Cuerpo, diferencia sexual y memoria en las narrativas militantes del PRT-ERP

Paola Martínez analiza a partir de testimonios de ex militantes del PRT-ERP las tres cuestiones que se enuncian en el título de este trabajo[1]: el papel del cuerpo en la diferencia sexual, la concepción de política de las mujeres y los procesos de memoria por los que son tamizados los recuerdos. ¿Cómo se hace memoria? ¿qué vivencias que fueron subalternizadas antes, aparecen ahora atravesadas por nuevos horizontes emancipatorios? “Ellas sienten que las marcó. Su memoria aparece teñida de algunas contradicciones, pero que les sirvió, ya que constituyó una experiencia resiliente de la cual aprendieron mucho.  A su vez, todas hacen referencia que a pesar de las diferencias genéricas contundentes vividas con respecto a sus compañeros varones en esos momentos, el PRT-ERP estaba un paso más adelante que el resto de la sociedad en cuanto a la relación entre los sexos”.

Por Paola Martínez

Ilustración Camino a las Islas Lechiguanas. Julio de 1970 de Alan Dufau

 

La sociedad industrial construía máquinas de represión de la corporeidad y del deseo. La sociedad post-industrial funda su dinámica sobre la movilización constante del deseo. La libido ha sido puesta a trabajar.    Franco Berardi Bifo.

 

Se decidió comenzar con estas palabras de un destacado filósofo italiano ya que se consideró que tiene estricta relación con lo que se analizará a lo largo de estas páginas. Palabras como cuerpo, deseo y militancia serán recurrentes. A su vez, se verá que durante el periodo correspondiente a los años setenta existió una normativización del cuerpo y los deseos en pos de los proyectos colectivos, cuestión que hoy en día no existe. Es decir, el ejercicio de rememorar aquellos años setenta y sus prácticas sexo- genéricas desde el testimonio de algunas / algunos ex militantes del PRT-ERP[2] se hace en un juego entre dos tiempos: el pasado y el presente.

Esta afirmación no es nueva ya que numerosos estudios sostienen que el momento de entrevista es único; allí “se cristaliza una manifestación histórica”[3] Además, la forma en la que el narrador acomoda los materiales para contar su propia historia y resolver esa instancia sujeto-narrador nunca es idéntica[4]. Por lo tanto, se pretende analizar la materia prima de la entrevista como expresión de un determinado tiempo y espacio, además de entender que no es sólo un reflejo de su actuar en ese momento, sino de la resignificación que le otorga el testimoniante a dicho episodio desde el presente. Esta cuestión está relacionada con que cada sujeto histórico ve en función de las condiciones de visibilidad del periodo, al igual que el contexto condiciona las posibilidades de enunciación[5]. En el caso particular de estas mujeres exmilitantes, se considera que sus relatos fueron interpelados no sólo por el proceso de entrevista, sino por su propio presente donde el crecimiento del movimiento de mujeres y el feminismo hizo que puedan desnaturalizar tensiones de género que estaban invisibilizadas en otras historias elaboradas sobre el PRT-ERP.  Entendiendo que la memoria no es un continuum y que se reestructura, ellas resignificaron esos recuerdos, que alguna vez fueron silenciados/ subalternizados, como vivencias de queja, lucha, reconocimiento y transformación.

A lo largo de estas páginas, se analizarán cuestiones tensionantes que se desprenden de los testimonios. Tres aspectos serán abordados. En primer lugar, se verá el cuerpo como espacio de representación de la diferencia sexual. Se examinará por medio del análisis de los testimonios cómo el cuerpo constituye un espacio de representación genérica para problematizar si ellas disrumpieron con los estereotipos femeninos de ese momento a través de prácticas micropolíticas o si sus vestimentas y prácticas eran una mera imitación del cuerpo masculino en versiones inferiores porque no estaban representándose a sí mismas y a sus deseos. De esta manera se pretende analizar la corporalidad femenina que se establecerá en las prácticas militantes y su relación con los varones militantes. En segundo lugar, se analizará el concepto de política que manejaban las mujeres, diferente al de los varones lo cual generó la tensión de una subrepresentación de ellas en el ámbito público. En tercer lugar, se hará referencia los procesos de memoria, de cómo la narración de la experiencia está asentada también en la diferencia sexual.  Estudios desde la fenomenología de Maurice Merleau- Ponty hacen referencia a la centralidad del cuerpo y a que las vivencias corporales están relacionadas con todas las prácticas del mundo[6]. Pues bien, consideramos que este concepto nos acerca a lo que pudimos ver en los procesos de memoria, donde la diferencia sexual atravesó el relato de las y los exmilitantes.

Para finalizar, se considera que en esta actualización de los contextos del pasado, en el relato, surgieron tensiones que estaban latentes en lo que habían vivido las entrevistadas. En consecuencia, el contexto actual les proporcionó una explicación política a lo vivido en aquellos años de militancia. Por otra parte, se piensa que la oralidad dialógica (más íntima, conversación de ida y vuelta),[7] de la cual son producto los testimonios, permitió poder ver esos espacios de fricción de la experiencia setentista a los que hoy se lo pone en palabras. Son memorias desde los márgenes, porque muestra el modelo patriarcal desde la óptica de los sectores subordinados, visibilizándose aspectos de la relación entre los sexos que quedan ocultos en las memorias dominantes. Los testimonios que se usarán en este trabajo pertenecen a dos muestras 2006-2008, 2009-2017 que se tomó a lo largo de 11 años de entrevistas a exmilitantes del PRT-ERP; 40 historias de vida tomadas en dos muestras constituyen la principal fuente de esta elaboración. Sólo se usaron los casos más representativos de la temática que se analiza en el presente trabajo, pero los mismos están avalados por un proceso de saturación que mostró un nivel de reiteración de las mismas tensiones en otros. En cuanto al corte espacial, las historias de vida que se analizarán son de personas que desarrollaron su militancia principalmente en Buenos Aires, Rosario y Córdoba (centros urbanos del país). Sin ánimo de sostener conclusiones abarcativas para todo el territorio nacional, la finalidad es analizar la experiencia como evidencia de un tiempo histórico particular: la militancia revolucionaria de los años setenta, teniendo en cuenta la multiplicidad de voces y regionalismos.

