Darío y Maxi viven en cada olla popular

Cualquiera que los domingos a la mañana pase por la puerta de la Casa Cultural Gran Sur podrá sentir el olor de la comida preparándose y el sonido del cuchillo picando la verdura. Desde hace más de un mes la olla popular devino punto de encuentro. De cuerpos presentes. De miradas infinitas. De olores y sabores riquísimos. De las más tristes historias en un mundo que no da para más, y las más largas sonrisas adivinadas en los ojos, de sabernos aguantando en manada.

Los domingos no solo se sirve el plato de comida. También está el ropero comunitario, la mesa de libros libres y un espacio para que quienes se acercan expresen cómo se sienten en estos tiempos donde la precariedad de la vida se agudiza, y la única que queda es inventar nuevas redes.

La calle deviene así lugar de encuentro, con barbijo y distancia física, pero con solidaridad social porque nos cuidamos entre todes. Y el encuentro habilita la charla, y la charla las historias. La del último domingo no era una olla más, queríamos hacer presentes a Darío y Maxi, que el 26 de junio se cumplieron 18 años de su asesinato. Para quienes año a año vamos al puente a homenajearlos, era una necesidad y un deseo crear esos puentes de lucha con la memoria activa. Seguir exigiendo juicio y castigo a los responsables políticos de la masacre de Avellaneda para también multiplicarlos. Por eso les dedicamos nuestra edición del “Diario de la Olla”, esa hojita ahora doble Faz donde compartimos semana a semana, reflexiones enigmas y cuentos. Y también murealeamos una intervención en una de las paredes de la Casa, con el material brindado por el Colectivo Artistico “Fin de Un Mundo”. Ahí Darío, parando a la yuta, con Maxi en el piso. Ese dibujo que vimos cientos de miles de veces. Que cada vez hace pensarles, en ese momento, en el primero y el ultimo. En los asesinos. En la solidaridad y gesto enorme de Darío. Y ahí, en la fila para la comida, con Darío y Maxi presentes como pegatina gigante pero también como memoria ardiente, surgieron historias de militancia de parte de quienes se acercaban, _yo lo conocí a Darío, yo militaba desde los 14 años, hasta que una represión tuve miedo, yo comencé a militar en el 84, nosotrxs paramos en el 2000 la olla popular en Avellaneda_…. Los relatos se multiplican y se cruzan generando otra historia, la de abajo y a la izquierda, la de los pequeños aportes, convicciones y certezas en un mundo que ayer como hoy está diseñado para unes poques.

El último domingo se comió un tremendo pastel de papa. Llegaron más cosas para el ropero comunitario. Se agrandó la mesa de libros libres y el espacio de expresión. Lejos de romantizarlo todo, intentamos que el espacio de encuentro que devino la olla sume, aunque sea un poquito muy chiquitito al mundo y a la humanidad que queremos construir. Porque no queremos ser más esta humanidad y porque arde el deseo de cambiarlo todo.

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Texto y fotos de Siembra y Bachilleratos Populares en Confluencia (Fuentealba, Independencia y Patricios) 

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