año y medio. Trabajaba 12 horas por día dentro de la planta de Siderar y los francos estaba con su hija.

El 1° de junio Ulises y Ezequiel estaban reunidos en la casa del primero, y a eso de las 3 de la mañana decidieron salir iban en la moto de Ezequiel, que, como iban y volvían había dejado los papeles en la casa de Ulises. Verónica, la madre de Ulises, cree que salieron en búsqueda de una cerveza. “Ese domingo Uli salió 18:00 de trabajar y tipo 21:00 estaba en casa con los chicos” nos cuenta Verónica. Los chicos son los amigos de Ezequiel y Ulises que cuando ellos salieron se quedaron esperándolos en su casa: “los chicos estaban afuera, como él no venía, no venía, lo estaban esperando afuera, pero nunca se escuchó un ruido de una persecución, nunca se escuchó un ruido de una sirena, es todo muy raro lo que paso esa noche” sigue contando Verónica.

Su casa está tan solo a diez cuadras de donde sucedió todo. A ella no le caben dudas: “nosotros creemos que lo que pasó esa noche fue un asesinato, el policía les tiró el patrullero encima. Ellos nunca chocaron contra el patrullero”. Verónica nos aclara esto porque la versión policial ya corrió: los pibes, según los uniformados, no pararon en un control, lo que habría ocasionado la persecución y el “choque”. Sin embargo, apenas pasó todo, los oficiales no dejaron salir a ningún vecino de su casa y pusieron un patrullero en la entrada del barrio para que la gente no pudiera tener acceso. Además, una vecina que estaba despierta estudiando lo único que escuchó fue el ruido de semejante impacto. Verónica le preguntó si el móvil iba con sirenas encendidas pero la respuesta fue contundente: “No señora, no escuché sirenas, lo único que escuché fue el impacto”.

La causa esta caratulada como homicidio culposo, aunque de “involuntario” no parece tener un nada. Darío Giagnorio, el fiscal de la UFI Nº 6 que lleva la investigación, sólo atinó a dudar respecto al mal accionar de la fuerza de seguridad, pero los oficiales que persiguieron a los dos jóvenes y causaron su muerte continúan trabajando normalmente. Se trata de Pablo Nicolas Moresco, que manejaba, e iba con Omar Bazan y Mariana Huesa.

“Para que no quede impune estamos difundiendo, respondiendo todas las notas, hicimos una marcha pidiendo justicia, nos estamos juntando con el fiscal cuando tenemos dudas o queremos ir sabiendo”, relata Verónica. “Ayer fui a la fiscalía porque todavía no sé la causa de la muerte de mi hijo, cuál fue el golpe que lo mató, si tenía alguna fractura o algo” dice está madre que desde el 1 de Junio tuvo que salir a exigir justicia en un nuevo caso que, aunque está en investigación, tiene muchos de los rasgos de la impunidad a la que nos tiene mal acostumbrados el poder policial y que se puede sintetizar en  la modalidad persecución y atropello : un supuesto control, dos pibes que no paran porque no quieren perder su moto que es su herramienta de trabajo, una persecución sin sirenas ni balizas, un impacto del patrullero contra la moto que termina con sus vidas. En suma, una otra forma de asesinato policial.

Verónica se enteró que su hijo estaba fallecido por los medios de comunicación y por Facebook a las 9 de la mañana. Los titulares difundían un accidente de moto contra un patrullero, con un pibe fallecido en el momento (Ulises) y otro en grave estado, (Ezequiel) que murió luego en el Hospital. Si Ulises murió en el acto, Verónica no se explica por qué no le fueron a avisar, por qué movieron el cuerpo, lo trasladaron al hospital y luego a la morgue. Se encontró de nuevo con su hijo en un cajón, casi no puede ir al cementerio por el COVID y el dolor que siente hoy es inenarrable. “Ellos no tienen antecedentes, no iban a robar, no iban a matar, no iban a violar iban a buscar una bebida y volvían. Acá los esperaban sus amigos”.

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