No sólo ser revolucionarias sino parecerlo

El término de tensión fue usado por otras analistas sociales en sus trabajos. Isabella Cosse hace referencia a este término al trabajar con la sexualidad. Lo describe “como una arena de conflictos cargada de sentidos políticos en la cual existieron diferentes posiciones que desbordaron el disciplinamiento”[8]. Lo tensionante se daría entre esa moral revolucionaria y la sexualidad que intentaría reglamentarse. Al indagar sobre la sexualidad y la relación entre los sexos, en Moral y Proletarización (documento que reglamentaba la vida cotidiana de la organización) puede verse que presenta a la pareja heterosexual como modelo, basada en la complementariedad y constitución de un espacio de igualdad social y política (célula política- familiar). Sólo la maternidad, en sus primeros meses, aparece como una función propia de la mujer, pero se insta a compartir las tareas de maternaje y las responsabilidades domésticas, donde cualquier miembro de la célula (según los testimonios) podía verse afectado con estas tareas[9]. En cuanto a la mujer o un modelo de feminidad propuesto por el documento, no se hace una referencia específica, aunque el cuerpo femenino y su sexualidad sólo aparecen dispuestos y funcionales a la reproducción. Es decir, la sexualidad no aparece vinculado a placeres corporales, erotismo o seducción.[10] En consecuencia, más allá que los testimonios hacen referencia a que el mandato materno no se vivía con tanta rigidez y quedaba sujeto a la voluntad personal, se considera que este disciplinamiento del cuerpo y el deseo personal – desde lo discursivo- generó una homogenización del comportamiento militante y construyo un individuo prototípico (Hombre nuevo).

Esto llevó al interrogante de ¿cómo era representada la feminidad en los testimonios?, entendiendo por feminidad, para ese momento histórico, como un conjunto de convenciones sociales, principalmente que se materializaba a nivel corporal. Se concibió – parafraseando a Braidotti- que las identidades se conformaban a partir de sucesivas reiteraciones de imágenes internacionalizadas que escapaban a un control racional[11].

A partir de la idea de cuerpo como categoría regulativa y normalizadora, Butler sostiene que el sexo es una construcción que se materializa a través del tiempo y que además esa materialización se logra en virtud de la reiteración forzada de esas normas[12]. Estas afirmaciones permiten entender que nunca es una formación acabada y que, al no ser un proceso completo, sino en permanente devenir, existe la posibilidad de subversión y de cambio. Este proceso que materializa la diferencia sexual consolida una direccionalidad del deseo hacia el imperativo heterosexual en una sociedad patriarcal. Por lo tanto, siguiendo a Butler, se puede entender que “el sexo es una norma cultural que gobierna la materialización de los cuerpos”. Pero también se entiende que “género” (los comportamientos culturales) es performable porque consiste en reproducir las representaciones normativas y los ideales repertoriados dramatizándolos, pero también, sería performado, ya que alguna cosa resiste o escapa a la formación, enmascara lo imperformable[13].  En consecuencia, bajo la disciplina social se puede instaurar una máscara de modales que se materializan en el cuerpo[14].

Por lo tanto, por medio de los testimonios y la guía del interrogante: ¿cómo eran representados los cuerpos femeninos en estas militancias revolucionarias? se descubrió que había una tensión que entrecruzaba las distintas interpretaciones sobre el tema, y que incluso, quedaba de manifiesto en los relatos. Al respecto, Pablo Pozzi menciona que existió cierta normativización sobre el cuerpo femenino lo cual implicó una masculinización del mismo [15]. Mariela Peller, estudiando la prensa del partido, considera que las imágenes y los discursos en los medios gráficos funcionaron como normativos y prescriptivos para sujetos adecuados a la lucha armada[16]. En consecuencia, para esta autora las modificaciones corporales en la prensa aparecen siguiendo los mandatos del partido donde la corporalidad se debe acomodar a las “necesidades de la lucha armada y el colectivo”[17]. En base a lo expuesto por ambos autores, se pretende indagar en la subjetividad de las/los testimoniantes y ver si estas mujeres representaron disrupciones en sus cuerpos que materializaban cambios en los roles sociales. Es decir, si lo actuado en estas nuevas conductas implicó una imitación a lo masculino o una disrupción, que fuera mucho más allá de acomodarse a la revolución y sus parámetros masculinos. Se piensa que eso sólo puede verse por medio de la oralidad, sin olvidar la resignificación desde el presente que se vive a través de este tipo de fuentes.

Los siguientes relatos, procedentes de dos ex militantes que desarrollaron su actividad en Córdoba, muestran que el cuerpo femenino fue normativizado, pero no como algo de masculinización sino como una cuestión política y relacionada con la moralidad revolucionaria. El primero de ellos es de Mariana quien militó en frentes de masas dentro del PRT-ERP en Córdoba:

P: ¿Qué te acordás de la mujer en ese momento, fuera de la militancia?  Lo que fue la relación sexual, de la píldora.

R: Mirá, los compañeros decían que nosotras éramos “boludas, insípidas, mal vestidas”.

P: ¿Eso decían los compañeros? ¿Comparándolas con qué?

R: Con el PST. ¡Que eran tan hermosas las chicas del PST! ¡Que iban con minifaldas! En cambio, ustedes se visten con esas bombachas verdes.

P: ¿Por qué se vestían con esas bombachas verdes? ¿Era una bajada de línea?

R: No. Era la moda. Porque también fue que uno militaba y mostrar que uno militaba.[18]

La entrevistada no responde a lo que se le pregunta y se remonta a la vestimenta como algo que les molestaba de los varones. Muestra que se sentían descalificadas por parte de ellos. Buscando los sentidos, pareciera que trata de explicar, por medio de la entrevista, por qué se vestían así. Desde lo simbólico y entendiendo que el cuerpo es un espacio de producción y de resistencia, el testimonio muestra que el cuerpo femenino se transformó en un campo de conflicto y que era representado de una manera carente de erotismo, reeducados para otra función: la militancia.

El testimonio de Helena, una ex militante de la Juventud Guevarista (la rama juvenil), quien ingresó de muy jovencita al ERP (ejército) realizando tareas de propaganda, también deja entrever varias cuestiones. En primer lugar, que era difícil ingresar al PRT-ERP. Justifica esta imposibilidad diciendo que las habrán visto muy jóvenes. Helena ingresó a los 15 años. Sin embargo, algunas biografías, incluso trabajos académicos[19], sostienen lo difícil que era ingresar a una organización de este estilo:

Para nosotras, que teníamos interés, era difícil conseguir un contacto. Entonces Alicia, ella tenía dos años más que yo, dice: “¿Sabés qué vamos a hacer? Vamos a sumarnos al PB”.  Porque ella tenía un hermano que militaba en el PB. Porque uno estando organizado se conoce con el resto”. [20]

En segundo lugar, habla de la austeridad, sobre todo en Córdoba. La destaca como algo regional, que se cumplía “al pie de la letra”. Ella, con posterioridad, estuvo presa en Villa Devoto (cárcel donde se concentraron presas de todo el país) y tuvo la posibilidad de conocer militantes de otras regionales, lo cual dice, le permitió comparar. En este fragmento, muy pintoresco, por medio de una anécdota recrea el tema de la austeridad en el maquillaje y en la ropa.  Puede vislumbrarse como algo consensuado entre los integrantes del grupo y que la identidad guevarista se identificaba con esas prácticas. También, pone de manifiesto que entre la austeridad estaba no buscar pareja. Sin embargo, todas las mujeres terminaron construyeron pareja con compañeros por temas de seguridad, incluso esta militante.

P: Pero vos, ¿cómo te vestías? ¿Mostrabas tu lado femenino? ¿Usabas minifalda?

R: Sí. Yo usaba mini. No me maquillaba, porque había todo un criterio que debíamos ser austeros, pero no me gustaba tampoco. Yo usaba el pelo, me acuerdo, del largo de la pollera.

P: Y tus compañeras de militancia también…

R: Sí. Sí. Pero en general, no se maquillaban. Bueno, en esta primera etapa, yo estuve en el ERP. Me acuerdo de que un compañero había ganado una chica del colegio 25 de mayo que era un colegio re concheto. Siempre fue. Ahora también. Bueno, había ganado una chica y era súper mascarita, súper pintada, súper moderna. Me acuerdo de eso porque me acuerdo de la cara de ella. Este era el responsable, el compañero, y le dice: “Bueno compañera, acá tratamos de ser como el Che. Entonces, hay cosas que tenemos que dejar de lado, porque son cosas superfluas y esa plata que gastamos en esas cosas las podemos emplear en cosas más productivas.” Y la mira a ella y le dice: “Por ejemplo, el maquillaje, no tiene sentido gastar” (Me acuerdo de que le dijo. Después de las armas y las drogas, los cosméticos es la tercera industria que gana dinero) (risas). “Y tampoco acá venimos a buscar novio. Venimos a luchar y aprender; es decir, no venimos a lucir modelitos. Nosotros somos guevaristas, así que vamos a tratar de ser lo más austeros posibles y si podemos compartir la ropa que tenemos de más, porque muchos tendrán de más (le dice a ella porque el resto éramos más viejos) se comparte, porque hay compañeros que están clandestinos y necesitan ropa. Hay compañeros que están presos y necesitan ropa”. (…)

Yo conocí la casa de ella. La acompañé a la casa. Vivía en un barrio de clase media alta y me acuerdo que ella abrió el placard y tenía cantidades de ropa y me decía: “¿Cuántas prendas tendrá que tener un guevarista?” (risas). Pero ella estaba convencida que había que socializar, eso sí.  En ese sentido moral, creo que éramos como decían los montos, medio Monjes Rojos en todo eso.

P: ¿Qué cosas se veían de diferente de las militantes cordobesas en la cárcel?

R: Por ejemplo, acá era muy disciplinada la gente. Eran muy cumplidores y eran como más… Vos veías a alguien decaído y estabas ahí “¿Qué te pasa? ¿Tenés algún problema?”. Es decir, en ese sentido de la disciplina, de levantarse re temprano. O sea, yo tengo a veces la idea de que nuestra juventud la hemos pasado madrugando, no hemos ido a joda. El tipo de diversión que podíamos tener era una peña para hacer beneficios a fulano. Juntar para esto. No de andar de baile. Yo nunca fui a un baile. Nunca fui a un boliche. A hermana le gustaba la moda y como no teníamos, hizo un curso de costura y se aprendió a hacer la ropa. Y a mí me daba vergüenza ir con ella por la calle, cuando iba muy a la moda. Porque nosotros usábamos ropa mucho más sencilla, que no sobresalga, no llamar la atención. Ella iba súper pintada con unos zuecasos así y yo me acuerdo que iba por la vereda de enfrente. (risas)

P: Más austera.

R: Sí, pero como algo asumido por todos. No es que estaba eso escrito; era de hecho. Y de hecho también había como un movimiento entre nosotros de CONTRAMODA porque llegabas en cierto modo a uniformarte. Por ejemplo, ponele, mis hermanos entraron a JG (Juventud Guevarista) y un día mi hermano, dice: “Me voy a comprar unas botitas juventud”. Y mi vieja dice: “¿Cuáles son?” Pero mi vieja pensando que era una marca, una moda. No. Y era que todos los chicos de la Juventud Guevarista usaban esas botitas de gamuza chatita/ bajita. Y vos veías que todos los compañeros andaban con esa. En verano, con sandalias de cuero o con ese otro tipo de sandalias, pero imitación cuero, tipo franciscana. Y a lo sumo, botas en invierno, de las más clásicas, que no llame la atención. Yo me acuerdo de que una vez, este Juan Ledesma, me dijo, porque yo usaba el pelo re largo, y cuando iba a manifestaciones y eso, me lo ataba, y entonces él me dijo: “Tendrías que cortarte el pelo, un poco, no tanto, porque llama la atención”. Entonces le digo: “Me gusta el pelo largo”. Y me dice: “Bueno, atate un pañuelo, un rodete, cualquier cosa, pero no llames la atención”. Y va que yo tenía un amigo de la infancia que sufría de leucemia y cuando él estaba en los periodos críticos, por las drogas quedaba pelado y él usaba un pañuelo atado. Yo empecé a usar el pañuelo como él para que él no anduviera solo. (…) Era como una cosa muy marcada. Vos veías a alguien como se vestía y decías “este debe ser compañero”.[21]

Este relato está atravesado por muchas variantes. En primer lugar, el tema de clase, cuando habla de la compañera nueva procedente de clase media y su inclinación por la ropa y cosméticos. En segundo lugar, un tema regional al hablar de las características de la militancia cordobesa. Por último, el fragmento, deja entrever toda una relación entre cuerpo/normativización/ uniformización/disrupción. El cuerpo aparece como una superficie de proyección en la que se constituye un sentimiento de identidad personal, pero además será por medio de él que el individuo actúa sobre el mundo, es decir, no solo genera identidad sino reconocimiento social[22]. Tomando estas palabras de Le Breton, podemos entender cómo se jugó -por medio del cuerpo- lo simbólico, es decir, cómo se parodiaron otras formas de representación y roles para las mujeres que optaban por la revolución. Sin embargo, estas nuevas representaciones terminaron borrando la especificidad del cuerpo femenino cayendo en la universalización de la representación masculina. A su vez, si uno le da espacio en el análisis al sentir de estas mujeres, ellas manifiestan una tensión. Por una parte, lograron romper con el modelo femenino tradicional, incluso, querían visibilizar su militancia y ser reconocidas como militantes; por otra, sentían que terminaban uniformándose y que, incluso, las críticas (como dice el testimonio de Mariana) eran que sus cuerpos perdían el erotismo.

No todas eligieron uniformarse. Esto no implicó que no vivenciaran formas más violentas de ruptura con el modelo de mujer imperante. Los siguientes testimonios proceden de dos ex militantes de Rosario. Leonor muestra una actitud contestaría desde joven, que queda en evidencia en sus actitudes durante la entrevista. Su derrotero militante, evidencia haber tenido una relación de tensión con el PRT-ERP, ya que se guiaba por lo que sentía y no tanto por lo que establecía la organización. Incluso eso, le valió sanciones:

P: Me parece que hablás de un nuevo modelo de mujer que salía de lo común

R: Claro. Y algunas cosas creo que las habíamos empezado hacer por pura cuestión contestataria: “Me sentaba en un bar, pedía una ginebra y me fumaba un cigarrillo”.

P: ¿Qué te impulsaba?

R: A mí me encantaba. Siempre me gustaron los boliches. Me encantaba. Y decía: “Si hubiera sido varón me la hubiera pasado en los boliches”. Los viejos se escandalizaban cuando yo, pibita, segundo año, me hacía la rata y me iba con los muchachos al billar, a jugar al billar.

P: Es decir, desde chica tenías esa forma de ser contestaría.

R: La cosa era “hago lo que se me da la gana”. Siempre tuve un límite que no se podía pasar.

P: ¿Cuál era?

R: Hacer daño. Si mi actitud te provocaba daño, yo me replanteaba. Si yo no te hago daño, puedo hacer lo que me da la gana.[23]

El siguiente testimonio de Marisa no muestra algo tan actuado desde lo corporal, como todos los anteriores. Ella cuestionaba el tema de la clandestinidad y el aislamiento que le imponía la organización. Incluso, cuestiona la proletarización (práctica común de aquellos años donde personas de clase media debían vivir como la clase obrera):

R: Porque a mí me costó mucho adaptarme a esas normas, porque muchas me parecían… como te comenté una, esta del aislamiento y demás, me parecían hasta contraproducentes para la línea del partido.

P: Cuando vos lo planteabas Marisa ¿eras escuchada?

R: No. No. Era criticada porque era una pequeña burguesa que no entendía. Entonces siempre tenía una acusación de, para tirarme abajo la moral, poniéndome en un lugar descalificado desde la palabra de ellos. Y acá hablo de varones porque esto fue de varones. Entonces, yo tenía esta cuestión de la resistencia. Una cuestión interna de resistencia. Es decir, yo puedo acatar porque no me puedo ir. No me puedo ir porque acá esta lo que quiero hacer. No es todo lo que yo quiero hacer, ni es como me gustaría hacerlo, pero no puedo volver de donde vine, porque ahí de donde vine es mucho peor. Entonces, es como que yo tenía un fuero interno, así como esto que te comenté que tenía contra todo lo militar, jamás les iba a decir nada. Yo tenía un espacio interior propio donde yo era yo, donde yo descalificaba o calificaba según me parecía lo que escuchaba.[24]

Este testimonio, es uno de los últimos que se tomó de la segunda muestra. Muestra una cuestión genérica, de su palabra contra la de ellos. Como todo testimonio, hace referencia a una experiencia particular, pero pareciera que la voz femenina tardaba en ser validada en lo político, otros testimonios reflejaron lo mismo. Desde los estudios de memoria, puede decirse que su testimonio está influenciado por el contexto actual, el cuestionamiento a los varones del partido (ella y, por otro, los varones del partido). Puede hipotetizarse que es algo que recién hoy el contexto habilitó a que se visibilice (fuera del espacio de militancia) y no sería cuestionada por sus pares.

En suma, los testimonios (son los más representativos ya que la mayoría recuerdan situaciones de rebeldía en su infancia y adolescencia) dejan en evidencia que pese a la posible normativización sobre sus cuerpos y conductas relacionada con una moral que se estimulaba desde el partido, hay un aspecto disruptivo con respecto al modelo de mujer tradicional (patriarcal: abnegación, obediente, reina del hogar y madre ejemplar). Además, que en ese devenir como mujeres, ellas priorizaron en su deseo, la relación y coherencia consigo mismas. No es que fueron contra los varones, pero puede verse cierto cuestionamiento a los roles sociales imperantes. También, en el proceso pareciera que priorizaron la relación consigo mismas, en cuanto a que queda de manifiesto una conquista de su subjetividad lo cual implicó una transformación cultural con respecto al estereotipo femenino de una sociedad patriarcal.  Se nota cierta afirmación de sí mismas, de manera positiva y no desde la carencia o la falta. Parafraseando a Touraine, esta experiencia les proporcionó una autoconciencia como sujeto que implicó una protesta contra el sistema dominante[25]. Se piensa que su militancia en el PRT-ERP les permitió poner esos cuestionamientos en algún ámbito. Esto abona a la confirmación de la hipótesis que los modelos genéricos estaban en transición y que este tipo de militancia es una de las tantas aristas de rebeldía que se estaba viviendo en los setenta. Es decir, el relato de estas mujeres evidencia que pese a las tensiones que se vivieron en el ámbito de lo privado/público, no acallaron su voluntad de construcción personal.

Por lo tanto, ellas resignificaron lo materno y su rol social desafiando la esfera simbólica, fuertemente normativa. Este poder normativo reiterado que regula los cuerpos en cuanto a lo genérico, en este periodo histórico, podemos pensar que ha dado origen a sujetas abyectas marcadas por una nueva feminidad producto de prácticas sociales distintas, fuertemente cuestionado durante la dictadura militar impuesta en 1976. Por lo tanto, el contexto histórico de los años setenta signado por cambios sociales, económicos y políticos, más los recorridos personales y políticos incidieron en la aparición de estas “nuevas feminidades”. En consecuencia, las normas tienen una determinada temporalidad histórica y social; no son estáticas ni rígidas. Se considera que en el periodo en cuestión la resignificación del orden simbólico transformó las normas que regían el reconocimiento de sí hacia ellas, alterando el orden normativo prevaleciente. De este modo, se generó una ruptura de la normatividad en cuanto a los roles sociales genéricos.

Se considera a los cambios en sus concepciones genéricas, en cuanto a la masculinidad y la feminidad, como parte de un proceso no cerrado y estático, sino en permanente estado deviniente donde -el contexto y su historia personal- incidieron en su identidad genérica. Sin embargo, este proceso pareciera haber tenido límites en cuanto a la sexualidad, no así en los roles sociales. Entendiendo el género “como una forma contemporánea de organizar las normas culturales pasadas y futuras, una forma de situarse en y a través de esas normas, un estilo activo de vivir el propio cuerpo en el mundo”[26], la vivencia del cuerpo en cuanto a la sexualidad no se había subvertido. En cambio, sí se había subvertido la manera de actuar la feminidad como un rol social

Sin embargo, el cambio de representación y rebeldía que manifestaban en sus cuerpos dirigió el análisis a pensar si tomar la iniciativa en ciertos contextos significaba que se esté ante la presencia de estatus igualitarios entre los géneros. Pues pareciera que no, ya que la presencia femenina estuvo subrepresentada en espacios de decisión y de mando en la esfera pública (espacio de reconocimiento social). Pocas mujeres llegaron a integrar el BP, CC, CE. Esto lleva a pensar que, si bien en la subjetividad revolucionaria se intentó deslindar a las mujeres del trabajo doméstico y la maternidad (en algunos aspectos y en medio de fuertes tensiones) con la finalidad de incentivar un desarrollo equitativo entre los sujetos, por alguna razón, ellas no pudieron acceder a esos espacios de decisión. En consecuencia, la militancia femenina, a pesar de la entrega, no apareció materializada en posiciones de poder dentro de la organización. Esto llevó a preguntar qué era el poder o que ellas justifiquen la razón por la cual había tan pocas mujeres en los cargos de dirección. Hubo muchas respuestas[27]. Aquí focalizaremos en qué era el poder para ellas, en ese momento de su militancia.

La mayoría de las entrevistadas hacen referencia a una falta de formación y experiencia como principales causas de ese poco acceso a instancias de poder. Pero, se cree que, si bien esas son las causas visibles del fenómeno, pueden ensayarse otras explicaciones. En primer lugar, la naturaleza de la organización y las prácticas de ascensos. La mayoría hacen referencia a una falta de cuestionamiento y una total entrega cuando se les encomendaba una tarea. Además de sentirse halagados cuando se era ascendido, sin cuestionarse nada:

P: ¿Qué cualidades tenía que tener un dirigente político o una persona para ir ascendiendo en puestos de dirección y de mando dentro del PRT?

R: Se me hace difícil porque uno jamás se ponía a pensar.

P: ¿Nunca te lo planteaste?

R: Venían y ascendían desde arriba. Venía y te decía: “Vos, a esta compañera tenés que elevarla, darles tareas de dirección, de mayor responsabilidad, etc.”. No es que era uno que se planteaba que quería hacer tal cosa. Además, era como una especie de honor cuando venían y te decían: “Ahora pasás a tal equipo y cumplís tal función”. Vos te sentías, o sea, que desde arriba se habían fijado en vos, te han reconocido. Pero también eso existió mucho… no solamente las compañeras sino los compañeros. Era la dirección la que decidía, pero también decidía de repente sancionar a un compañero de dirección mandarlo a la base. Eso también existió.  Recuerdo una sanción a un compañero de dirección del CC que hizo una cagada y le dijo: “Durante dos años vas a hacer trabajo de masas a Córdoba”.[28]

Este testimonio, que no es el único que hace referencia a la verticalidad y jerarquías en la organización, refleja que ellas fueron incluidas en la organización, el tema es cómo lo fueron y bajo qué parámetros. Por lo analizado, bajo muchas tensiones pese a los intentos y ensayos de cambio en la vida cotidiana, que habrá generado consecuencias en la esfera pública. Por otra parte, se notó un concepto distinto de la política al actual, que quedó de manifiesto en las entrevistas, incluso en la de Ana. Ellas no pensaban lo político de la misma manera. Es decir, entendiendo que tanto la feminidad, la masculinidad, como la política, tienen que ver con el poder, no son conceptos estáticos sino móviles, en constante desplazamiento, además que se constituyen históricamente. Se pudo observar que se homologaba la palabra política con militancia y la militancia para ellas eran las pequeñas cosas o no necesariamente estar en un cargo de decisión y de mando. El siguiente testimonio de Marcela, quien militó en el frigorífico Swift en Rosario, confirma y refleja de una manera clara qué era militar en un frente de masas y dónde se ponía el eje:

Tendríamos que preguntarnos dos preguntas: ¿Qué es militar? ¿Qué es la militancia? La militancia no son las grandes cosas es lo que… cuando había tareas para desarrollar, la primera que lo hacía era la mujer. (…) Te voy a contar una experiencia como una anécdota, como una experiencia individual.  Teníamos una señora, la mamá de un compañero que estuvo preso, que el hijo salió y siguió visitando la cárcel -de una pobreza sin fin-. Hacía unas colectas para poder comprar la comida para que ella vaya a Coronda. Además, un día dijo: “¡Yo no puedo ir con estos pelos así de canas!” Entonces, las mujeres del barrio le compraban la tintura, que la peinaban, que la hermoseaban, que le compraban la tela y una le hacía un vestido. ¡Era un trabajo!… Y no era para ir a una fiesta. Todas sabían que era para ir a la cárcel. Entonces, ¿eso es militancia? Claro, que es militancia. Cuando había que llevar volantes a las fábricas los hombres no querían llevarlos, tenían miedo. A mí me quedó la imagen de una -Blanca- grandota, gorda y ella agarraba los volantes y se los ponía en las tetas y pasaba y volanteaba toda la fábrica. Y en una fábrica, el Swift, el lugar donde estaba comandado por Cabrera que era el sindicato de la carne, que era Malva Armada, o sea, que una mujer…. Evidentemente, si vos lo ves desde lo teórico, desde la comprensión que es el marxismo, de lo que es la lucha armada, desde lo que es el objetivo final, es otra cosa. Pero estamos hablando de esto. Siempre digo que me faltó tiempo para consolidar las tareas incipientes que estaban en la zona, en cada compañero, y nosotros apresuramos porque sabíamos que se venía la batahola.[29]

El testimonio de Marcela muestra, además de una cuestión genérica, que puede conectarse con testimonios ya citados, el tema de las redes de solidaridad entre mujeres.  Pareciera que entre ellas existió esa ayuda (recordar la maternidad y lactancia socializadas, sobre todo), algo más comunitario que se manifestará con toda su fuerza en la cárcel, sobre todo, para cumplir sus deberes/ derechos reproductivos. Mariana, militante cordobesa, hace referencia a lo mismo, pero en el contexto carcelario de Buen Pastor:

P: ¿Cómo se desarrollaba la vida en la cárcel? ¿Qué experiencias recordás?

R: Mirá, de la cárcel nos quedaron las mejores experiencias, pero lo más importante fue el NOSOTRAS. No existió más el YO. No existió más el yo. Si lo usas es para decir, “bueno en este caso a mí me pasó tal cosa, no sé si al resto”. Pero siempre, estás pensando y hablando colectivamente, porque nada era individual. Ellos trataban de que vos te movieras individualmente.[30]

En suma, las entrevistas muestran una absoluta entrega, abnegación y un ser para los otros que se practicó en la organización. Es decir, se ha puesto al servicio de un colectivo ese ideal femenino donde el sujeto político mujer se constituyó en ser para los demás y no en un ser para sí, en cuanto a lo político. En cuanto a lo genérico, se cree que ellas ensayaron nuevas maneras de posicionarse frente al poder con respecto a los varones, cuestionando el reparto de tareas y la ayuda con los hijos e hijas. Son reiterados los testimonios acerca de estos temas, como que había una política de combatir esas diferencias. De todos modos, se considera que esta experiencia las marcó en su militancia posterior como mujeres y como militantes políticas.

La memoria situada

Concluiremos este trabajo analizando cómo ellos recuerdan a sus compañeras de militancia y qué percepción tienen de las diferencias de géneros. Se notó que los varones no recuerdan diferencias de géneros. Es muy elocuente este recuerdo tan distinto. De todos modos, de los seis varones (ya que no se priorizaron esas voces), la mayoría estuvo en pareja con mujeres que no eran militantes o estuvieron muchos años presos. Son historias marcadas por la cárcel o el exilio. De todos modos, sus percepciones parecen interesantes para ver que, muchas veces, ellos no perciben las diferencias genéricas porque se encuentran naturalizadas, aunque hace mella en el mismo relato.

En el momento de describir a las mujeres, todos dijeron que eran hermosas. Nunca vieron a sus compañeras masculinas o que no eran femeninas. Vicente, quien militó en Córdoba y estuvo en pareja con una militante de la organización, la cual está desaparecida (en su momento, con un embarazo avanzado), relata algo que todos expresaron:

P: ¿Por qué te reís cuando te dije si perdieron la feminidad?

R: A mí siempre me parecieron hermosas. Y, además, esa misma solidez militante a nosotros nos hacía que fueran más hermosas. La hermosura no es una cosa exclusivamente física; es de mente, espíritu, de cuerpo, piel. De modo, imaginate más si a los que nada tenían que ver con la revolución les parecían hermosas. Imaginate a nosotros que éramos militantes. Nos parecían doblemente hermosas. Y, además, a mí me parece que eran muy femeninas. Tenían mirada femenina, tenían gesto femenino, tenían expresiones femeninas. Me parece que eran muy femeninas.[31]

El parámetro fundamental que utiliza el entrevistado para medir la atracción es la militancia. No debe olvidarse, que el factor de unión de estas parejas era fundamentalmente político. Esto ocasionó que muchas parejas se desarmaran en el exilio. Otro entrevistado, que desarrolló su militancia en Rosario, en el ERP, describe cómo era su tarea militante e incorporar a su compañera:

En mi caso, yo formé pareja con una compañera que no era de la organización, pero mi tarea era    incorporarla. La primera compañera que yo tuve falleció de muerte natural. Era hermana de una simpatizante, y yo la conocí en circunstancias en las que tendría que haber pasado a la clandestinidad.[32]

Otra cuestión que aparece generalizada en los relatos es cómo son descritas al hablar de sus cualidades militantes. Los parámetros son masculinos y, además, en el caso de estos dos varones que se desempeñaron en el ERP (relatos que están a continuación) son destacadas por su desempeño y su disciplinamiento:

R: Bueno y en eso sí. Había mujeres que asumían responsabilidades porque en el terreno de la propaganda o de la organización del trabajo social, sindical podían ser… Ahora también había mujeres que mostraban mucha destreza en lo que era la guerrilla urbana. Por eso, había muchas mujeres que mostraban destreza para eso. No era lo común.

P: La maternidad ¿podía ser un límite para la mujer?

R: Para nada.  Soy crítico en eso, pero no lo era.

P: ¿A qué te referís con que sos crítico?

R: Había compañeras que salían hacer operaciones de guerrilla urbana con   cuatro o cinco meses de embarazo. ¡Una locura![33]

La Negra era una gran compañera, o creo que la mejor compañera… que yo conocí: disciplinada y   pechadora. Digamos, era una mujer extraordinaria.[34]

Una hipótesis que se ha sostenido en un trabajo de nuestra autoría es la gran participación de mujeres en el ERP (ejército). Estos varones dan una razón de por qué para determinadas funciones era mejor una mujer que un varón. Hacen referencia a la utilización de los estereotipos de género como un factor sorpresa y que pasaba desapercibido:

P: ¿Qué pasaba con los chicos si la familia no se incorporaba a la actividad militante?

R: Los chicos nuestros. Nosotros éramos jóvenes. Los chicos eran bebés. Bebés o chicos muy chiquitos. Los cuidábamos entre todos. Planificábamos la actividad de acuerdo con lo que podíamos. Entonces, fijate, vos tenías un chiquito y vos tenías que ir a chequear (chequear era el relevamiento de una comisaría o de un objetivo). Entonces, había relevamiento que eran mejor las mujeres y es más hasta con los chicos. Iban, se sentaban ahí, le daban la teta. ¿Entendés? Ese tipo de actividades.

Ahora, si vos tenías que ir a un operativo militar, ahí la compañera… En algunas actividades, las compañeras hacían punta y en otras, no. Y eso no era por una cuestión de machismo sino por una cuestión práctica. Y era una sociedad machista. Entonces, vos tenías que aprovechar también eso operativamente.[35]

P: ¿Era usual usar el prototipo femenino para alguna operación?

R: Sí. Claro. Este tipo de utilizaciones eran normales. Era un recurso una mujer llevando un carrito de bebé y adentro del carrito de bebé podía llevar cualquier cosa. O llevar un poncho y debajo llevar un fusil o una ametralladora. O sea, el factor nuestro no era la destreza sino la sorpresa. Esta es la verdad. Entonces con sorpresa y audacia a veces lograbas cosas que otros tenían por formación en las fuerzas de seguridad y en las fuerzas armadas.[36]

Por último, en cuanto a la división de tareas, Matías, en su testimonio habla de un reparto en el cuidado de los hijos por temas operativos (anteriormente citado). Vicente habla de sus tareas hogareñas con su compañera con la cual compartía el frente y no tenían grandes diferencias de responsabilidades:

P: ¿Quiénes se encargaban del cuidado de los hijos?

R: El tema del cuidado de los chicos, era del equipo.

P: ¿Le podía caer a un varón?

R: Más vale. Si la compañera debía salir a militar, entonces quien se queda…. Justamente, la reunión de equipo era por los horarios. Bueno, vos trabajás a la mañana, te quedás a la tarde y así. ¿Y qué tenés que hacer a la tarde? Bueno, comprás la comida y cuidarlo al chico. Bueno, por eso te digo, nosotros hicimos un esfuerzo para romper con el patriarcalismo.

P: ¿Eso no generaba sospechas en el resto de la población, de repente el varón yendo al supermercado pleno 70 (ahora ya es normal) con el chico?

R: Sí, porque a veces… a mí me miraban medio raro porque, a veces, lavaba la ropa. En un momento, vivíamos en una cobachita, porque andábamos mal de plata. De eso, donde vos entrás por un costado y había un departamento acá, otro acá y otro acá. Era muy humilde y estaba al fondo, compartido. Yo me acuerdo de que era medio raro que yo lavaba la ropa. Claro porque ahí lavaban las mujeres. Bueno, esas cosas siempre se dan. Hasta el día de hoy se dan (risas).[37]

Se citaron testimonios pertenecientes a la segunda muestra solamente. De los mismos se desprenden algunas conclusiones preliminares. La femineidad y el erotismo estaban homologados con el compromiso militante.  A diferencia de Peller, que en su investigación dice que son resaltadas como madres o mujeres en la prensa del partido, ellos, en sus testimonios orales, les colocan calificativos masculinos (disciplinada, pechadora, comprometida). Sus testimonios desdibujan la diferencia sexual. No es percibida por ellos. Las inequidades en el ámbito privado parece que fueron sorteadas de una manera equitativa. Cabe recordar que sus compañeras no eran militantes o si lo eran, no había grandes diferencias de responsabilidades. Sin embargo, ninguno hizo referencia a por qué había tan pocas mujeres en los cargos de dirección y de mando. Sólo un varón de la primera muestra admitió la desproporción. Para finalizar, al preguntársele por Susana Gaggero (una de las pocas mujeres que llegó a cargos dirección y fue recordada por la mayoría), todos comentaron que era hermosa. Ninguno resaltó sus cualidades políticas, salvo un varón que estuvo bajo su cargo en un operativo. Por lo tanto, la memoria se ve atravesada por el género en esta construcción del pasado. Ellos no vivieron las diferencias de género, por tal motivo, no les dan significación en su recuerdo. La memoria sería situada. En cambio, ellas hablan desde la subalternidad. Ellos homologan su recuerdo con las normas de la organización (de carácter masculino). Al ser varones, no les generó contradicción la práctica. Es más, la recuerdan con alegría y como una experiencia fuerte en sus vidas. Ellas sienten que las marcó. Su memoria aparece teñida de algunas contradicciones, pero que les sirvió, ya que constituyó una experiencia resiliente de la cual aprendieron mucho.  A su vez, todas hacen referencia que a pesar de las diferencias genéricas contundentes vividas con respecto a sus compañeros varones en esos momentos, el PRT-ERP estaba un paso más adelante que el resto de la sociedad en cuanto a la relación entre los sexos.

 

A modo de cierre

El presente análisis puede cometer el riesgo de pasar por alto variaciones regionales y locales de la militancia dentro del PRT-ERP. Sin embargo, las muestras de entrevistas reflejan las tensiones trabajadas de manera permanente. En consecuencia, el objetivo fue focalizar en la experiencia subjetiva y su resignificación desde el presente.

El trabajo se estructuró en torno al cuerpo femenino y cómo se representaba el género: qué comportamientos o representaciones adoptaron las mujeres militantes del PRT-ERP. La persona corporizada adquiere regímenes de corporalidad ligados a estereotipos sociales y sexuales. Se pudo apreciar que estos estándares no son fijos ni estáticos, sino que se encuentran en permanente devenir y que en épocas de conflictividad social pueden sufrir desplazamientos como en los años estudiados.

El control social de la corporalidad y la sexualidad constituye una de las aristas de esa militancia, pero no la predominante en este trabajo. Al analizar las representaciones corporales de esa militancia y cómo ellas las habían resignificado desde el presente, se pudo observar que estas experiencias militantes fueron disruptivas rompiendo con el arquetipo femenino de los discursos genéricos hegemónicos para los setenta. Micro resistencias de comportamientos autónomos moleculares que cuestionaron las estructuras molares del capital cultural simbólico de ese momento. Esto mostró que, en aquellos años, se generaron representaciones femeninas alternativas que cuestionaron las posiciones de poder vigente. Las mujeres del PRT-ERP podrían contarse entre esas representaciones de lo femenino que hicieron su aparición en los años 60 y 70, apartándose de la feminidad como institución socio-política bajo parámetros patriarcales.

Otro tema que surgió de los testimonios fue que las mujeres tenían distintas representaciones de lo que era el poder y la militancia. Estas afirmaciones reflejan que, si bien existió una subrepresentación de estas en las instancias de poder, generaron mecanismos informales de participación. Se considera que estas conceptualizaciones también estuvieron ligadas a que los objetivos perseguidos en sus militancias no estaban en consonancia con la emancipación femenina ni la igualdad de género. Sus decisiones más prácticas y de “poner el cuerpo” a lo cotidiano las llevó a adoptar imperceptibles cambios que desestructuraron los roles de género tradicionales sin ni siquiera pensarlo.

Los relatos mencionan vivencias de personas concretas y reales, que hablan de sentimientos colectivos e individuales y de sus tensiones. El poner todas estas voces en diálogo permitió descifrar la conciencia militante. La llave fue indagar en la cotidianeidad y la socialización en las distintas esferas (privado/pública). Otro aspecto que se desprendió fue el tema de la transmisión de la experiencia. Las variantes de clase, de espacios de desempeño, de regional y de género atravesaron ese recuerdo. El género se transformó en un elemento constituyente del recuerdo ya que se pudo ver que la subalternidad marca a los mismos y cómo se interpretaba lo sucedido y la historia que se iba construyendo de esos años. Ellas reconstruyeron esos años desde una agencia femenina que vive desplazamientos importantes en estos tiempos, la cual las interpela y las lleva a cuestionar ese pasado y resignificarlo. Por lo tanto, los relatos muestran cómo ellas y ellos sienten que deconstruyeron los discursos recibidos en ese momento histórico desde un presente que los interpela con cambios que hacen que resignifiquen lo vivido, dejando en evidencia la movilidad de la memoria.

Para finalizar, se piensa que estas militancias estuvieron atravesadas por tensiones y contradicciones propias de un momento histórico marcado por el vilo de la posible revolución. No se debe desestimar estas paradojas porque es allí donde se encuentra el potencial subversivo de estas experiencias[38].  Nuestro rol como historiadoras ancladas en el presente, expuestas a nuevos interrogantes y a las transformaciones que vive la sociedad, lleva a hacer una relectura necesaria de esta experiencia pasada, bajo la lupa de un presente vertiginoso y en constante cambio.

*****

Paola Martínez es profesora de Historia por el Instituto Superior del Profesorado, Joaquín V. González. Licenciada en Historia por la Universidad Nacional de Luján. Cursó y está por defender su tesis en la Maestría en Estudios Interdisciplinarios de la Subjetividad de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA). Integró equipos universitarios sobre historias de mujeres y participación política. Es autora de Género, política y revolución en los años ´70: mujeres del PRT-ERP.

 

[1] Aspectos abordados en la siguiente tesis, presentada este año: “Modos de subjetivación femenina en la guerrilla de los años 70 y sus consecuencias”. Universidad de Buenos Aires. Facultad de Filosofía y Letras.

[2] El PRT, producto de la unión de Palabra Obrera y el Frente Revolucionario Indoamericano Popular (FRIP), hizo su aparición el 25 de mayo de 1965. La primera de ellas era una organización trotskista con desarrollo en Buenos Aires, Córdoba, Bahía Blanca, Tucumán y Rosario, dirigida por Nahuel Moreno; la segunda era un movimiento político con arraigo en el norte de la Argentina (Santiago del Estero, Tucumán, Chaco y Salta) dirigido por Mario Roberto Santucho, que tomaba como base primordial de la revolución al proletariado rural, especialmente el proletariado azucarero (Mattini, 1996: 30-31). Ambas organizaciones formaron un frente único en 1963 (FRIP-Palabra Obrera), donde los principales lineamientos eran «la adopción del marxismo como doctrina y la labor para la formación de un Partido Revolucionario Obrero que encare una estrategia armada de poder» (Mattini, 1996: 30-37). En el primer congreso de este frente único se formó el PRT. Hacia 1968, con la caída del Che Guevara en Bolivia, la cuestión de la lucha armada y la necesidad de llevarla a la práctica dividió al partido en dos: el PRT (Los Combatientes), de los hermanos Santucho, y el PRT (La Verdad), dirigido por Nahuel Moreno. Los últimos días de junio de 1970 se organizará el V Congreso del PRT por la regional Rosario en las islas Lechiguanas en la zona norte del Delta del Paraná allí se aprobará la fundación del ERP y su bandera, a partir de ese momento se lanzará el partido al combate, luego de largas discusiones. Texto armado en base a: Mattini, Luis, (1990) Hombres y mujeres del PRT-ERP, Buenos Aires: Contrapunto pp. 30- 37.

[3] Gattaz, A., (1999), “La búsqueda de la identidad en las historias de vida” Secuencia, 43, Inst. Luis María Mora, p. 2

[4]  Aceves Lozano, J., (2012), “Historia oral, memoria biográfica y comunicación. De la ruta descriptiva a la grafía analítica reflexiva,” Oral HistoryForumd’histoireorale 32, Edición Especial/SpecialIssue “Historia Oral en América Latina, p. 10.

[5] Deleuze, Gilles, (2008), Foucault, Buenos Aires: Paidós, p. 87.

[6]  Véase el siguiente artículo que adopta estas concepciones con respecto al cuerpo: Tola, Florencia, (2008) “Constitución del cuerpo femenino entre los tobas (qom) del este formoseño”, en Hirsch, Silvia, Mujeres indígenas en la Argentina. Cuerpo, trabajo y poder, Buenos Aires: Biblos, pp. 59-78.

[7] Rivera, Cusicanqui, Silvia (2018), Un mundo ch´ixi es posible. Ensayos desde un presente en crisis, Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Tinta Limón., p.  124

[8]Cosse, Isabella (2014) “Militancia, sexualidad y erotismo en la izquierda armada de los años 70.” En Barrancos, Dora, Guy, Donna, Valobra, Adriana, Moralidades y comportamientos sexuales. Argentina 1880- 2011, Buenos Aires: Biblos p. 294

[9] Este tema generó mucha tensión, ya que depende de la responsabilidad de los miembros de la pareja revolucionaria. Esta conclusión se desprende de los testimonios

[10] Vale aclarar que los testimonios quiebran esta imagen homogénea, incluso los relatos testimoniales hacen referencia a relaciones prematrimoniales y formar pareja con compañeros de la organización en un corto periodo de tiempo. Todos coinciden que se sancionaba la infidelidad.

[11] Braidotti, Rosi, (2004), Feminismo, diferencia sexual y subjetividad nómade, Barcelona: Gedisa.

[12] Butler., Judith (2008), Cuerpos que importan, Buenos Aires: Paídos.

 

[13] Berger, Anne- Emmanuelle, (2016) El gran teatro del género. Identidades, sexualidades y feminismos. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Mar Dulce, p. 85

[14] Goffman, Erving (2017) La presentación de la persona en la vida cotidiana, Buenos Aires: Amorrortu, p. 72.

[15] Pozzi, Pablo, (1996), “Los Perros. La cultura guerrillera del PRT-ERP”, Taller. Revista de Sociedad, Cultura y Política, Vol. 1, n 2, nov., pp.  101-124. También Luis Mattini hace referencia al tema de la masculinización del cuerpo femenino en Los Perros 2….

[16] Peller, Mariela, (2013), Vida cotidiana, familia y revolución. La militancia en el PRTERP en la Argentina de los años 60 y 70, (Tesis inédita de doctorado) Universidad de Buenos Aires. Facultad de Ciencias Sociales. p. 103.

[17] Ibídem.

[18] Entrevista realizada por la autora, Mariana, 24/11/2012 El resaltado nos pertenece.

[19] Véase los siguientes trabajos que también hacen referencia a que era difícil acceder a este tipo de militancias: Augier, Pola, (2006) Los jardines del Cielo. Experiencias de una guerrillera, Buenos Aires: Sudestada; Trebisacce Catalina, (2010), “Modernización y experiencia feminista de los años setenta en la Argentina”, Andújar, Andrea (et/al), Hilvanando historias. Mujeres y política en el pasado reciente latinoamericano, pp..63-82

[20] Entrevista realizada por la autora, Helena, 24/11/2012

[21] Entrevista realizada por la autora, Helena, 24/11/2012. El resaltado nos pertenece.

[22] Le Breton, David, (2006), Antropología del cuerpo y modernidad, Buenos Aires: Nueva Visión, pp.171- 172.

[23] Entrevista realizada por la autora, Leonor, (04 /12/2010)

[24] Entrevista realizada por la autora, Marisa, (26/3/2017).

[25] Touraine Alain, (2007), El mundo de las mujeres, Barcelona: Paidós.

[26]Butler, Butler, Judith, (1990), “Variaciones sobre sexo y género, Beauvoir, Witting y Foucault”, en Benhabib, S.,Cornell, D., Teoría feminista y teoría crítica, Valencia: Ediciones Alfons el Magnanim, p.195

[27] Tema ya trabajado, Martínez, Paola (2009) Género, política y revolución en los años 70. Las mujeres del PRT-ERP. 1 edición. Buenos Aires: Imago Mundi. Martínez, Paola (2015) Género, política y revolución en los años 70. Mujeres del PRT-ERP. 2 edición. Buenos Aires: Maipue.

[28] Entrevista realizada por la autora, Ana, (30/11/2006). El resaltado nos pertenece

[29] Entrevista realizada por la autora, Marcela, (11/01/2007)

[30] Entrevista realizada por la autora, Mariana, (24/11/2012)

[31] Entrevista realizada por la autora, Vicente, (23/11/2012).

[32] Entrevista realizada por la autora, Matías, (24/9/2011)

[33] Entrevista realizada por la autora, Luis, (21/11/2016)

[34]Entrevista realizada por la autora, Matías, (24/9/2011)

[35] Entrevista realizada por la autora, Matías, (24/9/2011)

[36] Entrevista realizada por la autora, Luis, (21/11/2016)

[37] Entrevista realizada por la autora, Vicente, (23/11/2012).

[38] La historiadora Joan Scott, explica el potencial subversivo de las paradojas dentro del feminismo. Situación que parece pertinente para valorar el potencial de cómo se agenciaron estas mujeres militantes. Véase: Scott, Joan Wallach, (2012), Las mujeres y los derechos del hombre. Feminismo y sufragio en Francia, 1789-1944, Buenos Aires: Siglo XXI.

 

Bibliografía

Aceves Lozano, J., (2012), “Historia oral, memoria biográfica y comunicación. De la ruta descriptiva a la grafía analítica reflexiva,” Oral HistoryForumd’histoireorale 32, Edición Especial/SpecialIssue “Historia Oral en América Latina.

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Butler, Judith, (1990), “Variaciones sobre sexo y género, Beauvoir, Witting y Foucault”, en Benhabib, S.,Cornell, D., Teoría feminista y teoría crítica, Valencia: Ediciones Alfons el Magnanim, págs. 193-211.

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